Hoy me gustaría construir sobre lo que hablé en la columna anterior, acerca de lo que el dinero significa para ti y para los demás. Porque el dinero, como sabemos bien, suele ser un tema increíblemente emocional y genera una serie de sentimientos variados. Por otro lado, a mucha gente la pone incómoda hablar de él, porque les enseñaron que eso era de mal gusto.

Pero cuando estamos con la pareja, con los hijos o con un profesional de planeación financiera personal, tenemos que tener muchas conversaciones sobre dinero, porque es un tema cotidiano. Lo usamos todos los días, al menos para transportarnos o para comer. Porque lo necesitamos para alcanzar algunos de nuestros objetivos de vida, como, por ejemplo, hacer un viaje o tener un patrimonio que nos permita vivir nuestros años dorados sin preocupaciones.

El problema es que, cuando se trata de dinero, todos cargamos con un bagaje emocional importante. Yo recuerdo que en casa había mucha tensión cuando llegaba el estado de cuenta de la tarjeta de crédito y mis padres discutían mucho (pero no lo hablaban ni se comunicaban). Eso no pasaba en casa de mis abuelos, quienes eran muy ordenados en el manejo de sus recursos.

Si hablar de dinero nos hace sentir mal o nos produce este tipo de recuerdos dolorosos, podemos empezar por ahí. Podemos abrir un canal de comunicación con nuestra pareja si compartimos con ella estos recuerdos y los sentimientos que nos producen. Y, desde luego, escuchar también las experiencias del otro, siempre buscando comprender esas emociones, sin juzgar. No será fácil, pero es un paso importante.

Ahora bien, quizá necesitemos sentarnos varios días con la pareja y hablar de lo mismo. Se volverá más sencillo. Además, esto nos permitirá identificar situaciones del pasado que no querríamos replicar en nuestra relación.

Las conversaciones de dinero, sin embargo, no se deben dar en cualquier momento. No cuando estamos enojados o estresados, tampoco cuando estamos cansados. A algunas personas les funciona agendarlo, separar tiempo para ello. Por ejemplo, un viernes por la tarde, como una cita. Dado que estas pláticas suelen traer, como ya dijimos, una buena carga emocional, hay que pensar también dónde se llevan a cabo. Algunas personas preferirán hacerlo en casa, en la sala o en la mesa del comedor; otros preferirán hacerlo fuera, en un café donde puedan hablar y sentirse cómodos.

Cuando pensamos en conversaciones de dinero, las cosas que normalmente vienen a la cabeza son cómo hacer un presupuesto, cómo invertir, cómo reducir las deudas o qué tarjeta de crédito elegir. Hablar de todo esto es bueno, pero es casi como discutir si nos iremos de vacaciones en coche o en avión, antes de decidir el lugar.

Por eso es necesario siempre dar un paso atrás y pensar precisamente qué significa el dinero para cada uno de nosotros. ¿Por qué queremos dinero? ¿Cuáles son nuestros sueños, lo que realmente queremos en la vida? ¿Cuáles son nuestros mayores miedos e inseguridades?

En otras palabras, tenemos que tener claro a dónde queremos ir, antes de hacer cualquier plan. Pero también debemos saber que la vida cambia y nosotros también. Por eso es tan importante tener este tipo de conversaciones de manera regular, que nos ayuden a descubrir las cosas que en verdad queremos y valoramos por sobre de otras.

Cuando me ha tocado dar coaching en finanzas personales, me doy cuenta de que la gente no está acostumbrada a hacer esto y no sabe qué es lo que realmente quiere lograr con el dinero que gana. Descubrirlo es fundamental antes de pensar siquiera en hacer un plan.

En este sentido, también hay personas que lo tienen muy claro. Recuerdo por ejemplo a Julia, quien me dijo que el dinero le era importante para pagar sus cuentas sin tener que depender de nadie. En algún momento quería tener hijos y ser capaz de proveerles un lugar seguro y adecuado para vivir, además de una educación de calidad.

Antes de terminar, quiero enfatizar que cuando hablamos de dinero tenemos que tener muy claro que se trata de escuchar, comprender y descubrir. Lo peor que podemos hacer es empezar a acusarnos, enojarnos y echar culpas. Por la cantidad de emociones que el dinero provoca, aquí sí el que se enoja pierde. Si sentimos que nos está sucediendo y que estamos a punto de perder el control, es mejor hacer una pausa y continuar la conversación una vez que nos hayamos calmado.

Te invito a visitar mi página: http://www.planeatusfinanzas.com el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales. Twitter: @planea_finanzas

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com