Uno de los más frecuentes lugares comunes habla del progreso del norte del país contra la pasividad del sur y la dependencia del centro, que espera a que los demás trabajen. Es cierto que el norte de la República tiene mayor capacidad instalada e infraestructura. También es un hecho que las mayores tasas de pobreza y subdesarrollo están en el sur; asimismo es correcto que el país sigue sumido en un modelo centralista donde el Distrito Federal concentra los poderes.

Pero hay factores, como la inseguridad, que están cambiando la forma de distribuir el crecimiento.

Un documento muy valioso que recientemente publicó el Banco de México (Banxico) es el Reporte Sobre Economías Regionales , correspondiente al primer trimestre del año, donde la fotografía nacional se descompone en cuatro grandes regiones y permite un acercamiento a temas tan importantes como el impacto de la violencia en el desarrollo económico.

Lo primero que desmiente el documento del banco central es el no pasa nada de algunos funcionarios, que en afán de presentar un país con pocos problemas aseguran que la inseguridad es un asunto bien focalizado, cuando todo el país enfrenta esa preocupación.

En este momento, la recuperación económica desacelerada se ha recargado con fuerza en el sector exportador; esta actividad manufacturera tiene asiento principalmente en el norte y centro-norte del país. Se nota en los números.

En muchos otros indicadores hay una clara ventaja regional del norte sobre el sur; sin embargo, hay una en donde la derrota es, sin duda, para los estados norteños muy por arriba de los sureños. Ése es el terreno de la inseguridad.

Este análisis del Banxico está hecho con base en encuestas y entrevistas entre los agentes económicos:

empresarios, comerciantes, etcétera. Si bien es un asunto de percepción, también las decisiones económicas están influidas por estos sentimientos.

El número es contundente: 68.1% de los empresarios del norte del país consultados asegura que la inseguridad ha afectado en algún grado sus negocios. No muy lejos de esta respuesta están los estados del centro-norte del país, donde 66.6% de los empresarios ha sido golpeado por la inseguridad en sus actividades.

Sin nada que presumir, pero sin duda en una condición menos grave, están los encuestados del centro del país, en donde el grado de incidencia del crimen en los negocios alcanza 61 por ciento.

Mientras que en el sur del país esta respuesta baja hasta 47.6%, lo que puesto en términos positivos implica que 52% de los empresarios del sur de la República no ha sufrido ninguna afectación del crimen en su actividad.

Entre los analistas del sector privado que consulta el propio Banxico la preocupación número uno actualmente es la inseguridad. No son pocos los analistas extranjeros que apuntan este problema como un asunto grave.

Cuando se acercan los tiempos electorales, la pregunta es: ¿en qué se fija más el electorado, en los temas de inseguridad o de la economía?

Las evidencias apuntan a que el gran tema de preocupación nacional será la convergencia de los dos.

La primera piedra

Los republicanos le están haciendo manita de puerco al gobierno demócrata de Barack Obama, pero con un arma peligrosa: el límite de la deuda pública.

En esta discusión, los dos bandos tienen la razón. Desde la Casa Blanca aseguran que si no se amplía el techo de la deuda y Estados Unidos cae en algún incumplimiento de pago habría consecuencias serias para las fianzas de ese país. Es absolutamente cierto.

No obstante, los republicanos -mayoría en el Congreso- aseveran al presidente Obama y a su equipo económico que el simple aumento del permiso para endeudarse no resuelve los problemas fiscales de su país, que se necesitan medidas más drásticas para bajar las cuentas negativas. También es absolutamente cierto.

El problema es que ya con la crisis a la vuelta de la esquina habría que priorizar entre lo urgente y lo importante.

Cuando salen tanto el presidente Barack Obama como el presidente de la Fed, Ben Bernanke, a advertir el peligro de no resolver este tema, claro que están haciendo política.

Sin embargo, también están advirtiendo lo que se ve con claridad: el deterioro de la confianza en su país implica un golpe muy duro para la recuperación económica.