Las amenazas de la pandemia plantean la necesidad de reforzar a las instituciones internacionales. Somos 8,000 millones de humanos que estamos en el mismo barco.

En medio de las crisis que el mundo vive, el economista Dani Rodrik, profesor de economía política de la Universidad de Harvard, despeja un poco la bruma de las especulaciones, dudas y miedos y dice: ”El neoliberalismo continuará su muerte lenta, los autócratas populistas se volverán aún más autoritarios. La hiperglobalización permanecerá a la defensiva a medida que los estados nacionales reclamen su espacio político. China y EU continuarán su curso en ruta de colisión. Y la batalla dentro de los estados nación entre oligarcas, populistas autoritarios e internacionalistas liberales se intensificará”. Paralelamente, el socialismo ha perdido fuerza como fuente de convicciones éticas y políticas.

La anterior caracterización continuará. Con dos ingredientes poderosos, el estancamiento económico y el Covid-19. Tenía razón Emil Cioran cuando dijo:”Todo lo que no es salud, es un estado de terror”.

Dependiendo de sus recursos, imaginación y generosidad, los países enfrentan la pandemia. Asimismo, se revelan sus características políticas dominantes.

Hay países que sobresalen porque casi han controlado la pandemia. Un caso es Nueva Zelanda, que apenas tuvo un muerto, cerró inmediatamente sus fronteras e hizo las pruebas necesarias. Otros como Corea del Sur, Singapur y Hong Kong la están reduciendo con base en una disciplina de combinar pruebas, rastreo y cuarentena. Otros con jefes de Estado autoritarios han minimizado los riesgos. Ellos se han acostumbrado al chantaje emocional, creen estar seguros de todo lo que dicen y una pequeña dosis de duda les sería más que saludable.

Viktor Orban, presidente de Hungría, no se midió al disolver el parlamento para otorgarse poderes sin límite, mientras que Angela Merkel, canciller de Alemania, demostró contundencia en las medidas económicas y sanitarias. Reconoció que se viven los peores tiempos desde la Segunda Guerra Mundial. En esta tesitura están los jefes de Estado de China y Japón.

En EU, hay un proyecto de apoyo a la población a iniciativa del Partido Demócrata, pero bloqueado por los republicanos. Mientras tanto, infectados y muertos aumentan con velocidad impresionante.

En México, con grandes limitaciones por la carencia de médicos, especialistas, enfermeras y equipos materiales de apoyo, se atiende lo que se puede y la población toma las medidas de precaución.

Segun la Organización Mundial de la Salud, nuestro país se ubica en la posición 61 de un total de 191 países, en el desempeño del sistema de salud, reflejándose en una cobertura médica insuficiente y una atención de baja calidad. Se estima que el sistema de salud pública deja sin atención a 40% de la población. El propio sector salud estima que de una escala de 0 a 100 la calidad es de 68 para hospitales y de 52 para los centros de atención ambulatoria.

Las amenazas de la pandemia plantean la necesidad de reforzar a las instituciones internacionales, particularmente la OMS y la ONU. No podemos olvidar que somos 8,000 millones de humanos que estamos en el mismo barco.

Gobierno mundial y solidaridad. El primero se obtendría si el G20 no fuera únicamente un desfile de personalidades que dan un discurso lleno de lugares comunes y se retiran. Lo segundo sí es posible. Para eso están los organismos internacionales que realizan el operativo de la investigación científica y la definición de los protocolos sanitarios.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.