El ISSSTE está en quiebra, pero su quebranto además de económico es de esencia. Dejar atrás sus problemas económicos se puede lograr con dinero, quién sabe si sus fondos o el gobierno federal lo tengan en suficiencia. Lo que tomará mucho más tiempo será recomponer la razón por la que fue creado: dotar de servicios asistenciales y sociales a los trabajadores del Estado.

Se necesitan 19,000 millones antes de julio, dicen directivos, 100,000 millones, señala el sindicato. La realidad es que en el ISSSTE falta de todo y sólo se sostiene por la calidad humana de su personal, sobre todo los médicos que mantienen firme su compromiso con los pacientes, pero que a diario se ven desbordados por la demanda y por las carencias de insumos, instalaciones, recursos humanos, entre otros. Sí, puede haber más...

Me lo decía un familiar: en el ISSSTE no existe el valor de la vida. “Una cosa es que no haya recursos y otra muy diferente es ahogarse en los trámites administrativos que le roban la vida a una persona incapacitada”.

Parece haber coincidencia. La atención médica es extraordinaria, las decisiones, la atención y los diagnósticos de los médicos son de primer nivel, pero para llegar a ellos se debe pasar un calvario, a veces 24 horas afuera del hospital, casi en la calle. En urgencias hay gente en condiciones graves, soportando su dolor sentados en incómodas bancas porque en el ISSSTE todo es saturación.

Una persona recién amputada está sentada en un sofá y la pierna operada está recargada en un huacal.

Los medicamentos son historia aparte, porque si no los tienen te dicen que no los necesitas o te dan otros menos efectivos. (Los médicos tienen pánico a las demandas), cuando la gente tiene recursos los compra, pero es la minoría.

Otro caso real, una persona que estuvo dos meses en terapia intensiva salió del hospital. Para el seguimiento debe de ser atendida por un especialista después de una serie de estudios fuera del internamiento, siempre y cuando se el hayan practicado dichos estudios, que se deben solicitar en otro hospital del instituto. Ese hospital puede tardar hasta un mes en responder. Si la respuesta es negativa  como sucede con frecuencia, debe ser subrogado, y para que se autorice el subrogado hay un retraso de dos meses. Una vez que se entreguen los resultados podrá pedir la cita con el especialista, quien puede tardar hasta dos meses en otorgarla dependiendo de la carga de trabajo.

Hay que decir que las incapacidades se limitan a 20 días en las clínicas familiares sin importar las condiciones del paciente. Si requiere más incapacidad la tiene que otorgar el especialista, y ya mencioné que esto podría tardar meses. Por lo tanto, el trabajador deberá reportarse a sus actividades si no quiere ser dado de baja, aun cuando dependa del oxígeno las 24 horas del día. Aquí la pregunta es: ¿cómo puede un paciente presentarse a dar clases en esas condiciones? El traslado a la escuela tendría que ser en ambulancia y contar con un tanque de oxígeno en el colegio.

Una persona con 10 años de antigüedad tiene derecho a 60 días de incapacidad con sueldo íntegro y 60 días con medio sueldo, posteriormente tiene que tramitar su incapacidad laboral definitiva, que es otro calvario. Para entonces muchos pacientes ya se murieron.

Es obvio recordar que muchos de los derechohabientes del ISSSTE son empleados y trabajadores que han laborado por muchos años en el sector público, cumplieron con sus cuotas adquirieron derechos. Por lo tanto deben recibir una atención digna.

La reestructuración del sector salud es un galimatías, la Secretaría de Salud apunta hacia un lado, el Seguro Social ya se ve absorbiendo al ISSSTE a pesar de que está en condiciones semejantes. El presidente Andrés Manuel López Obrador se comprometió a que en tres años México tendrá un servicio médico al nivel de los países escandinavos. Me temo que no. No hay ni dinero ni tiempo.

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Juan MaríaNaveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.