Los recientes sucesos originados primero por la gripe china o virus chino —Covid-19— y, posteriormente, por el mal manejo de la crisis que se veía venir de los precios de las materias primas nos están enseñando cuán endebles somos como especie y cuán débil es nuestra economía global. Ha resultado que no somos dioses, ni seres poderosos capaces de destruir a la naturaleza, a otras especies y a nuestros semejantes sin que ello no tenga las consecuencias que estamos padeciendo. Tampoco ha resultado cierto que la economía global, integrada, con poderosos gigantes de la tecnología dirigiendo el destino de países y personas, es tan sólida como los vendedores del éxito del modelo económico del G7 han querido demostrar. El súbito surgimiento de una gripa en una región tecnológica de China y su rápida propagación están enfrentando una triple pandemia. La primera, sin duda, es la del propio virus que no pocos ya sospechan que pudo haber sido un intento de manipulación genética con objetivos ya sea bélicos o farmacéuticos. La segunda es, justamente, la pandemia del miedo que se dispersa a una velocidad mucho mayor que el propio virus. Finalmente, asistimos a la pandemia del rumor y la desinformación producto del equívoco manejo que los seres humanos estamos haciendo de la tecnología y las redes sociales.

Ante la debilidad humana y de su economía global y local, nos queda aprender y dejar de lado la mezquindad del poder. Los seres humanos sufren y están enojados, producto de la desigualdad, la frustración por la inmoral concentración de la riqueza en unas cuantas empresas tecnológicas, farmacéuticas, automotrices y de armamento. Lo que menos debemos esperar como especie y como economía es que los poderosos traten ahora de sacar más ventaja de esta triple pandemia. Es cierto que la economía se sustenta en costos de oportunidad, pero eso es una cosa y otra es manipular medicamentos, mercados e información. A partir de la continua caída de los precios del petróleo por la guerra comercial y tecnológica entre EU y China, y su agudización por el Covid-19, ha habido intentos por estabilizar el mercado de las materias primas, en especial de hidrocarburos. Sin embargo, la falta de acuerdos y las mañas humanas de siempre han derivado en la desestabilización de los mercados financieros, provocando situaciones de pánico que han llevado al ajuste de los precios de todas las monedas, el fortalecimiento del dólar, los precios de tangibles como el oro y la caída de las acciones de las empresas petroleras.

A la crisis de salud pública, en donde ni las potencias están suficientemente preparadas para afrontarla, se va a sumar un rezago aún mayor en el desarrollo de millones de seres humanos, derivado de la baja actividad económica que se avecina en prácticamente todos los países, sin contar el descenso del comercio mundial por lo comprometidas que están las cadenas de producción. Esta pandemia va a pasar y el ser humano prevalecerá, pero —sin duda— nos quedará la evidencia de nuestra debilidad tanto humana como económica.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.