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Estanfla... ¿qué?

Luis Miguel González | Caja Fuerte
Hay algo peor que tener crecimiento económico negativo o inflación en ascenso: tener las dos juntas. Eso es lo que está pasando en México en el arranque de 2026. La actividad económica cayó 0.9% en enero y los precios subieron 0.62% en la primera quincena de marzo.
El estancamiento se combina con la inflación. Eso es lo que los economistas llaman estanflación. Es una de las pesadillas de los banqueros centrales, entre otras cosas porque no hay una receta para combatirla. Si se toman medidas para impulsar el crecimiento, se alimenta la inflación. Si las acciones se enfocan en el combate a la inflación, se frena el crecimiento económico.
¿Estamos en estanflación? Es muy pronto para decirlo. Lo que sí es que los dos datos son pésimos y caen fuera de lo que esperaban los especialistas. La caída económica de enero, de acuerdo con el Indicador Global de Actividad Económica, estaría vinculada principalmente a un mal desempeño de las actividades primarias, que cayeron 3.7%, y las industriales, que tuvieron un descenso de 1.1%. El dato de enero es tan malo que produciría un primer trimestre con desempeño negativo, -0.3%, según las estimaciones de los economistas de Banamex.
La inflación de la primera quincena de marzo fue 0.62%. Se explica principalmente por el comportamiento de los precios en frutas y verduras, que registraron un alza de 23.9%. ¿Cómo interpretar este 0.62%? Si se compara con el mismo periodo del año pasado, cuando los precios aumentaron apenas 0.14%, podemos poner en perspectiva lo que está pasando en 2026.
Los precios se están acelerando. En enero, la inflación fue 0.38% y, en febrero, 0.50%. Si sumamos lo ocurrido en los primeros 15 días de marzo, tenemos una inflación acumulada de 1.50% en lo que va de 2026. Son apenas cinco quincenas y la fotografía no termina de capturar todo lo que viene con la guerra en Irán.
El golpe inflacionario que está llegando del Medio Oriente nos agarra mal parados. Las primeras semanas del año había presión alcista por el alza en los impuestos, los incrementos salariales y los aranceles decretados contra productos provenientes de Asia, principalmente China.
El alza a los combustibles relacionada con la guerra en Irán se empezará a reflejar con más fuerza en los datos de la segunda quincena de marzo. Ahí estarán los incrementos cercanos al 10% al diésel y la gasolina premium. En menor medida, las alzas menores a 2% en la gasolina verde. Los movimientos al precio del diésel son un detonador de incrementos en los servicios de transporte y logística y pegan a toda la economía. El caso de la gasolina premium (la roja) es interesante: es 23% del consumo nacional de gasolinas (que es de 127 millones de litros diarios), pero las autoridades no consideran necesario otorgarle un tratamiento similar al que recibe la magna, donde hay un precio máximo de 24 pesos por litro (acordado con las gasolineras).
Los fertilizantes son otro insumo clave que está empezando a reflejar los problemas de abasto originados en el Medio Oriente. Por el momento, se reportan incrementos de 20% en los precios en México. Para los productores del campo, el fertilizante puede ser aproximadamente 30% o 35% de sus costos de producción. Por ello, hay temor justificado ante el riesgo de mayores incrementos de precios o problemas en la producción en el campo. Los productores vienen de un durísimo 2025 y están a la espera de soluciones a problemas estructurales, entre los cuales destaca que sus costos son superiores a los precios de mercado.
La mezcla de crecimiento negativo y la inflación acelerada es un cóctel explosivo, con repercusiones que trascienden lo económico y pueden afectar el ánimo social, político y hasta las encuestas. El Banco de México deberá tomar una decisión de política monetaria esta semana y, en los próximos meses, tendrá que definir qué tan halcón o paloma quiere ser.
Más allá del Banco Central, el secretario de Hacienda tiene un reto monumental: cuadrar las cuentas públicas a pesar del bajo crecimiento y la inflación. En su oficina tiene el Plan de Infraestructura y las cuentas de la gasolina. ¿Podrá detonar la inversión privada a pesar del sabotaje que implica la agenda política? ¿Cómo quedarán los ingresos por impuestos a la gasolina si la volatilidad sigue dos o tres meses más? No pierdan de vista que el IEPS a gasolinas significó 1,200 millones de pesos diarios para el gobierno.

