Kazajistán, el noveno país más extenso del mundo, que esconde bajo su suelo tesoros en recursos naturales —entre ellos el codiciado uranio— está decidido a convertirse en un actor en la escena mundial, y como parte de ese objetivo ha lanzado una apuesta por inversiones en el mundo, entre ellos América Latina y en particular México.

“El gobierno está en búsqueda de elevar la economía para llevar en alto el nivel de vida de los ciudadanos”, afirmó, en un encuentro con medios en la que estuvo presente El Economista. El embajador de ese país en México, Andrian Yelemessov, reveló que “desde el año 93-94 abrimos el mercado a todo el mundo con el cometido de promocionar el espíritu empresarial”.

Sin embargo, el embajador lamenta que en México inversionistas de su país se encuentren  con grandes obstáculos: aspectos fiscales y problemas de seguridad provocados por el crimen organizado. El diplomático, aprovecha la ocasión, y vuelve criticar al gobierno mexicano por solicitarles visas a los ciudadanos de su país. Kazajistán permite el ingreso de mexicanos sin este documento.

“En Kazajistán no tenemos estas circunstancias. Solicitamos la firma del tratado de tutela de inversiones con el gobierno mexicano”, refiere respecto al tema comercial. Por el contrario, comenta, “Kazajstán ofrece condiciones excepcionales para hacer atractiva las inversiones extranjeras, entre ellas un régimen fiscal liberal que exenta del pago de impuestos a los inversionistas por muchos años; además, el gobierno reembolsa el 30% de la inversión en el momento de “la entrega de llaves” (cuando el negocio abre sus puertas).

En la actualidad, las inversiones extranjeras constituyen la principal fuente de recursos financieros para el desarrollo económico de ese país.

En opinión del embajador Yelemessov, los campos donde podrían realizase proyectos conjuntos con México son en el sector “metalúrgico, petroquímico , energético y farmacéutico”.

En términos estratégicos, Kazajistán tiene la mira puesta en la estela china, uno de los grandes corredores mundiales del comercio como la resurgida “Ruta de la Seda”, gracias a sus buenas relaciones “con todos los países, vecinos y no vecinos”.

El plan chino de la antigua Ruta de la Seda, de los tiempos de Marco Polo, consiste en la creación de infraestructuras en torno al llamado “One Belt One Road” (Un cinturón, una carretera), que busca conectar primero Xinjiang con el resto de China, y luego abrirlo a Asia Central, donde Kazajistán juega un papel clave.

El gobierno del presidente Nursultan Nazarbayev, en el poder desde 1991, aspira a convertir a Kazajistán en uno de los 30 países más desarrollados del mundo para el 2050.

En el terreno diplomático Astana, la capital, acogió las negociaciones de paz para Siria, arrebatándole el privilegio a símbolos tradicionales de la neutralidad como Ginebra o Lausana. El papel de árbitro le ha venido bien a esa nación: voluntariamente renunciamos a las armas nucleares de la era soviética a cambio de una garantía de la seguridad del país, y siguiendo el ejemplo de México creamos una zona libre de armas nucleares”.

Preconiza además que quiere abrirse a la democracia, modernizarse y occidentalizarse cada vez más, inclusive hasta el extremo de cambiar su alfabeto cirílico para adoptar los caracteres latinos.

“La versión del alfabeto y las reglas de ortografía de la lengua kazaja en la carta latina se preparan para finales de este año”, añadió.

Como México, Kazajistán sufre por la caída de los precios del petróleo y el año pasado, por ejemplo, registró devaluación de su moneda ante el dólar; las tasas de interés subieron hasta 17% y el PIB creció 1% contra 1.2% en el 2015, pero el FMI ha pronosticado un aumento este año de entre 1.5 y 2.0 por ciento.

El embajador confía en que ese panorama halagüeño sea propicio para hacer de México una cabeza de playa hacia América Latina.