En medio del debate en torno de la firma del ACTA y la buscada entrada de México al Acuerdo de Asociación Transpacífica, se presentó en la última semana un hecho que a cualquiera lleva a pensar que México no respeta la propiedad intelectual y que realmente tiene razón de ser la evidenciada actitud gubernamental pro ACTA y pro TPP. Pero hay que tener completo el escenario en el que se presenta.

El IMPI detectó y detuvo el ingreso en la aduana del aeropuerto de Guadalajara de 2 kilos de la sustancia activa con que se produce Cialis (tadalafil). Dicha sal estaba siendo ingresada ilegalmente por Sales y Materias Primas, una empresa de la cual sólo se sabe que tiene domicilio en Tlaquepaque, Jalisco, sin mayores referencias. Ni siquiera tiene página web.

El ingreso de dicha sustancia era ilegal porque Cialis –uno de los medicamentos hoy en día más vendidos en el país– sólo puede ser fabricado e importado por Eli Lilly. Esta farmacéutica estadunidense goza de la exclusividad para producir y vender Cialis hasta el 2015, privilegio que le da su patente obtenida por la inversión millonaria realizada durante años en investigación y desarrollo que le llevó a descubrir el uso seguro y eficaz de tadalafil como efectivo tratamiento para la disfunción eréctil. Éste, por cierto, terminó desbancando a Viagra, de Pfizer.

Definitivamente, Eli Lilly tiene todo el derecho de reclamar el respeto de su patente y pedir a la autoridad que actué en contra de aquel que intente violarla. México debe seguir caracterizándose por respetar esos derechos de propiedad intelectual. Y también por respetar los derechos de autores, compositores y de todo generador de contenido de textos y audiovisuales que muchas veces ven cómo en Internet sus creaciones son pirateadas por otros que lucran flagrantemente sin darles un peso de beneficio.

La pregunta es si para evitar estos delitos es imprescindible firmar el ACTA o, peor, entrar al TPP, tratados que nos obligan a muchos otros puntos que nuestras autoridades deberían explicarnos –si es que, como nos dicen, no entendemos-. Enfocándonos, específicamente, al ámbito de la salud y, particularmente, al tema de los medicamentos, la situación no es en blanco y negro.

Así como ha habido violaciones de patente de empresas que importan y venden de forma ilegal sustancias activas protegidas, así también hay empresas multinacionales que buscan la forma de estirar lo más posible la protección que les da la patente, incluso más allá de los 20 años aceptados en el mundo, impidiendo con ello la entrada del genérico. De ahí, el temor en torno del concepto de protección de datos por cinco años –algo que México se había resistido a aceptar desde hace muchos años y ahora recién aceptó–, que es muy válido para las empresas de innovación pero que es visto con temor por farmacéuticas nacionales en vista de que puede ser usado como argumento de extensión de patente.

Lo que piden es equilibrio.

Así, por ejemplo, hablando otra vez de Cialis, Eli Lilly cuenta con una segunda patente de tadalafil que, en lugar de vencer en el 2015, vence en el 2020. ¿A cuál deben remitirse los productores de genéricos? Porque, si es a la primera, desde enero de este año ya podrían estar haciendo estudios previos para sacar el genérico, pues la cláusula Bolar les permite hacerlo desde tres años previos al vencimiento de la patente con la condición de que la salida al mercado sea sólo una vez vencida dicha patente. Aquí es donde juega un papel crucial el llamado linkage –hecho efectivo mediante la gaceta del IMPI-. Se dice que en el TPP México está aceptando la aplicación de un linkage automático entre el IMPI y la Cofepris en el cual el otorgamiento de una patente sea tal sin opción a discusión.

El punto de todo esto es que el gobierno mexicano analice profundamente cada condición impuesta bajo el ACTA y/o para entrar al TPP –pues pareciera que las va aceptando todas en automático como si nos hicieran un gran favor– porque puede significar altos costos en cuanto acceso a la salud mediante barreras de entrada a genéricos o biocomparables o a otros productos vitales para la salud y que en un futuro nos arrepintamos.

Ya dijo abiertamente José Rodrigo Roque, titular del IMPI, que la firma del ACTA fue una provocación al Senado para que se abra el debate.

Claramente, es un tema que preocupa sobremanera al Ejecutivo, pero es básico contar con información clara y transparente sobre lo que se negocia y lo que se acepta, que se difundan los textos completos de cada acuerdo para no ir deduciendo y especulando porque, en particular al TPP, México está entrando tardíamente. Y no vaya a ser que, por ver lo urgente, se deje de lado lo importante.

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