Cientos de haitianos retornaban el lunes a México desde un extenso campamento de migrantes al otro lado de la frontera en Del Río, Texas, por temor a ser expulsados a su tierra natal, mientras autoridades estadounidenses organizaban vuelos de regreso a Haití.

El campamento debajo de un puente que cruza el río que divide la frontera es el último foco rojo para las autoridades estadounidenses que buscan detener el flujo de miles de migrantes que huyen de la violencia de las pandillas, la pobreza extrema y los desastres naturales en sus países de origen.

Los primeros vuelos de haitianos expulsados de ahí aterrizaron en Puerto Príncipe el domingo y al menos tres más estaban programados para aterrizar el lunes, según el sitio en internet de seguimiento de trayectos aéreos Flightaware.

La perspectiva de ser deportados movilizó a los residentes del campamento, algunos de los cuales atravesaron continentes durante meses para llegar a la frontera.

"No pueden enviarnos de regreso a Haití porque todo el mundo sabe cómo es Haití en este momento", afirmó el migrante haitiano Wildly Jeanmary a última hora del domingo, vestido solo con calzoncillos y parado en el lado mexicano del río después de cruzarlo.

Empapado, citó el asesinato presidencial de julio como una razón para no regresar con su esposa y su hija de dos años al país más pobre de América. Haití también fue golpeado por un gran terremoto el mes pasado.

El campamento en Del Río, Texas, ha sido el hogar temporal de 12,000 migrantes en algún momento. Muchos partieron desde tan al sur como Chile para llegar allí, con la esperanza de solicitar asilo en Estados Unidos.

El lunes, un flujo constante de inmigrantes de raza negra, en su mayoría haitianos, cruzó el río de regreso a México, incluidas familias con niños pequeños. Cargaban sobre sus cabezas mochilas, maletas y pertenencias en bolsas de plástico.

Del Río se encuentra al otro lado de la frontera con Ciudad Acuña, ubicada en el lado mexicano del Río Grande.

Otro migrante haitiano que se encuentra actualmente en una carretera en el lado mexicano explicó a Reuters que él y otros están viajando al puerto de Tampico, en la costa norte del Golfo de México, con el objetivo de prepararse para su próximo paso tras enterarse de las medidas de Estados Unidos en Del Río.

Un hombre, sin embargo, argumentó que solo había regresado a México en busca de comida para llevar a su familia en el campamento. Confesó que todavía estaba decidido a quedarse en Estados Unidos.

Esperanzas de asilo

El secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, iba a viajar el lunes a Del Río para encontrarse con funcionarios locales.

El domingo, Mayorkas imploró a los migrantes que renunciaran a su viaje hacia el norte, argumentando que el Gobierno "no tiene más remedio" que expulsarlos.

Si bien Joe Biden reculó en muchas de las acciones de inmigración de su predecesor Donald Trump al iniciar su presidencia, dejó en marcha una política de expulsión generalizada de la era de la pandemia del coronavirus por la que la mayoría de los migrantes atrapados cruzando la frontera entre Estados Unidos y México son rápidamente devueltos.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, publicó el lunes una carta dirigida a Biden, solicitando una declaración de emergencia para ese estado sureño como resultado de lo que llamó la crisis fronteriza en curso y refiriéndose específicamente a la situación en Del Río.

Abbott dijo que la cantidad de personas en el campamento llegó a 16,000 el sábado.

No todos ahí vieron frustradas sus esperanzas.

El migrante venezolano Melvin Azuaje, de 31 años, y su hermano menor Manuel, de 11, explicaron a Reuters que iban a volar al estado estadounidense Carolina del Sur, donde los esperaba un primo, después de que se procesaran sus solicitudes de asilo.

Azuaje, quien detalló que tomó la custodia de Manuel después de que su madre murió de cáncer, reveló que habían estado en Del Río durante más de una semana, primero pasando dos días debajo del puente antes de ser trasladados a un centro de procesos migratorios.

Melvin manifestó que estaba ansioso porque Manuel, quien ama el béisbol y las matemáticas, comenzara una nueva vida.

"Se me está poniendo la piel de gallina", indicó mientras transitaba por el aeropuerto de Dallas el domingo por la noche.

kg