Hoy en día podemos encontrar información buena o mala sobre casi cualquier cosa. La gran mayoría es superficial, como los “10 tips” para lograr casi cualquier cosa. Mucha no es generada por expertos sino recopilada por redactores. Aunque no por ello deja de tener utilidad. 

De hecho, si la gente siguiera esas listas de consejos que se dan “por encimita”, lograría cambios significativos en su vida. 

Eso me ha puesto a pensar. ¿Por qué si hay tanta información, la gente sigue en la misma situación?. Por ejemplo, hay miles de libros, artículos y videos sobre cómo bajar de peso y tener una vida sana. A pesar de ello la gente está más obesa que nunca. Hay cientos de recursos sobre cómo poner un negocio propio y sin embargo la mayoría de las personas nunca lo intenta. También hay muchísimos recursos sobre cómo manejar nuestro dinero o salir de deudas y sin embargo la gente cada día está más endeudada. 

El mundo tiene demasiada información. Todos hemos leído blogs, escuchado podcasts o visto videos que contienen datos que pueden ayudarnos. Pero pocos la utilizan. 

Hace pocas semanas escribí aquí una serie de columnas: “Todos podemos invertir con sólo 100 pesos o menos”. Se ve que generó mucho interés, porque recibí un volumen de correos muy por encima del promedio. 

Sin embargo, la mayoría era para preguntarme: “¿Dónde puedo invertir con 100 pesos?”. En cada uno de los artículos expliqué exactamente y di ejemplos, con nombre y apellido, de instituciones en las que se pueden abrir cuentas a partir de ese monto. Me quedó clarísimo que mucha gente ni siquiera había leído la información que venía dentro de cada columna. 

La gente consume información, pero hace absolutamente nada con ella. Lo hace además sin criterio ni distinción de lo que es útil y lo que no. Por eso son muy pocos los que logran resultados. 

Ayer mismo en Twitter una persona se quejaba de las altas comisiones que cobran los bancos. Le contesté que yo no he pagado una comisión bancaria en años. Añadí: cada vez hay más opciones, pero también hay que saber buscarlas. Además: varias instituciones tienen políticas y promociones que podemos utilizar a nuestro favor. Y si éstas cambian, nosotros podemos cambiar también. 

Otra de las cosas de las que me he dado cuenta a lo largo de los años es que las personas se enfocan en obtener información, pero no en su objetivo final: en lo que ellos quieren lograr con esa información.

Entonces, por ejemplo, hay personas que leen todo lo que hay que saber sobre instrumentos de deuda o de capitales, pero no saben qué hacer con esa información. No tienen claros cuáles son sus propios objetivos de inversión ni cuál es su tolerancia al riesgo.

El conocimiento es poder, sin duda. Tener información es bueno, pero también hay que saber utilizar esa información y cómo aplicarla a nuestra situación particular, para resolver o para alcanzar el objetivo que estamos buscando.  Si perdemos ese enfoque, entonces, tener demasiada información puede ser hasta contraproducente: tantos datos nos confunden, eso nos puede llevar a la frustración o a la inacción.

Entonces: hoy tienes información. Si no la tienes, la puedes encontrar muy fácilmente. Lo que importa es lo que puedes hacer con ella. Ese es el verdadero poder.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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