La ropa se creó para cubrir el cuerpo humano, pero con el tiempo fue cobrando importancia y pasó de ser un accesorio de tela con buenos arreglos a un elemento que genera estatus y forja la personalidad, lo cual es importante en el mundo laboral, sobre todo al hacer negocios, porque al final “como te ven, te tratan”.

Cuando una persona hace negocios y viste de forma inadecuada para la ocasión, puede perder hasta 2 millones de dólares, indica el estudio sobre negociaciones de alto nivel publicado por el profesor Michael W. Kraus de la Yale School of Management.

En el estudio, Kraus seleccionó a 128 hombres a quienes dividió en tres grupos: con traje y zapatos formales; con playeras blancas, pants y sandalias, y con lo que traían puesto cuando llegaron al estudio. A todos se les pidió actuar como vendedores.

Los resultados mostraron que los del primer grupo obtuvieron ganancias de 2.1 millones de dólares, mientras que quienes vestían de forma más casual perdieron hasta 2.81 millones de dólares. ¿Por qué se producía este efecto?

“Según un estudio de la Universidad de Columbia, vestir bien provoca efectos anímicos, empodera a la persona, le da seguridad, aumenta su autoestima y gracias a ello su productividad aumenta, así como su rentabilidad y esto lo transmiten a sus colaboradores”, explica en entrevista a Factor Capital Humano, Justo Grau, doctor en comunicación e imagen pública y maestro en alta sastrería y diseño de imagen.

Vestir bien no equivale a ser formal

Para Justo Grau, vestir bien no es usar traje, camisas o zapatos formales, sino elegir las prendas adecuadas para el medio donde trabajas. En ocasiones vestir muy formal puede ser incorrecto.

Por ejemplo, un creativo o alguien que trabaja en agencias de publicidad no se vería bien ni se sentiría cómodo portando un traje sastre y tonos oscuros, porque en lugar de ayudarlo reduciría su productividad.

En cambio, vistiendo de forma más relajada y con colores más vivos, como el amarillo o naranja, estaría en un ambiente más cómodo y con mayor flujo de ideas.

Cuando la persona es del área financiera o se rodea de altos ejecutivos, lo prudente es utilizar prendas más producidas como: camisas, blusas, corbatas, sacos y blazers.

El outfit ideal

Grau indica que para elegir el outfit ideal se deben tomar en cuenta tres factores: la empresa para la que trabajas, cómo son las personas con las que interactúas a diario y las circunstancias del momento (si tienes reuniones más formales o los viernes en el trabajo son más informales).

También hay que analizar si hay código de vestimenta en la compañía, ya que “un colaborador no es sólo la imagen de sí mismo, sino de la empresa para la que trabaja, por lo cual la vestimenta debe estar en concordancia con la imagen de la compañía.

“Hablamos de corrección de vestimenta más que del buen vestir. Más allá de la vestimenta, hay otros elementos que conforman la buena imagen pública de la persona. De nada sirve ir bien vestido si no se tiene buena higiene o porte inadecuado, así como mala comunicación verbal y corporal”.

No se trata de lucir guapo

El objetivo de tener una adecuada imagen personal no es lucir más guapo o guapa, como se suele pensar. En realidad, se trata de la habilidad de transmitir sin palabras quiénes somos.

Ante esto, también es importante saber elegir los colores según la situación que se vivirá en el trabajo. Si vas a tener una importante negociación, lo ideal es vestir con tonos azules y blancos porque brindan confianza y transparencia. Debes evitar tonos muy vivos como los rojos deben porque denotan agresividad y actitud dominante.

Otra ocasión en la que la forma de vestir es clave es una entrevista de trabajo. Aquí el candidato tendrá que estudiar el modo en que visten en la compañía, su cultura de trabajo y adecuarse a ello. Si te presentas muy formal en una organización donde no lo son, puedes quedar en desventaja.

“Vístete para el puesto al que quieres acceder y para ello investiga cómo se visten las personas de esos puestos”, afirma Grau.

Si aún tienes dudas de cómo vestir mejor, Grau aconseja acudir a asesores de imagen que pueden cobrar honorarios desde 25,000 hasta 50,000 pesos, dependiendo de tus necesidades.