Islamabad. TRAS LA revelación por parte de Pakistán del nombre del titular de la CIA en el país, creció este martes el distanciamiento entre Washington e Islamabad al confirmar funcionarios de Estados Unidos que la filtración de la agencia de inteligencia de Pakistán fue deliberada.

De resultar cierta la acusación, indicaría que el poderoso aparato de seguridad de Pakistán, lejos de sentirse intimidado por la muerte de Osama Bin Laden a manos de comandos estadounidenses, quiere demostrar su ascendencia sobre Washington y desquitarse por la operación unilateral.

Hace menos de seis meses, la identidad del anterior titular de la CIA en Islamabad fue igualmente filtrada y Washington también culpó de la revelación a ISI, la Agencia de Servicios de Inteligencia de Pakistán.

El hasta hoy encargado de la oficina de la CIA en Pakistán tiene bajo su mando una de las mayores redes de recolección de inteligencia en el mundo y desempeñó un papel crucial en la localización de Bin Laden.

De hecho, el descubrimiento de la presencia de Bin Laden en una ciudad paquistaní resultó ser un bochorno para el Ejército local. Washington lo percibió como una oportunidad para presionar a Pakistán, que recibe miles de millones de dólares anualmente en ayuda de EU para que combata con mayor vigor a los militantes. La furia que desató la operación entre la población fue vista como una oportunidad única por el debilitado gobierno civil en Islamabad para reclamar su preeminencia en las políticas exterior y de seguridad interna, que por mucho tiempo han estado en manos del Ejército.

Sin embargo, la reacción de los mandos de seguridad ha sido de indignación, no de humildad.

Dentro de Pakistán, la operación contra Osama Bin Laden pasó de ser un enorme fracaso de inteligencia a una papa caliente en política. Los partidos de oposición, los medios y el Ejército han atacado sin piedad al impopular gobierno de Zardari, de quien muchos exigen su renuncia.