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Opinión

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42 días y contando

Efecto mariposa Por: Ana Francisca Vega

Hace incluso unos meses, todavía había esperanzas de que los 192 países miembros de la ONU que participarán en la Conferencia sobre Cambio Climático en diciembre próximo pudieran alcanzar un acuerdo integral para reducir las emisiones de bióxido de carbono que cada día calientan más nuestro planeta.

Hoy, a 42 días de la inauguración de la Cumbre de Copenhague, todo indica que los grandes actores mundiales han optado por una solución mucho menor: no habrá tratado general. Las condiciones no están dadas.

No hay suficiente tiempo para llegar a un acuerdo, pero espero que vayamos más allá que una simple declaración de principios. Quisiera que pusiéramos las bases para crear un tratado ratificable el próximo año , dijo el danés Yvo de Boer, cabeza de la oficina de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y coordinador de las negociaciones de Copenhague 2009.

Lo más frustrante de la situación es que, si uno se pone a analizar los factores que están impidiendo el acuerdo, se da cuenta de que son prácticamente los mismos que han frustrado durante años la implementación completa del Protocolo de Kyoto. ¿Qué nos está deteniendo?

1. Aunque hay varios países con creciente peso en el tema, Estados Unidos continúa siendo crucial. Para que lleguemos a negociar un tratado que coordine eficientemente la acción mundial para combatir el calentamiento global, necesitamos que el país más poderoso del planeta se suba al carrito. Y no se ha subido. A la fecha, el Congreso estadounidense ha sido incapaz de pasar una legislación que disminuya las emisiones de gas invernadero.

Metidos casi por completo en el tema de la reforma al sistema de salud, la discusión sobre la reforma energética ha quedado de lado hasta el año entrante.

Para evitar que se repita la experiencia de Kyoto -en donde el Ejecutivo estadounidense negoció un tratado que el Legislativo se negó a ratificar- los negociadores de la administración Obama han dicho ya que no negociarán absolutamente nada que el Congreso no vaya a aprobar. Es decir, que su campo de acción está limitado por un debate legislativo que ni siquiera ha comenzado.

Para la Casa Blanca, irse de Copenhague sin un tratado es mejor que irse con un tratado inoperable.

2. La divergencia de posiciones entre los países desarrollados y el mundo en desarrollo es el otro gran obstáculo que -desde Kyoto- no hemos podido sortear. Hay, además, diferencias sustanciales entre los propios países desarrollados. Y si el financiamiento de tecnologías verdes en el mundo en desarrollo era ya un problema antes, la crisis económica global ha profundizado las diferencias. Las naciones desarrolladas, en mayor o menor medida, apoyan en principio la idea, pero el quién, cómo y cuánto continúan siendo preguntas sin respuesta.

Desafortunadamente, la posibilidad de que éstas puedan ser resueltas en Copenhague es realmente baja.

En suma: a pesar de que estamos en un mundo completamente distinto al que estábamos en 1997 cuando se negoció Kyoto -en términos de nuestro conocimiento científico del fenómeno y de la movilización de la opinión pública mundial en torno de la necesidad de una política ambiental más sustentable- estamos enfrentándonos a prácticamente los mismos obstáculos.

A los que anhelábamos que se llegara a un acuerdo jurídicamente vinculante en Copenhague, nos queda la esperanza de que, en efecto, estos 42 días (y contando) sirvan para sentar las bases de un tratado ratificable en el 2010. El tiempo apremia.

afvega@eleconomista.com.mx

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