El del segundo aniversario de gobierno fue un mensaje de esos del mundo de los otros datos, como lo son las mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Pueden las palabras presidenciales tener esa separación tan notable de la realidad, pero encuentran una alta receptividad y aceptación gracias a otro dato que también dio el Presidente en su mensaje: su alto nivel de popularidad. Sus otros datos dicen 71% de aceptación, las encuestas serias dicen 60 por ciento. Como sea, son niveles muy altos.

Ahí se abre el espacio para llenar de datos imprecisos los discursos. Para poder dar información falsa sin que haya consecuencias.

Desde lo evidente, como el mal manejo de la pandemia que ha tenido este gobierno y que en cada oportunidad es presentado como un rotundo éxito, hasta datos económicos que resultan inverosímiles ante los ojos de cualquiera que entienda un poco de los números del país.

No hay, por ejemplo, por ningún lado una sola evidencia de que la 4T se haya ahorrado 1 billón 300,000 millones de pesos. Y existe el registro porque eso implicaría que se han ahorrado el doble del gasto programable estimado para este año. No hay manera.

Una de las características de este gobierno es no moverse ni un milímetro de sus planes originales aun si la realidad del mundo ha cambiado radicalmente. Y eso, con la pandemia del Covid-19, es algo incuestionable.

Y si la realidad no se adapta a los planes de la 4T, el discurso se encarga de ello.

Dice el presidente López Obrador que de los 100 compromisos a los que se había comprometido dos años antes en el Zócalo, sólo le faltaban tres. La realidad es que es un conteo muy difícil de sostener con los datos duros.

Por ejemplo, entre ese centenar de compromisos está aquello de que las compras y las obras de gobierno se harán de manera consolidada y con observación ciudadana y de la ONU. La opacidad, la información reservada y la asignación directa sin licitación.

Y así por el estilo más de la mitad de esa lista de compromisos o no se han cumplido o no se pueden verificar o en su defecto no se han concretado en su totalidad.

No se eliminó el fuero presidencial, no se ha reducido “al mínimo” el robo de combustibles, se crearon impuestos nuevos a las plataformas digitales, no hubo tales medidas de mitigación para paliar los efectos económicos de la pandemia y ni hablar del combate a la corrupción.

Es esa enorme popularidad presidencial la que impide ver que el castigo a los actos corruptos del pasado están más en los medios que en los tribunales y que a los casos evidentes del presente simplemente no se les aplica esa prometida tolerancia cero.

De la recuperación económica en forma de “V” y de recuperar todos los empleos perdidos en tres meses más hay poco que decir que se pueda sostener con la realidad de los datos.

Hay un esfuerzo muy productivo de la 4T de mantener una buena imagen del Presidente. Ese es el principal logro de este gobierno a lo largo de dos años muy complicados. Ese es un triunfo mayor que muy pocos habían conseguido anteriormente.

ecampos@eleconomista.com.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

Lee más de este autor