Toda persona tiene derecho a disfrutar libremente los beneficios de su trabajo con una pensión que sea congruente con el tiempo trabajado. Esta afirmación es tanto lógica como deseable; sin embargo, no siempre sucede en la realidad.

En México, como en muchos países de la región, existen trabajadores que no gozan de este derecho, pues el sistema de pensiones no funciona de manera óptima. Tenemos la idea preconcebida de que, en manos del gobierno, nuestra garantía para el retiro está asegurada. Desafortunadamente, no siempre es así.

El economista José Piñera, quien fuera uno de los ministros más jóvenes en la historia de Chile, generó una de las revoluciones de mayor impacto en América Latina y en la vida de millones de chilenos. Piñera concibió y puso en práctica un sistema de pensiones que, como él mismo afirma, convirtió al proletario (quitando cualquier connotación despectiva al término) en propietario.

¿Qué significa esto? Para dar mayor libertad a los trabajadores, el entonces Ministro Piñera logró convencer al gobierno de pasar el control de las cajas de retiro a manos de los propios asalariados. El éxito fue establecer fondos de inversiones cuidadosamente vigilados, a los que los trabajadores entregarían 10% de su salario para crear una pensión que les permitiera vivir al momento de su jubilación.

Desde el principio, esta revolución tuvo un impacto increíble pues puso las decisiones económicas del trabajador en sus manos, para poder elegir su propio destino cuando llegara el momento de retirarse. Esta decisión tiene el efecto positivo de evitar que sean las generaciones futuras las que tengan que pagar con sus impuestos esas pensiones que, finalmente, no les corresponden.

Los resultados de dar mayor libertad a los trabajadores tienen un impacto increíble. Por una parte, las personas asumen mayor responsabilidad sobre sus vidas sin esperar que el gobierno les resuelva sus problemas. Las pensiones en manos de cada trabajador les permiten asegurar la rentabilidad de sus inversiones, contribuir al crecimiento económico del país (se crea un mercado de capitales que impulsa este crecimiento) y asegurar un retiro mucho más alto al que puede prometer y proveer el mismo gobierno (normalmente, las pensiones terminan devaluándose).

Con esta lección, los chilenos nos enseñan que todo sistema es perfectible. En México debemos de aprender y mejorar aquello que pueda traducirse en mayor libertad y un mejor nivel de vida para los ciudadanos.

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@armando_regil