En lo que te animas a escribirme, permíteme platicarte un poco el contexto , el pulso actual, y para hacerlo sencillo te invito a que pienses en dos actores principales, oferta y demanda, el punto en donde ambos se encuentran y se estampa un precio en las gráficas.

Estando las cosas en donde están, la oferta se multiplica, la demanda no crece al modo de desplazar el excedente producido en estos superciclos agrícolas que hemos visto ligarse alternadamente entre Sudamérica y Norteamérica. En este momento, básicamente la cosecha norteamericana se terminó, grandes producciones que no son récord en trigos, maíz y soya se lograron, y el campo cumplió su cometido, nuevamente una gran campaña; y como nadie siembra para no cosechar, es momento de saber comercializar. El campo ya no aguanta tener agricultores, el campo requiere tener empresarios del campo que entiendan que la labor empieza cuando siembras y termina cuando comercializas, y más veces que menos no hay que llegar a fin de cosecha para comercializar, porque los precios no responden a los tiempos de nadie, hay que tener un plan estratégico. ¿Por qué? Bueno, pues porque se produce en muchos lugares del planeta y el comercio internacional no obliga a competir con el mundo aun cuando comercializas de manera local; y no sólo eso, hoy día hay muchos efectos de mercados externos infiltrados en la formación de precios. Date cuenta como la fuerza del dólar es antagonista del precio de los commodities en dólares.

El dólar fuerte no es amigable con los precios de los commodities, eso por el lado del vendedor; y del lado comprador, las devaluaciones del peso restan poder de compra en dólares y lastiman los márgenes de quien industrializa, porque el consumidor no acepta tan fácil el incremento del producto final y ahí se atora nuevamente el lado del consumo o la demanda. Así que en ese círculo giramos de momento: tenemos un dólar fuerte y una multiplicación de inventarios de granos y oleaginosas en el mundo. Mientras eso sucede, la demanda crece a un ritmo estable, y los precios se sienten limitados en sus crecidas.

Los precios cayendo son malos para los vendedores, pero también para los compradores que intentan atrapar precios bajando como si fuesen cuchillos cayendo, y parece que la mejor receta es esperar a comprar al final con el sentimiento de que en algún momento el mercado puede dar la vuelta y rebotar.

Ahí estamos, en esa tensa calma, en esa instancia en donde Sudamérica siembra hasta en las macetas porque la devaluación en muchos casos les ayuda al ser exportadores. Imagina que hoy el productor brasilero ingresa más reales que cuando la soya estaba en su récord de precio hace unos meses, y mira que la soya cayó 50% en el precio desde entonces en dólares. La ventaja es que la devaluación les permite ingresar muchos reales y ese efecto les beneficia, en especial a los que están comprando en reales el equivalente de sus insumos. Argentina está por definir un nuevo escenario. Tras el día 22 de noviembre, la contienda presidencial podría derivar en un esquema para el campo que los regrese al protagonismo que se aletargó con los golpes constantes de la administración pública a la producción del campo, y así seguimos destacando nuevamente que la demanda simplemente no explota...

Ése es el preámbulo, ahora veamos cómo se mira este tema a razón de los números que nos brinde el USDA y hagamos estrategia. Nunca es demasiado tarde para administrar tus riesgos. Y tú, ¿estás en buenas manos?

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