Está basada en preceptos establecidos en el sistema ideológico con presencia en países de Oriente Medio

Quienes profesan la religión del islam participan en una de las prácticas financieras más sostenibles que hayan creado los sistemas contemporáneos. Incluso, su aplicación ha sido considerada en países occidentales, donde este grupo no tiene una presencia extensa, ya que trae múltiples beneficios para los consumidores de servicios financieros y de aseguradoras que, se especula, son los orígenes de las crisis económicas.

La banca islámica o las finanzas islámicas están basadas en preceptos establecidos en el sistema ideológico con mayor presencia en países de Oriente Medio. Esta se centra en la Sharia, es decir, el conjunto de normas escritas en el Corán en que se abordan las operaciones de los mercados (Barragán, 2013) en cuatro principios fundamentales.

El primero es el Halal que —entre otras cosas— restringe el financiamiento de actividades que tengan un impacto nocivo para la sociedad, como la producción y venta de bebidas alcohólicas o armas, entre otros productos.

El segundo de los principios es la eliminación del Riba, es decir, prohibir los intereses fijos en los préstamos para promover la generación de beneficios financieros. Gharar es el tercero, y representa todas las ambigüedades de los contratos.

Por último, se encuentra la Maysir, que incorpora las situaciones que se dejan al azar y que, actualmente, son una de las principales causas por las que las personas tienen problemas financieros.

Por esto, las finanzas islámicas son mucho más transparentes y éticas que las que conocemos en el mundo occidental, puesto que sus prácticas aseguran que las operaciones no se hacen con usura o ensalzando al dinero como un fin, sino como un medio para participar en los mercados y satisfacer necesidades. Inclusive ha sido discutido por autores para ser aplicado en países europeos, como España, para frenar posibles crisis económicas que puedan tener resultados desastrosos para la economía global (De la Orden de la Cruz, 2015).

Aunque en las últimas décadas se han forjado prejuicios negativos en torno a este grupo social, las finanzas islámicas no solamente representan una oportunidad para mejorar las prácticas financieras y la situación económica como sociedad, sino que fungen como una reivindicación del sector.

De igual forma, nos recuerdan que la multiculturalidad tiene un valor poderoso en un sistema en que el dinero ocupa un papel preponderante en la toma de decisiones.

*Coordinador de Contenidos de Grupo IMEF Universitario.