Harare. Dos meses después del aniversario del golpe de Estado del 2017 que lo forzó a dejar el poder, el otrora hombre fuerte de Zimbabue Robert Mugabe murió como un “alma en pena”, según familiares y aliados.

Mugabe, quien falleció en Singapur el viernes a los 95 años, había gobernado con mano de hierro al país de África austral ininterrumpidamente durante 37 años y siete meses.

Mugabe era Zimbabue y Zimbabue era Mugabe. Pero en sus últimos años se volvió cada vez más vulnerable e indefenso, según familiares, aliados y analistas. Se inclinó ante la presión y dimitió el 21 de noviembre del 2017 tras un golpe de Estado con apoyo militar, que puso fin a un gobierno cada vez más tiránico que obligó a millones de personas a huir de Zimbabue para escapar de la represión y la ruina económica.

Su entorno afirmó que el golpe de Estado fue algo muy duro para Mugabe, quien no se recuperó de la conmoción. Sobre todo, porque nunca pensó que los militares que él mismo había preparado y en los que había confiado podían traicionarlo.

“Fue repentino, su salud se deterioró increíblemente rápido”, precisó su sobrino Leo.

“Ciego ante la realidad”

El golpe fue preparado durante meses, pero Mugabe estaba “ciego ante la realidad en ese momento”, según Ibbo Mandaza, uno de los intelectuales que trabajó en el gobierno de Mugabe después de la independencia.

“Los últimos años de Mugabe fueron años de extrema vulnerabilidad”, dijo Mandaza, ahora jefe del think tank Southern African Political Series.

Poco después de que los tanques se lanzaran a las calles de Harare en una demostración de fuerza, uno de los aliados de Mugabe, el exministro de Educación e Información Jonathan Moyo, buscó refugio en la casa del líder.

Se convirtió en un “alma rota, destruida y en alguien cuyo mundo se derrumbó delante suyo y lo dejó indefenso”, declaró Moyo en una entrevista telefónica desde Kenia, a donde huyó después del golpe. Los generales tomaron el poder días después de que Mugabe despidiese a su vicepresidente y hubo protestas callejeras masivas, puesto que el otrora todopoderoso dirigente estaba posicionando a su esposa Grace para sucederlo.

Después de días de conversaciones mediadas por el sacerdote jesuita Fidelis Mukonori, Mugabe renunció a su cargo.

Negociar la salida del hombre que gobernó durante casi cuatro décadas “no fue un paseo por el parque”, manifestó en una catedral en las afueras de Harare. “Fue por el interés nacional que decidió dimitir”, añadió Fidelis Mukonori.