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Geopolítica

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¿Vacaciones en Crimea? Piénselo dos veces

En la costa, unas abuelitas se dan un chapuzón, un niño salpica a sus hermanos y unos fisicoculturistas lucen sus pectorales.

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Turistas toman el sol en una playa de Simeiz, en la península de Crimea, el 21 de julio.foto: afp

AFP

Sebastepol. Suena un "boom" sobre Sebastopol, en Crimea. ¿Un ejercicio de las fuerzas rusas? ¿Un dron ucraniano? Frente al mar, Gueorgui se encoge de hombros, "acostumbrado" a las explosiones desde que Ucrania ha multiplicado los ataques contra instalaciones energéticas de esta península anexionada por Moscú.

“Todo va bien”, afirma Gueorgui, con un café en la mano. “De hecho, estamos acostumbrados, así que nada nos asusta”, dice este hombre de 31 años, sentado en el parapeto del paseo marítimo con una amiga.

En la costa, unas abuelitas se dan un chapuzón, un niño salpica a sus hermanos y unos fisicoculturistas lucen sus pectorales. En el skatepark, unos adolescentes hacen acrobacias junto a uno de los numerosos refugios que hay en Sebastopol.

Pero en realidad, no todo va bien.

A través de las aplicaciones las alertas llegan a los residentes.

Estas alertas se suceden sin cesar desde mediados de junio, con la intensificación de los ataques ucranianos contra depósitos de hidrocarburos e instalaciones eléctricas.

Los cortes de electricidad y la escasez de combustible forman ya parte del día a día de los 2.4 millones de habitantes de Crimea y de los veraneantes, cuatro años y medio después del inicio de la ofensiva a gran escala de Rusia contra Ucrania.

Además, en estos ataques mueren y resultan heridos civiles con regularidad. El miércoles, el gobernador local nombrado por Moscú, Serguéi Axionov, anunció la muerte de dos personas, fallecidas en un “nuevo ataque nocturno del enemigo”.

En los centros turísticos costeros, los comercios y hoteles que pueden permitírselo cuentan con generadores.

En Yalta, el letargo de la tarde solo se ve interrumpido por el ronroneo de estas máquinas, que funcionan en su mayoría con gasóleo. “No tenemos otra opción”, explica Oksana, que regenta una tienda de comestibles. “O esto o se me derriten todos los helados”.

¿Viaja a Crimea? Piénselo dos veces.

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