China ha propinado un golpe en contra de Hong Kong aprovechando la crisis geopolítica que ha provocado el nuevo coronavirus, y el impacto que éste ha provocado en Estados Unidos, dejando ya casi 100,000 muertes.

La imposición de una ley de seguridad a Hong Kong no solo viola la autonomía de la región cuya identidad y vínculo con China era definida como: “un país, dos sistemas”. China también viola varias leyes firmadas a finales del sigo pasado. La principal, acordada con Reino Unido, otorgaba a Hong Kong una autonomía hasta el 2047. No es difícil recurrir a eufemismos para lastimar la libertad a través de “sedición”, “terrorismo” o “injerencia”. Delitos que el gobierno chino dice ver en Hong Kong.

Xi Jinping aprovecha el debilitamiento de Trump para reposicionarse en el tablero geopolítico en un momento en el que el nuevo coronavirus ha reconfigurado las agendas de todo el mundo: cuando Trump ataca a la Organización Mundial de la Salud por actuar en contubernio con China, Xi Jinping opta por revivir las motivaciones que los hongkoneses han tomado en cuenta para salir a protestar a las calles desde hace más de un año: la creación de una ley de extradición y la imposibilidad de elegir en total libertad a sus políticos; cuando Trump señala hacia la luna, China desdobla sus intereses geopolíticos.

Con la ley de seguridad, China también envía el claro mensaje a Estados Unidos sobre su decisión de jibarizar su relación diplomática. El ministro de Relaciones Exteriores Wang Yi, lo confirmó 48 horas después de la decisión tomada desde la Asamblea que domina el partido único, el comunista: “Algunas fuerzas políticas de Estados Unidos están tomando como rehén las relaciones entre China y Estados Unidos y empujando a nuestros dos países al borde de una nueva Guerra Fría”.

Gracias a la ley de Privilegios Comerciales Especiales aprobada en el Congreso de Estados Unidos en 1992, ambas partes (Hong Kong y los estadounidenses) mantienen un nivel de relación comercial por 38,000 millones de dólares anuales, y en la región autónoma permanecen 290 empresas estadounidenses. Tal parece que Xi Jinping está dispuesto a poner en riesgo el atractivo financiero de Hong Kong.

Al conseguir un asiento de seguridad de Naciones Unidas, en 1971, China comenzó a buscar la transferencia de Hong Kong por parte de Reino Unido, lograda de manera oficial el 1 de julio de 1997. Así concluía el dominio colonial británico en la región. El presidente Deng Xiaoping aceptó que en Hong Kong existiera un sistema diferente al chino: “un país, dos sistemas”. Entendió que el régimen dictatorial no puede mantener el atractivo financiero de Hong Kong (capitalista), simplemente, son sistemas incompatibles.

La respuesta del movimiento prodemocrático contra la propuesta de la ley de extradición provocó que el régimen de Xi Jinping reculara y archivara su intención de llevarse a Pekín a los disidentes y críticos contra la dictadura, sin embargo, el presidente chino no ha quitado el dedo del renglón y aprovecha la crisis del nuevo coronavirus para lanzar decretos con los que intentará desmantelar la autonomía de Hong Kong.

La ley de Derechos Humanos y Democracia en Hong Kong le permite a Estados Unidos revocar los privilegios que tiene la autonomía en detrimento del régimen de Xi Jinping. Algo más, existen en Hong Kong más de tres millones de ciudadanos con pasaportes emitidos por Reino Unido en 1997, mismos que podrían emigrar hacia Estados Unidos en calidad de refugiados políticos.

Tiene razón Wang Yi al revelar que la Guerra Fría podría llegar una vez que la pandemia deje de ser el centro de atención del mundo. La decisión del régimen chino en contra de Hong Kong equivale a la de propiciar un golpe de Estado.

Si la intención de Xi Jinping es que entre en vigor la ley de seguridad antes de verano, lo que se verá en las calles de Hong Kong será algo muy diferente a lo visto en el último año.

China propicia un golpe duro en época de Trump.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.