No hay mejor prueba para el carácter de una persona como lo es la derrota.

El presidente Trump no ha lidiado demasiado con la derrota durante su breve carrera política, ya que ganó con holgura la nominación del Partido Republicano para las elecciones presidenciales de 2016, y logró un sorprendente triunfo en contra de Hillary Clinton.

Las elecciones intermedias del pasado martes, en las que los republicanos perdieron el control de la Cámara de Representantes, produjeron en el presidente el primer cambio en cuanto a los contrapesos que representa el Congreso respecto al Poder Ejecutivo, y su respuesta no fue buena.

Mientras que su predecesor, el presidente Barack Obama, reconoció una desconexión con los ciudadanos “más dura” en la derrota de su partido en las elecciones de medio término de 2010, y el presidente George W. Bush admitió una “paliza” en 2006, el Sr. Trump enfatizó, no sin razón, la victoria de su partido en el Senado y su aparente exitosa defensa en las gubernaturas de Ohio, Florida, Georgia y Iowa. Sin embargo, durante su interminable conferencia de prensa del miércoles pasado, no dio muestras de su comprensión del mensaje que millones de votantes enviaron el martes al votar mayoritariamente por los candidatos demócratas en la Cámara de Representantes.

Por el contrario, en términos mezquinos y personales, culpó a los republicanos que se negaron a hacer campaña con él por temor (sin duda justificado) de que su respaldo les haría más daño que bien.

Otro aparente y previsible chivo expiatorio fue Jeff Sessions, a quien el señor Trump culpó durante mucho tiempo por haber permitido la investigación que encabeza el fiscal especial Robert Mueller sobre la injerencia electoral rusa.

La lectura general del presidente sobre las elecciones es que “a la gente le gustó, y a la gente le gusta el trabajo que estoy haciendo”.

En una democracia, la reacción frente a la derrota tiene consecuencias para la gobernabilidad.

El señor Trump pronunció algunas palabras acerca de que existen oportunidades dentro del mapa legislativo bipartidista, e incluso dijo que “respeta” el llamado de cooperación que hizo la líder demócrata Nancy Pelosi la noche del martes.

Sin embargo, contradijo su propio mensaje al lanzar una amenaza beligerante en contra de los demócratas en caso de que emprendan investigaciones en contra suya.

“Si eso sucede, haremos lo mismo (sobre los demócratas), y el gobierno se detendrá”, dijo Trump, para concluir con: “Y yo los culparía”.

De acuerdo con la Constitución, la Cámara de Representantes tiene derecho para solicitar documentos sobre la gestión del presidente. Un presidente normal lo hubiera reconocido.

@washingtonpost