Así como para el administrador de carteras que posee un portafolio diversificado de bonos denominados en distintas monedas; una empresa que posee gran volumen de operaciones con el exterior, muchas veces tiene que soportar los efectos adversos de los cambios en la moneda extranjera, que anulan los buenos resultado en las operaciones operativas reales.

Luego del quiebre del acuerdo de Bretton Woods en 1973 se incrementó fuertemente el riesgo de moneda extranjera (foreign Exchange risk) para las empresas multinacionales, lo que produjo una gran volatilidad en los reportes de ganancias en moneda dura o típicamente en dólares a las respectivas casas matrices.

Si una empresa canadiense posee una subsidiaria en Gran Bretaña, en el caso que la libra se aprecie, el valor en dólares canadienses de los activos en el país sube, y viceversa. Este riesgo o exposición a los cambios en la moneda extranjera se pueden cubrir o hedgear a través de un crédito paralelo (parallel loan agreement). Pero hay dos problemas con su uso:

  • 1. Poseen riesgo de contraparte: los créditos son instrumentos independientes, por lo que el default de una de las partes no exime a la otra de sus obligaciones contractuales.
  • 2. Existen un impacto en el balance de la compañía: si el balance de la empresa matriz y la subsidiaria tienen que ser consolidados, el crédito paralelo va a inflar el balance (con los consecuentes problemas que ocasiona a los ratios financieros).

Ambos problemas se resuelven mediante el uso de los swaps. Por eso el mercado pasó de los créditos paralelos (parallel loan agreements) a los swaps de monedas (currency swaps).

Los swaps son relativamente recientes en el mundo financiero, ya que fueron públicamente introducidos en 1981 mediante un swap de monedas entre IBM y el Banco Mundial. Ese fue el origen de los swaps.

El riesgo de crédito de un contrato de swap es similar al de un forward (al mismo plazo) pero siempre superior al de un futuro de plazo equivalente por el riesgo de crédito. Siendo una innovación financiera relativamente moderna, un swap no es ni más ni menos que una serie de contratos forwards puestos en un mismo contrato. Un swap es un intercambio de flujos de fondos y es un instrumento derivado, al igual que los futuros y los forwards. Es un contrato over-the-counter, al igual que los forwards y a diferencia de los futuros.

Al igual que los forwards, están menos estandarizados y llevan consigo riesgo de contraparte o de crédito.

Los principales participantes del este mercado son las compañías que quieren transferir sus riesgos a un tercero, o bien que creen que ese es un riesgo que no quieren asumir y lo transfieren.

En un principio los swaps se hacían en forma personal, para satisfacer las necesidades de cada cliente. Posteriormente, al ir entrando más participantes al mercado, se fueron estandarizando los contratos. Y los participantes de este mercado más sofisticado fueron cambiando hacia firmas con más capitalización o bancos que pueden asumir el riesgo de swap en su contabilidad.

Como cualquier cobertura con un derivado, la alternativa de hedgear puede resultar conveniente o no terminar siéndolo para la empresa, pero es o se sabrá una vez finalizado el plazo. Lo que no quiere la empresa es soportar la carga de la incertidumbre y desea cubrirse. Lo que hace la contraparte es especular, o bien sencillamente entrar en una acuerdo de partes con un intercambio de flujos de distintas monedas y/o de distintos tipos de tasas de interés (fija vs. variable) porque cree que dicho intercambio también la cubre a ella de un riesgo que no desea soportar (exactamente el contrario que el de la primera empresa).

Los brokers son los intermediarios que intentan unir las distintas partes involucradas y, por otro lado, están los Dealers que en general son bancos comerciales que son los market makers y los que soportan el riesgo del swap.

Pero también existe el swap de tasas de interés, en el que ambas monedas son las mismas y en el que no hay intercambio de principales, pero sí existe una diferencia en el tipo de tasa de interés que se asume. Se pueden intercambiar flujos de fondos de tasas fijas por otro a tasa variable (si se piensa que las tasas de interés van a bajar en el caso de tener una deuda que honrar), y viceversa.

También existen el denominado basis rate swap, en el que ambas tasas de interés son flotantes. Por ejemplo, un intercambio de flujo atado a la tasa Libor vs. otro atado a la tasa de un comercial paper al mismo plazo.

Puede haber tantos swaps como las necesidades lo requieran

Los aspectos regulatorios e impositivos juegan su papel también. A modo de ejemplo, la emisión de bonos a tasa fija bajo las normas del mercado norteamericano tiene más regulaciones que en el mercado de eurobonos. Pero como no toda empresa americana puede emitir fácilmente en el mercado de eurobonos, se puede usar el swap de tasas para conseguir el mismo resultado.

Y la imaginación de los participantes es el límite. Existen contratos de swaps de un determinado commoditiy por ejemplo en donde una de las partes recibe un flujo basado en una tasa de interés fija y paga según el precio de ese commodity.

Una empresa preferirá emitir deuda a corto plazo y hacer el swap a tasa fija si tiene información de que su spread de crédito será menor en el futuro de los que el mercado estima. A su vez, lo hará si espera tasas libres de riesgo mayores que el consenso de mercado estima, entre otras situaciones.

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