Tres diferentes notas a principios de esta semana hacen clara alusión al impresionante crecimiento que el consumo de contenido digital ha tenido y sigue teniendo entre los mexicanos. Con mas de 82 millones de personas que se conectan a Internet de manera diaria, el consumo de contenido ha crecido de manera exponencial en los últimos años.

Esto sin lugar a dudas ha generado una maravillosa oportunidad de negocio para empresas productoras de contenido de alta calidad y para estudios cinematográficos. Sin embargo, dada la alta demanda, también es cierto que una buena parte de la oferta en contenido deja mucho que desear, particularmente cuando hablamos de plataformas de distribución menos reglamentadas o cuya naturaleza permite a cualquier usuario cargar contenido sin importar la procedencia o la calidad del mismo.

Hace algunas semanas se comentaba en esta columna sobre la importancia de abrir la discusión con respecto a la posible implementación de el cobro de IVA a los servicios de streaming. Si bien este argumento es debatible desde algunas perspectivas, el cobro de impuestos probablemente pueda funcionar como una herramienta que permita tener mayor control sobre la calidad y la diversidad de contenido que se publique en el universo digital. Sin embargo, otro tipo de regulaciones y leyes de índole social, educativo, de impacto psicológico y sociológico también son necesarias para poder mejorar la oferta de contenido a la población.

La cantidad de contenido que estamos consumiendo como sociedad ha llegado a niveles nunca imaginados. El acceso a este contenido también es ya bastante fácil para una gran parte de la población y los riesgos de esta accesibilidad son tema de debates en la Unión Europea y otros países del mundo. Incluso, en algunos, la prohibición de ciertas plataformas o tipos de contenido como en los países árabes o China es implementada para proteger ciertos intereses sociales.

Una nota en el diario Milenio el pasado lunes habla sobre el crecimiento e impacto que la plataforma YouTube ha tenido en nuestro país. Según la nota que cita como fuente a Ipsos, YouTube es utilizada por 92% de la población que tiene acceso a Internet. Esto convierte a YouTube en una de las plataformas preferidas de los internautas mexicanos. Por otra parte, en México contamos con una gran oferta de OTTs y de canales de televisión abierta y de paga, los cuales también se disputan la preferencia de audiencias ávidas de contenido y entretenimiento.

Un factor que probablemente también comencemos a experimentar es que gran parte del contenido ofrecido tenga tiempos de caducidad breves e incluso se convierta en contenido chatarra a los pocos días de ser lanzado, a diferencia del pasado, hoy en día podemos ver una serie de ocho o 10 episodios en un fin de semana y nunca más volver a acordarnos de ella. Esto de alguna forma también repercutirá en los flujos de ingresos de las productoras, quienes se verán con enormes inventarios de contenido que ha caducado y dejar de ser lucrativo.

Lo que probablemente sigamos viendo es un continuado esfuerzo por parte de los productores de encontrar distintas maneras de enganchar a las audiencias para generar lealtad e interés por ciertos temas, a pesar de que cada día nos convertimos en una sociedad con menor capacidad de retención.

Hablando de lo mismo....

Una serie que ha pegado con tubo este mes es Monarca, producida para Netflix por los hermanos Billy y Fernando Rovzar, así como la dupla de Pepe Taméz y Salma Hayek entre otros.

En ella, un retrato bastante apegado a la realidad de la corrupción, la complicidad y la avaricia entre empresarios y políticos se confunde entre realidad y novela.

Si tiene tiempo este fin de semana y estómago para el suspenso, la incredulidad y el cinismo, no se la pierda.

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Antonio Aja

Columnista

Showbiz