Nos encontramos en un momento crítico por el cambio climático y México por su situación geográfica es particularmente vulnerable a él.

Hay un único planeta Tierra, eso es todo lo que existe con posibilidad de sostener vida en esta galaxia. De acuerdo con cifras del Banco Mundial de 2020, hay 7´753,000,000 millones de habitantes en el mundo. Todas las personas, con las mismas necesidades alimentarias, de vivienda, de salud, de transportación, de infraestructura básica, de trabajo y, entre otras de educación. La mayoría de estos requerimientos primarios se ven afectados con el cambio climático, pero son particularmente dos los que están más comprometidos. La demanda por servicios de salud y por alimentos.

Cada vez hay más y nuevas enfermedades con cuerpos menos resistentes para luchar en contra de los patógenos y parásitos. Las enfermedades van más rápido que el proceso de adaptación, por ello se requieren más y superiores medicamentos para tratar las patologías así como mejores sistemas de salud que tengan tecnología médica de punta y resistan presupuestalmente para atender a toda la población por igual para atender los nuevos retos de salud.

Hay quienes piensan que ahora las enfermedades se detectan por el avance en la ciencia médica, anticipadamente y que por ello los porcentajes de ciertas enfermedades están creciendo. Quizá valga la pena matizar esta aseveración, porque es necesario visibilizar que no todos los casos ni la totalidad de los padecimientos, se deben a una detección temprana. Hay otras razones y es el cambio climático, los hábitats han cambiado. El resultado de un estudio publicado en junio de 2020, consultable en la página web de la Universidad Autónoma de Nuevo León -UANL-, realizado por el doctor Roberto Mendoza Alfaro, investigador y profesor de la Facultad de Ciencias Biológicas, arrojó que el cambio climático es detonador de enfermedades emergentes, como el ébola, Zika, los virus henipah, el virus del Nilo, SARS, Lyme y, entre otros, la influenza H1N1. Señala que esto se debe a que, al afectarse los ecosistemas, se rompe el equilibrio ecológico lo que provoca la falta de control de los patógenos y parásitos, responsables de las enfermedades emergentes.

En relación con los alimentos, las sequías, huracanes y temperaturas extremas son cada vez más frecuentes. Ello afecta la agricultura y ganadería con lo que necesariamente la cadena alimenticia también está comprometida. Menciona el mismo investigador en un diverso estudio publicado en octubre de 2020 de la UANL, que va a aumentar el 20 por ciento en las tasas de hambre y desnutrición para 2050. Además, los precios de los alimentos para 2030 serán incosteables porque podrían aumentar entre un 50 y un 90 por ciento.

Si no se toman acciones inmediatas con objetivos a corto, mediano y largo plazo, y sobre todo conciencia de la corresponsabilidad de todos los sectores: industrial, público, privado, social, de los consumidores, de los productores, para frenar y enfrentar el aumento en la temperatura global, el panorama es muy sombrío. 

Es necesario repetir una y otra vez con cada acción humana que los recursos naturales no renovables e incluso los renovables, son finitos. Éstos últimos se están explotando a un ritmo mayor a su regeneración por eso también se están acabando. Ello genera todavía más presión para la población especialmente en cuestiones de empleo. Todo en la naturaleza está conectado, pero también todo lo está en la cadena humana. Se necesita trabajar para obtener recursos para adquirir los restantes bienes necesarios para sobrevivir, pero el problema es que es un círculo cada vez más difícil de cerrar por las condiciones ambientales.

Las próximas décadas son definitorias de la situación del mundo en este aspecto. Las migraciones masivas derivadas de cuestiones ambientales van a comprometer aún más aquellas zonas del mundo en dónde el clima sea más templado, sin temperaturas tan extremas en el invierno y verano.

¿Qué hacer? Lo más importante es visibilizar y sensibilizar a todos los sectores del problema, pero, sobre todo, es menester tener acceso a la información y generar mecanismos de publicidad de la situación en la que se vive con datos objetivos que proporcionen científicos y expertos.

Solamente con el acceso a la información veraz, se podrá prevenir, afrontar, minimizar, mitigar, reparar, restaurar y compensar los daños provocados por el cambio climático. Nos encontramos en un momento en el que no únicamente se requiere proteger y conservar el medio ambiente y los diversos ecosistemas, sino restaurarlos y repáralos.

En México, por ley, hay un Sistema de Información sobre el Cambio Climático, sin embargo, la información que proporciona su página web es pobre y básica. Remite a unos cuántos videos de Youtube con información que dan dos adolescentes, que no aportan algo nuevo. La situación es grave. Se requieren investigadores y científicos que con lenguaje ciudadano presenten los resultados de sus investigaciones en el sitio del Sistema de Información sobre el Cambio Climático. Y dejar un apartado para niños y jóvenes en dónde puedan comunicarse generacionalmente los adolescentes que dan los datos en esta página web. Hay que tener mucha seriedad en proporcionar la información en este sistema de información, porque abordar el problema del calentamiento global como especie humana, será uno de los grandes desafíos del resto del S. XXI.

Igualmente es necesario contar con información accesible al común de la gente sobre el producto interno neto ecológico que es un indicador que cuantifica el costo de la “contaminación del ambiente y el agotamiento de los recursos naturales provocados por las actividades económicas”. El organismo encargado junto con el Inegi de proporcionar esa información es el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático. No obstante, en lugar de repetir la definición o en el caso del Inegi, dar cifras del producto neto ecológico, es conveniente que se expliquen las cifras y que estas estén actualizadas a 2021 y no tengan sesgo estadístico alguno.

Especialmente importante es eso, si lo que se requiere es sensibilizar a los diversos sectores sobre el tema del calentamiento global y la crisis tan profunda en la que el mundo se encuentra. 

Por todo lo anterior, aun cuando sea alarmante para la población recibir información de este tipo, es más importante tener la adecuada, que especular sobre la situación ambiental en la que nos encontramos y solamente vivir los eventos de la naturaleza como las recientes inundaciones que se dieron en Alemania y Bélgica, huracanes, sequías, tsunamis, hundimientos y boquetes inexplicables, como los de Puebla en México, sin saber a ciencia cierta a qué se deben o qué está pasando.

El acceso a la información científica en lenguaje cotidiano es además de un derecho contemplado en la Constitución, también está en la Ley General de Cambio Climático y en sus equivalentes de cada una de las entidades federativas. De manera que la información es necesaria para tomar acciones de mitigación y adaptación del cambio climático. Así como para dar a conocer los estudios e investigaciones dirigidas a identificar las especies del reino animal y vegetal en peligro de extinción, y tomar acción sobre las llamadas poblaciones prioritarias para la conservación. Con información adecuada se promoverán las declaraciones denominadas de hábitat críticos y las áreas de refugio. Se deben hacer esfuerzos titánicos para mitigar el cambio climático y tratar de preservar el mayor número de ecosistemas y vida en el planeta tierra.

Es del dominio público que no se puede permitir que el planeta aumente a más de dos grados centígrados su temperatura porque sería catastrófico para diversas especies del reino animal y vegetal, incluyendo para el ser humano. Esa meta se encuentra ya regulada entre otros, en el Acuerdo de Paris de 2015 y en la Ley General de Cambio Climático. Esta última dispone que se “deben establecer las bases para que México contribuya al cumplimiento del Acuerdo de París, que tiene entre sus objetivos mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2°C, con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir con los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1.5°C, con respecto a los niveles preindustriales”.

Así como todos los sectores son corresponsables de la forma en la que se debe investigar, mitigar y adaptarse al cambio climático, también son todas las Naciones.

Los países desarrollados con elevado ingreso per cápita, están moralmente obligados a ayudar a atemperar los efectos del calentamiento global en los territorios de los países más pobres. Y si no es por obligación moral, deben socorrer a las naciones menos desarrolladas para evitar la migración masiva sin precedentes que se advierte que vendrá en las próximas décadas. Los países desarrollados son quienes más han provocado el calentamiento global. En efecto, de acuerdo con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, dispone en el preámbulo que “[t]omando nota de que, tanto históricamente como en la actualidad, la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo han tenido su origen en los países desarrollados, que las emisiones per cápita en los países en desarrollo son todavía relativamente reducidas y que la proporción del total de emisiones originada en esos países aumentar para permitirles satisfacer a sus necesidades sociales y de desarrollo.” En ese sentido, están también obligados a socorrer a quienes por ahora ya no pueden tener el crecimiento económico parejo por verse limitados por el cambio climático. El éxodo en diversas partes del mundo será imparable, por ello, se debe controlar antes de que sea demasiado tarde. El mundo debe ser un lugar habitable y no un lugar inhóspito en el que se a voces se diga “sálvense quien pueda”. La Convención marco es muy clara en reconocer “que la naturaleza mundial del cambio climático requiere la cooperación más amplia posible de todos los países y su participación en una respuesta internacional efectiva y apropiada, de conformidad con sus responsabilidades comunes pero diferenciadas, sus capacidades respectivas y sus condiciones sociales y económicas.” En este problema van todas las naciones y deben abordarlo también en forma orquestada.