Me gustaría iniciar la columna con una pregunta: ¿qué haría usted si una persona le comentara que tiene una gran deuda en dólares y que la quiere pagar, pero como no tiene las divisas para hacer frente a este compromiso, quiere usar los que usted tiene ahorrados en el banco?

Usted tendría básicamente dos caminos a seguir, decirle que está loco y que los dólares que tiene ahorrados son producto de su trabajo y que los quiere mantener para fortalecer su condición patrimonial, o decirle que está dispuesto a proporcionarle los dólares siempre y cuando le pague el valor en pesos de los mismos. Es decir, usted podría venderle los dólares, de manera tal que la persona que los adquiriera pudiera hacer lo que quisiera con los mismos, pagar su deuda, realizar más compras, etcétera.

Esto viene a colación porque recientemente escuché algunos cuestionamientos con respecto a la utilización de las reservas internacionales de Banco de México. Algunas de las preguntas que escuche son: ¿hasta cuándo va a seguir utilizando Banco de México las reservas internacionales? ¿Por qué se empeña en defender al tipo de cambio? ¿Cuál es la intención de mermar las reservas internacionales cuando le ha costado mucho esfuerzo al país acumularlas? ¿Existen otros caminos para enfrentar las presiones sobre el peso?

En este sentido, me parece pertinente hacer varias puntualizaciones. La primera de ellas es que la depreciación que el peso ha registrado en el transcurso del presente año no ha sido un fenómeno exclusivo de nuestra moneda, sino que se ha observado, incluso de manera más acentuada, en prácticamente todas las monedas de países emergentes debido a la incertidumbre que ha causado el proceso de normalización de la política monetaria en Estados Unidos y al impacto mundial que pudiera tener la desaceleración de la economía China.

Habrá que decir que en nuestro país tenemos desde finales de 1994 un esquema cambiario de libre flotación y que las intervenciones del Instituto Central no buscan ubicar la cotización del peso en un nivel determinado. Esto es un punto que Banco de México ha explicado de manera reiterada.

Para atenuar los movimientos desordenados del tipo de cambio y dotar de una liquidez adecuada al mercado cambiario, Banco de México instrumentó el mecanismo de subastas diarias de dólares que estará vigente al menos hasta el 30 de noviembre, con dos variantes: una a precio mínimo, cuando el peso se deprecie 1% con respecto al cierre del día anterior, y otra igualmente por 200 millones de dólares, sin precio determinado.

Es cierto que la intención de procurar una operación ordenada del mercado cambiario ha ocasionado una disminución de las reservas internacionales de 21,000 millones de dólares (mmd) en lo que va del año, de manera tal que al 6 de noviembre se ubicaron en 175 mmd. Sin embargo, esto no debe de ser visto como un desfalco sino como el resultado de una política que busca fortalecer el marco macroeconómico del país.

Así, la caída de las reservas es algo que no debe de espantar a nadie ya que la filosofía detrás de la acumulación de las reservas internacionales a lo largo de los últimos años era precisamente ésa, tener parque suficiente para enfrentar los momentos de incertidumbre y volatilidad que se pudieran presentar en el contexto internacional.

Tener altas reserva internacionales y no usarlas cuando la volatilidad golpea el mercado cambiario es como tener un auto y no usarlo cuando está lloviendo para que no se gaste. El auto habrá que usarlo siempre para evitar el impacto de las inclemencias del clima y las reservas se tienen que utilizar cuando la estabilidad cambiaria esté en riesgo.

Quienes cuestionan el uso de las reservas y se escandalizan cuando éstas disminuyen pierden de vista que las reservas internacionales tienen un objetivo particular estipulado explícitamente en la Ley de Banco de México. Conforme al artículo 18 de dicha ley, las reservas tendrán como propósito coadyuvar a la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional mediante la compensación de los desequilibrios entre los ingresos y egresos de divisas del país.

Regresando al escenario planteado inicialmente, las reservas no pueden utilizarse para cualquier fin, no se pueden destinar a pagar deuda externa, ni pueden ser utilizadas en el fondeo de programas sociales. Las reservas son propiedad de Banco de México y, por lo tanto, si el gobierno federal quisiera utilizarlas tendría que comprarlas al Instituto Central, y para esto necesita tener los pesos correspondientes. Así como nadie puede disponer de nuestros ahorros, el gobierno federal no puede utilizar recursos que no son de su propiedad.

Es cierto que todo tiene un límite, y que un ataque especulativo extremo podría reducir significativamente el nivel de reservas sin tener un efecto real sobre el tipo de cambio. En este caso, las autoridades financieras tendrían que evaluar la conveniencia de continuar vendiendo dólares o proteger las reservas, dejando que el tipo de cambio aumente hasta que las propias fuerzas del mercado lo estabilicen y, eventualmente, se vaya fortaleciendo cuando se disipe la volatilidad.

Entendiendo que las condiciones actuales son diferentes a las de 1994; es interesante observar que a lo largo de ese año, ante el incremento en las tasas de interés en Estados Unidos y un contexto interno caracterizado por eventos políticos adversos, las reservas internacionales prácticamente desaparecieron al pasar de 30 mmd al inicio del año a cerca de 4 mmd al finalizar 1994.

La caída en las reservas en aquel entonces se debió a la necesidad de darle viabilidad al esquema de bandas de flotación, de manera tal que al buscar puntualmente un nivel para el tipo de cambio se hacía necesario utilizar las reservas necesarias para que la cotización se mantuviera en los límites de la banda superior.

Hoy, Banco de México no tiene la obligación de mantener un nivel particular para el peso y lo único que busca es, como hemos señalado, dotar de la liquidez necesaria al mercado cambiario y procurar una operación ordenada del mismo. Hacia adelante, es altamente probable que la volatilidad en el mercado cambiario continúe, lo que seguramente llevará a las autoridades financieras a evaluar otros mecanismos para paliar la volatilidad cambiaria, como podría ser el mismo incremento en las tasas de interés.

*Manuel Guzmán es director de Gestión de Activos de Monex Grupo Financiero.

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