La tensión entre los gobiernos de México y EU tiende a escalar por la personalidad de los dos presidentes. La decisión desafortunada del presidente Trump de imponer aranceles a todos los productos mexicanos hasta que se resuelva el problema migratorio es una bomba de tiempo. Esta medida irracional, que viola el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (vigente), confunde una decisión comercial con un problema profundo y complejo como es la migración. Para AMLO y Trump, cualquier pretexto o enredo es válido con tal de mantener contentos a sus votantes. No importa que haya consecuencias cuyo impacto resulte desastroso.

Todo indica que estamos ante el dilema del prisionero, definido como un problema fundamental (de la teoría de juegos) que muestra que dos personas pueden no cooperar incluso si ello va en contra del interés de ambas. Cuando el ego y la soberbia ensombrecen la razón y el diálogo, el bien común pasa a un segundo o tercer plano. Cuando el deseo de mantener contento a un grupo de votantes y simpatizantes a costa de beneficios para el país o cuando la ambición por mantener el poder sobrepasa el deseo de buscar prosperidad compartida, entonces los problemas se agravan y escalan. Dialogar, negociar y resolver de manera satisfactoria para ambos países debería ser la prioridad. El problema es cuando las contradicciones sobrepasan la esfera de la relación bilateral y la personalidad de ambos presidentes complica el escenario.

En su carta a Trump, AMLO dice que no quiere la confrontación (cuando en México no deja de confrontar y descalificar a todo el que piense distinto). También exhorta al diálogo y a actuar con prudencia y responsabilidad, cosa que no hace, pues ha demostrado que prefiere el monólogo, además de ser imprudente e irresponsable en sus decisiones, ya que no escucha ni considera a nadie que piense distinto o le sugiera otra alternativa más allá de lo que a él le da la gana.

Elogia al presidente Roosevelt por haber sido “titán de las libertades”, que él pone en riesgo con decisiones que buscan tener control sobre todo y todos. Después de autoaplaudirse porque supuestamente está combatiendo la corrupción, afirma que México se convertirá en una potencia con dimensión social, lo cual será imposible si se empeña en seguir tomando malas decisiones que sólo se traducen en pérdidas económicas y en mayor incertidumbre.

En fin, las contradicciones en la carta aparecen en cada párrafo. Vaya momento y combinación de personalidades. Quizás este desafío sea más grande de lo que imaginamos, primero porque será el primero de muchos, y segundo porque todo indica que tanto AMLO como Trump son dos caras de la misma moneda.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.