Recuerdo haber leído y oído en más de una ocasión una frase atribuida al legendario periodista tabasqueño al que connotados jefes le decían El Jefe, don José Pagés Llergo: La tecnocracia capitalista ha logrado el milagro de fabricar chocolates sin cacao, leche sin nata, café sin cafeína, cigarros sin tabaco y periodismo sin periodistas .

Me acordé de la frase el pasado jueves cuando mi mujer -además de las muchas responsabilidades familiares y domésticas a su cargo, también supervisa el grado de aceptación o de rechazo que tiene, las visitas que recibe y los comentarios que provoca esta columna en su publicación en Internet- me comentó la opinión de un lector, vertida de manera anónima lo cual, en mi opinión, le quita categoría al opinante mas no le suprime un gramo de sustancia a la crítica que manifiesta en su comentario.

Sobre mi colaboración titulada El Lazca: se busca cadáver en buen estado , escribió, de manera textual, el incógnito lector el pasado día 11 a la 1:08 de la mañana: Esto es periodismo??? Un (sic) falta absoluta de ética periodística. Es el peor artículo que jamás El Economista haya publicado .

No sé cuántos años, meses, semanas o días lleve el oculto crítico leyendo con constancia El Economista para emitir una opinión tan totalizadora - artículo que jamás haya publicado ; lo que sí puedo asegurar es que por mucho tiempo que lleve leyendo El Economista es la primera vez que me lee a mí. Se lo digo por lo siguiente: si ya me hubiera leído hace mucho tiempo, ya habría emitido su opinión sobre la pésima calidad de mis engendros ya que, lo confieso, los he escrito peores. Otro de los motivos que me hacen comprender que es la primera vez que me lee, es que en reiteradas ocasiones he manifestado en El Economista que lo más que considero ser en estas lides es un extemporáneo aprendiz de la digna profesión de periodista. Tal vez de vivir el maestro Pagés al contactar una de mis defectuosas colaboraciones podría ponerla como ejemplo del periodismo hecho por alguien que no es periodista sino un simple neófito.

Aunque mi aspecto físico sea el de un fósil, mi edad de aprendizaje apenas cubre los aspectos más elementales del oficio. Con lo anterior no estoy tirándome al suelo para que otros lectores menos exigentes me levanten. Confieso que hay días que me gusta lo que publico y que mi artículo sobre el cadáver perdido no se me hizo tan malo. Es más, ya en plan de polemizar con Míster X -así le pondremos al desconocido opinante-, él dice que en el peor artículo que El Economista haya publicado . Esto es lo que concluye luego de escribir: Un (a) falta absoluta de ética periodística . Es obvio que le faltó la a al artículo indeterminado por la prisa de escribir su comentario antes de que se le pasara el coraje.

Falta de ética

Ya calmado quisiera me explicara -cosa imposible porque yo no sé quién es Míster X y éste, luego de expresar lo que piensa sobre lo que escribo, no creo que vuelva a leerme- pero en el supuesto que alguien le fuera con el chisme y él, nada más por cuestiones patológicas, leyera esto le preguntaré: ¿A qué llama una falta absoluta de ética periodística?

Porque al leer la precitada columna alguien con autoridad lingüística podría calificarla de mal redactada, tal vez de usar una prosa elemental carente de un método discursivo inteligente. También, pudiera considerarse una pieza falta de imaginación. Un tema desprovisto de actualidad o, por el contrario, demasiado trillado. En fin, aceptaría yo la crítica en muchos sentidos, pero sólo quiero saber ¿en dónde está la falta absoluta de ética periodística?

Luego de releer la columna adivino cuál puede ser la falta de ética a la que Míster X se refiere. Ésta estriba en el cierre del texto donde propongo que en busca de una lógica para el macabro robo de un cadáver se me ocurre que ésta puede estar en la recompensa de 30 millones de pesos ofrecida en México o 5 millones de dólares en Estados Unidos por Heriberto Lazcano vivo o muerto. Ya leímos la información de que los que lo eliminaron no sabían de quien se trataba. De haberlo sabido ya parece que lo hubieran enfrentado. Sin embargo, una vez identificado el cuerpo reflexionaron y decidieron que la única forma de cobrar el premio era recuperando los despojos mortales del malandrín, darles una manita de gato, una buena embalsamada y ofrecerlo a las autoridades correspondientes, como recién agarrado, a cambio del efectivo. Promesas son promesas.

Ahora bien, si se considera que la diferencia entre 30 millones de pesos y 5 millones de dólares, aún con la moneda mexicana a 13 por dólar es bastante notoria, no es ninguna mala idea para los ladrones de cadáveres recurrir a los servicios de un buen taxidermista y un mejor pollero; el primero, para que le haga un trabajo de identidad duradera y, el segundo, para que pase la pieza al lado estadounidense por el mejor lugar posible, por donde menos se maltrate, para así poder cobrar, por lo que quede del buscado delincuente, nada más y nada menos que 65 millones de pesos .

Sólo por sugerir esta idea que pudiera ser la base de un argumento para realizar una surrealista comedia cinematográfica es por lo que se me podría acusar de haber elaborado una colaboración con una falta absoluta de ética periodística . 

Es una lástima que en nuestro país, todavía, no exista la figura del ombudsman del lector , de haberlo, Míster X podría acusarme de prácticas periodísticas carentes de ética de manera absoluta.

También si hubiera un ombudsman del redactor podría yo acusar de a Míster X de tener un coeficiente intelectual insuficiente para ver telenovelas.

Desde hace un rato mi mujer me avisó que en Internet existe una opinión, también anónima, emitida el 15 de octubre a las 12:11 de la tarde -es decir, 3 días, 11 horas, 3 minutos después de la de Míster X. Un lector, de distinta percepción que el susodicho, opina lo siguiente: De todo lo que he leído sobre el caso, esto es lo que me parece más lógico, pues si aun es posible cobrar una recompensa no sería de extrañar que los mismos secuaces del delincuente hallan (sic) querido sacar raja de la defunción del maleante .

Las opiniones de los dos lectores -comentaristas sin nombre-, así como otras más y el artículo del que aquí se ha hablado puede usted encontrarlo en Internet en El Lazca: se busca cadáver en buen estado.

Que se escape un delincuente vivo es razonable -sobre todo si el tipo es vivo en verdad-, pero que un malhechor muerto a través de interpósitas personas ande prófugo es el máximo ridículo que pueden hacer las autoridades correspondientes. ¿Cómo es posible que se hayan robado un muerto? Y lo peor: ¿Quién lo tiene? ¿En qué lugar? Porque los muertos apestan, ¿no? Pues o este muerto no apesta o ya estamos saturados de pestilencia de tal forma que ya no percibimos fetideces nuevas.

También se divulgaron imágenes del presunto cadáver que anda prófugo, de las que se asegura los rasgos fisonómicos coinciden con los de El Lazca. Sin embargo, algunas facciones de estas fotos no concuerdan con los de sus bases de datos. En las fotografías de la Marina se observa el cuerpo de un hombre robusto y en las que tienen la DEA y la PGR se ve un hombre delgado. En las fotos tomadas en Coahuila se ve que el cadáver tiene las orejas pegadas a la cabeza, mientras que en las imágenes que tienen tanto la DEA como la PGR las orejas salen del contorno de la cabeza. Rasgos como el pelo y las cejas sólo encajan con buena voluntad e imaginación.

Me imagino a los encargados de cotejar los retratos como cuando nace un bebé y toda la familia se junta para encontrarle parecido con todos ellos. Mira tiene la mirada de su mamá. Y la boca de Roberto -el papá. Y las orejas como su abuela. ¿Materna o paterna? Las dos: una oreja como la mamá de Rocío y otra como la de Roberto. Está precioso.