La corrupción asfixia a Guatemala.

Como sucede con el cambio climático, la corrupción impacta en todo el mundo. La diferencia con muchos países, incluyendo a México, es que en el país vecino actúa la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG); una especie de catering judicial de Naciones Unidas.

En 2015, la CICIG intervino los teléfonos del entonces presidente Otto Pérez Molina después de que algunas de sus investigaciones implicaban al mandatario en una célula de corrupción implantada en la Superintendencia de Administración Tributaria de Guatemala (SAT). Después de recabar un conjunto de pruebas, la CICIG lo acusó de “cohecho pasivo, asociación ilícita y caso especial de defraudación aduanera”.

La célula de delincuentes se hacía llamar La Línea, y en ella participaban la vicepresidenta Roxana Baldetti y 40 funcionarios del gobierno. Algunos de ellos, ministros. Grosso modo, el objetivo de La Línea era cobrar sobornos a empresarios y usuarios de distintas aduanas del país a cambio de modificar lo que los importadores debían pagar al fisco.

Después de haber intervenido 80,000 llamadas telefónicas y 5,000 mensajes de correo electrónico, la CICIG determinó que Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti eran las cabezas de La Línea.

Ayer, Iván Velásquez, jefe de la misión de la CICIG, el mismo que dirigió el caso en contra de Pérez Molina, presentó pruebas en contra del expresidente Álvaro Colom por presunto fraude en contra del Estado por 35 millones de dólares mediante la creación de un programa de transporte público conocido como Transurbano. Velásquez reveló en conferencia de prensa que Colom “intervino personal e institucionalmente” para la aprobación de un acuerdo que permitió la fraudulenta operación millonaria para la compra de autobuses procedentes de Brasil y la implementación de un sistema prepago (versión electrónica del diario Prensa Libre, 13 de febrero).

Colom y nueve funcionarios que trabajaron en su gobierno durmieron en la cárcel.

Mientras el entorno político guatemalteco oscurecía, el cómico y presidente de Guatemala por accidente, Jimmy Morales, tuvo que recurrir a la broma para romper la tensión. Durante un encuentro con empresarios, Morales habló del Mundial de futbol y de comida. “Toda la comida de la Casa Presidencial no me la como yo, señores. ¿Pero qué les pasa?”. Justificó el cómico en relación a varias críticas que circulan en redes sociales por los supuestos 4,000 dólares que gasta al día en alimentos.

Ese no es problema. Lo preocupante son las acusaciones de la CICIG en contra de Morales por financiamiento ilícito de su campaña y por el caso “Botín Registro de Propiedad” en el que se encuentran involucrados su hermano y uno de sus hijos.

Morales declaró a Iván Velásquez persona non grata. La semana pasada, el cómico viajó a Nueva York para solicitarle al secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, la remoción de Velásquez.

Curioso, el cómico llegó a la Presidencia como consecuencia de las decisiones de la CICIG. Ahora, Morales pide la cabeza de Velásquez. Suena a broma.

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.