En los últimos años, las consecuencias a las decisiones, políticas y económicas, parecen dejar una clara sensación de atraso, pese al aparente rumbo de progreso que el mundo busca tan desesperadamente. Las turbulencias económicas y políticas de los últimos años han reflejado una falta de alineación constante entre empresas, los gobiernos mundiales y las economías, por un lado, y resultados sociales aceptables, por el otro.

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Es común escuchar o leer en medios sociales que los usuarios sienten que están siendo dejadas atrás por un sistema injustamente apilado contra ellos. Estas sensaciones fueron un motor invisible del aumento de las ultraderechas mundiales y de parte de dos resultados que sorprendieron al mundo: El sí al Brexit y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

Este año, los franceses esquivaron ser colocados en esa lista de sorpresas electorales pero la realidad muestra que figuras tan extremistas como Marine Le Pen se encuentran al acecho para capitalizar ese sentimiento. Mucha gente, acostumbrada a las sensaciones de esperanza junto con muestras claras de progreso, ahora se ve en una situación que percibe como peor que la de sus padres y creen que el futuro de sus hijos será peor que el suyo. A menudo no hay manera de refutar con argumentos sólidos ese sentimiento.

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Sin importar la perspectiva política o económica, este es claramente un momento de pérdida fundamental de certidumbre. Escasea la confianza en los sistemas políticos y en el impacto del crecimiento económico, el trabajo o el mandato de las instituciones de nuestro mundo globalizado (y la confianza de las personas en ellas) se percibe como insuficiente o inoperante y se aprecia una aparente falta de capacidad de los gobiernos, las empresas y la sociedad civil para responder ante las nuevas necesidades.

Una economía es el motor con el cual las necesidades humanas (y deseos) se pueden satisfacer a través de oportunidades. La eficacia del propio motor está determinada por el grado en que las necesidades humanas se satisfacen y se realizan oportunidades. Durante muchos años, hubo una alineación intencional del crecimiento económico y el progreso social. Los dos típicamente iban de la mano. Esta alineación se basó en un marco institucional para impulsar la recuperación a nivel internacional. Estos marcos se aprovecharon para hacer crecer la economía y facilitar el comercio internacional, lo que a su vez generó enormes progresos en términos sociales.

El crecimiento económico se basó en la globalización, el desarrollo de tecnología y en una visión del valor basada en métricas, principalmente Producto Interno Bruto (PIB) en un nivel macro, y en valor del accionista en una empresa nivel corporativo. Durante un tiempo estas resoluciones, parecieron ser razonables y se esperó que este ciclo representara el orden y la dinámica natural de las cosas y continuaría indefinidamente.

La humanidad parecía moverse a un mundo sin fronteras, en el que prácticamente todas las naciones principales dependían de las economías de mercado para mejorar la vida a nivel social y ahora de manera cada vez más interconectada.

Sin embargo, los tres factores en los que se basó la economía mundial crearon un sistema interdependiente con fallas de origen en algunas de sus formas de medir el progreso. Existe pues una urgente necesidad por revisar el propósito mismo de una economía y los límites que se le pueden exigir a la misma, sobre todo que después de eventos como la crisis económica que empezó en el 2008, demostró la fragilidad de lo que se había planeado.

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Para regresar a los niveles de crecimiento mundiales, la consultora británica PwC admite que el camino por recorrer es innegablemente complejo, pero hay una necesidad urgente de que múltiples partes interesadas-gobiernos, empresas y otros- se comprometan a replantear tanto la manera en que funciona nuestro sistema actual como los resultados previstos.

Para ello enumeró 9 necesidades para lograr que los negocios, las economías y la sociedad vuelvan a alinearse con la misma idea de progreso.

1. El crecimiento económico no es universalmente benigno

El supuesto fundamental de la teoría económica durante los últimos 70 años ha sido que el progreso social sigue al crecimiento económico. Se debe reconocer que esto no es necesariamente cierto. PwC sugiere que debemos orientar intencionalmente los resultados sociales, aprovechando las economías de mercado para hacerlo.

2. Las metas del PIB y los objetivos sociales deben estar entrecruzados

Esto requiere un papel clave para el gobierno y los ciudadanos en el que se debe reflejar las necesidades de las comunidades locales, ciudades y regiones, así como de los países en su conjunto. No todas las necesidades son iguales. Las necesidades humanas básicas deben ser prioritarias, de acuerdo con el concepto de una jerarquía de necesidades.

3. Dedicar más energía a crear comunidades prósperas

Las necesidades humanas son mejor identificadas y manejadas a nivel local. Ciudades, pueblos y aldeas son los lugares donde el progreso social y el éxito económico se encuentran naturalmente. Necesitamos crear condiciones para que estas comunidades prosperen, con los negocios como parte clave del ecosistema. Esto requerirá un cierto replanteamiento tanto del papel del Estado-nación como de la globalización. Tenemos que considerar no sólo cómo operar en un mundo de creciente conexión global sino también con mayor iniciativa local.

4. Necesitamos aprovechar todo el potencial de las economías de mercado

Un papel clave para el gobierno es crear las condiciones necesarias para que se puedan abordar las oportunidades y los desafíos de manera efectiva y conjunta, y así crear el marco institucional para alentar al motor económico a adaptarse a las necesidades y oportunidades humanas.

5. Políticas conjuntas

Los gobiernos y las empresas deben comprometerse a desarrollar políticas que se alineen con los resultados de los negocios, con objetivos más amplios, especialmente en el contexto de las empresas mundiales que operan localmente, reflejando la "licencia para operar" y el "propósito" más amplio. Los más ricos también tienen un papel que desempeñar en la activación de la capacidad y el capital para reflejar objetivos más amplios.

6. Métricas incluyentes

Las métricas individuales de éxito no representan con precisión sistemas complejos. El desempeño financiero es un elemento esencial que sustenta una economía de mercado, pero no puede ser la única forma de medir el desempeño o el éxito de una economía globalizada; se deben considerar otras formas de medir, unas más amplias, que reflejen los resultados objetivos en términos sociales. Tenemos que centrarnos en la gestión de la dualidad del crecimiento del PIB a nivel nacional y de los rendimientos de los accionistas a nivel de empresa con el cumplimiento de un conjunto más amplio de necesidades sociales y personales.

7. El éxito "promedio" no es suficiente

No es suficiente con orientar el progreso global de un país o región o globalmente, porque los resultados pueden variar significativamente de una comunidad o de un país a otro. Se necesitan esfuerzos para adaptar las acciones a cada uno de los casos en particular.

8. La tecnología no puede ser indiferente a su impacto en la sociedad

Existe un riesgo creciente de que la tecnología perjudique los medios de subsistencia y el bienestar de un creciente número de personas, ya sea mediante el desplazamiento de puestos de trabajo a través de la robótica y la inteligencia de las máquinas, el aislamiento social o la interrupción de las comunidades. Esto no tiene que ser verdad. Las tecnologías emergentes pueden ayudar a satisfacer las necesidades humanas de nuevas formas que crean nuevas industrias y tipos imprevistos de nuevos empleos. Esto requerirá una evolución de los sistemas financieros y económicos mundiales y locales para crear las condiciones que permitan que esto suceda. Además, es muy probable que el cambio tecnológico se adopte con eficacia en aquellas partes del mundo ya favorecidas en las últimas décadas. Como resultado, encontrar formas de apoyar el crecimiento de las áreas más desfavorecidas se vuelve aún más crítico.

9. La educación es el motor principal

Necesitamos centrarnos en la educación para ofrecer habilidades para el futuro. Esto requerirá un compromiso directo entre los gobiernos y las empresas para adecuar las necesidades de las personas a las oportunidades, especialmente en un entorno cada vez más tecnológico.

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