No se sabe cuándo apareció el primer humano blanco de la historia. Antes de dejar la cuna del continente africano, todos eran oscuros por haber evolucionado hacia la calidad de mono desnudo con abundancia de glándulas sudoríparas y recibir en la pradera inmisericorde resolana. Seguramente hubo personas albinas —carentes de melanina—, pero como en todos los casos de mamíferos y otros vertebrados con esa homocigosis recesiva, esta característica no era viable para formar grupos.

Salieron de África por el mar Rojo hacia Arabia para enfrentar los inviernos y obligadamente inventar la aguja de coser y la ropa. Ahorrando melanina, la piel se fue aclarando. Algunas poblaciones conservaron abundancia de vello corporal, mantuvieron cabellera oscura, el pelo se hizo liso para conservar calor, la barba y los mechones en las “esquinas” protegieron ganglios, ojos y apreciadas glándulas.

Continentes, océanos y desiertos separaron a los grandes grupos, surgió el chauvinismo de “somos los mejores” haciendo que, con los descubrimientos y la revolución industrial, los de adelante corrieran mucho y los demás se retrasaran.

Se inventó la discriminación y se institucionalizó el esclavismo. Cuando surgió el deporte moderno, fue un privilegio para los poseedores de tiempo libre. El futbol surgió en los colegios y universidades británicas, y sus practicantes eran pocos. Pero diversión es ganancia y los negocios son negocios, repentinamente, los dominados y sometidos al trabajo resultaron muy aptos para el juego y el deporte, aunque se les discriminó, poco a poco han ido dominando las especialidades más diversas.

En el futbol fue transgresor Uruguay desde los años 20, el país oriental con Isabelino Grandín y Juan Delgado y sobre todo con Obdulio Varela, el verdugo del Maracanazo en 1950. En 1938, la Selección de Francia tuvo a su primer jugador pigmentado Raoul Diagne. Ese mismo año causó sensación Leônidas da Silva de Brasil, primer ícono anunciante de chocolates y de ahí en adelante Didí, Vavá, Garrincha, Pelé, Ronaldo hasta llegar a Neymar. En 1938, el equipo peruano, apodado el Rodillo Negro fue discriminado por los árbitros ante los austriacos hitlerianos. Después llegarían colombianos, portugueses (Eusébio, la Pantera Negra) y de manera casi obligada Panamá, Costa Rica. Ahora se oscurecen alemanes, belgas, suecos y daneses. Casi la mitad de los ingleses es fruto de dominados de la Commonwealth. México tiene a los hermanos Dos Santos, más reconocidos por fiesteros, rara vez por su epidermis.

Por economía se mantienen homogéneamente blancas las selecciones de Islandia, Croacia, Suiza, Polonia, Serbia, Rusia y Australia, pues sus campeonatos de liga no generan suficientes ingresos para pagar estrellas tropicales. Corea del Sur y Japón tienen suficiente población autóctona y no contratan ni nacionalizan extranjeros. Irán es un país alejado de las migraciones. Los países islámicos han sido históricamente permeables a los llegados de todas partes. De sauditas, marroquíes, tunecinos y egipcios, “caras vemos, cromosomas no sabemos”.

Existen genetistas que sospechan que Lionel Messi tiene antecedentes africanos que ignora y que sólo aparecen cuando gambetea. Es una hipótesis.