Ahora David es artista del tatuaje. Una noche de viernes en julio de 2011 su vida cambió. Se ganaba la vida como mesero de un table dance en Tulancingo, Hgo. Estaba trabajando, como un día normal, hasta que unas personas con pasamontañas y con armas de fuego se lo llevaron detenido por un presunto homicidio. Sin derecho a una llamada y sin orden de aprehensión. 

Una noche antes, una pelea entre dos clientes afuera del negocio había terminado con la muerte de uno de ellos. David se percató de la movilización policíaca, pero no presenció el asesinato. Al día siguiente se convirtió en el presunto culpable y después de 7 años en prisión, el sistema penitenciario de México le dijo: “discúlpanos, nos equivocamos. Eres inocente”. 

La falla del sistema hizo que encontrara su verdadera vocación realizando grabados para Prison Art. Hace dos meses salió de prisión. 

“Perdí todo, familia, trabajo, a mi mujer… perdí todo. Trabajé al interior del penal para autofinanciar mi defensa legal”, comenta David.

Reincidencia en el delito 

La falta de acceso a empleo para los exreclusos es un factor para la reincidencia en el delito, aunque no una tendencia, considera Maissa Hubert, directora de sistema penitenciario y reinserción social de Documenta, asociación civil que trabaja por la inclusión y derechos humanos de los exreclusos. 

“En las empresas hace falta trabajar en la no discriminación y estudios sobre reincidencia de las personas liberadas que han conseguido un empleo. Estas cifras ayudarán a sensibilizar a los empresarios sobre cómo sirve tener un empleo después de salir de prisión”, asegura Hubert. 

Paola Zavala, directora general del Instituto de Reinserción Social (DGIRS), el único en el país, asegura que la mayoría de reclusos cometieron robo agravado. Aunque no justifica los delitos, considera que esto es derivado de la marginación de algunos sectores de la población. 

A las personas liberadas les cuesta trabajo conseguir un empleo o tener una vida alejada del crimen. Es muy probable que vuelvan a sus colonias, al mismo círculo social. Tampoco tienen oportunidad de tener una vida distinta porque cuando piden empleo les solicitan su carta de no antecedentes penales”, platica la directora del Instituto de Reinserción Social. 

Exlcusión y marginación

El salario mínimo debe incrementarse. No hemos entendido, afirma Zavala, que si a una persona no se le paga bien, se le mantiene en exclusión y marginación que generan violencia. 

De las personas liberadas que acuden a la DGIRS, sólo 5 por ciento ha logrado un empleo. Otro 20 por ciento son comerciantes informales y el 75 restante, asegura no tener trabajo ni expectativas de conseguir uno. 

El Instituto de Reinserción Social implementó el programa ‘Impulso al Empleo’ con empresas para contratar a personas liberadas. 

Cien exreclusos trabajarán durante tres meses en Burritos México, Alterbike, Fábrica de Polietileno La Cima, Foro Shakespeare, Reinserta A.C y Proyecto IntregrArte. Ganarán 5 mil pesos mensuales. El acuerdo con las empresas es que después de esto período, contraten a quienes acudan a trabajar todos los días, sean puntuales y productivos.

De la cárcel al teatro 

Miguel ‘El Basic’ es actor de teatro a sus 34 años, llegar a eso no fue fácil. En marzo fue liberado del reclusorio de Santa Martha Acatitla en la Ciudad de México. Estuvo encerrado 4 años por robo a transporte público. Su único recuerdo de lo ocurrido antes de su arresto es que una tarde se drogó una tarde y subió a un microbús a cantar rap.

“Me llevaron a la delegación Gustavo A. Madero y vi que pasaron como una hora platicando con un hombre, después me dijeron que me acusaba de haberlo asaltado. Pero francamente no se me hizo conocido su rostro”, explica el Basic. 

Desde enero hasta junio de este año tan sólo en la Ciudad de México han sido liberadas de reclusorios 3 mil 181 personas. Prison Art, Fábrica de Polietileno La Cima, Burritos México, Alterbike y Foro Shakespeare son algunas empresas en México que contratan exreclusos. 

Prison Art da empleo a exreclusos. Los exreclusos graban tatuajes sobre telas y piel que se insertan en bolsos, carteras, chamarras, entre otros productos. Prison Art vende esta mercancía en sus tiendas de Ciudad de México, Cancún, Playa del Carmen, San Miguel de Allende, Berlín, Barcelona e Ibiza. 

Oportunidades para quienes las quieren

Los ‘tatuadores’ cobran un sueldo mensual que oscila entre los 6 mil y 8 mil pesos y un coordinador de equipo de trabajo, como David, puede llegar a ganar hasta 18 mil pesos al mes. 

Actualmente la empresa tiene alrededor de 80 trabajadores, de los cuales la mitad estuvo en un reclusorio. En sus 5 años de existencia, ha dado empleo a alrededor de 30 y 40 expresidiarios más, de los cuales, un aproximado de 20 se han ido de la empresa porque consiguen mejores oportunidades de desarrollo, el resto ha reincidido en delitos. 

Jorge Cueto, fundador y propietario de Prison Art  Foto: Zulleyka Hoyo

Jorge Cueto inició este proyecto para dar una segunda oportunidad a quienes la están buscando. 

“Al salir de prisión muchos de los chavos no tienen preparación, no tienen familia, no tienen trabajo. Pero lo que sí tienen, es una carta de antecedentes penales. Es muy difícil que encuentren empleo”, comenta Cueto. 

Acabar con la estigmatización

El propósito principal de la empresa es acabar con la estigmatización social hacia los exreclusos. Algunos de ellos han estado presos por razones como robar comida, no pagar una pensión, atropellar a alguien por accidente o simplemente por errores del sistema, opina el dueño de Prison Art.  

“Cuando sales no tienes nada. No existe tu pasado, ese murió cuando la gente te olvida mientras estás encerrado, entonces estás muerto. Pero tienes la oportunidad de hacer lo quieras, incluyendo lo que soñaste”, dice David.

Para Cueto trabajar con exreclusos es la oportunidad de demostrarle a la sociedad que chicos como David pueden hacer cosas buenas si se les dedica tiempo y esfuerzo. “Los expresidiarios son un grupo vulnerable porque al salir de la cárcel tienen dificultades para conseguir un empleo, no pueden acceder a créditos y probablemente ya pertenecían a otro grupo vulnerable”, considera. 

La meta de Prison Art para 2022 es tener a 200 personas liberadas trabajando en la empresa. 

Cinco años tras las rejas

Josué (nombre modificado para proteger su identidad) es ayudante general en la fábrica de polietileno La Cima en Ciudad de Méxica. Durante 5  años con 7 meses y 17 días estuvo tras las rejas de los reclusorios oriente y sur de la Ciudad de México. El 16 de octubre de 2012 salió con dos amigas y un amigo a comprar alcohol a una tienda de conveniencia. Ese martes por la noche su vida dio un giro total. 

Un hombre, explica Josué, faltó al respeto a sus amigas, su compañero las defendió y comenzaron los golpes. Cuando salió de la tienda vio a su amigo sometido en el suelo y se involucró en la pelea. Los golpes cesaron y continuaron su camino. “Una patrulla nos detuvo y nos dijo que nos haría una inspección, al bajar del coche a mi amigo se le cayó un cuchillo con sangre. Había lastimado al hombre con el que nos peleamos”, narra el exrecluso. 

Los policías comenzaron el interrogatorio en la calle, minutos después, el sujeto con el que tuvieron la riña los identificó y acusó de lesiones y robo agravado en pandilla. La vida de Josué no volvió a ser la misma a sus 18 años. “Mi familia, mi esposa y mi hija, todo lo perdí. Los amigos desaparecieron”, platica Josué. 

Desde 2014, La Cima contrata a exreclusos

“Cuando ellos salen tienen muchas limitantes para conseguir un trabajo, como la carta de antecedentes penales. La sociedad los rechaza por haber estado en una penitenciaría”, comenta Grace Kamaji, directora del programa de reinserción social en la empresa.

En La Cima trabajan 5 exreclusos, 4 como ayudantes generales y uno como operador. Perciben un sueldo mensual de 5 mil y 11 mil pesos, respectivamente. En los próximos días se integrarán 3 personas más. 

La empresa no da a conocer entre sus empleados el antecedente penal que tenga alguno de ellos para garantizar que puedan empezar con  ‘borrón y cuenta nueva’

“El sentido de pertenencia es importante. Saber que no se forma parte de los delincuentes, sino de la gente que trabaja es fundamental”, dice Kamaji. 

La cadena de restaurantes Burritos México dará trabajo a 30 personas liberadas. La empresa les ofrece un plan de carrera con el que pueden llegar a ser gerentes de sucursales. Serán ayudantes generales y percibirán un sueldo mensual de 5 mil pesos por tres meses, que pagará el gobierno de la Ciudad de México a través del Instituto de Reinserción Social.

Contratación después de tres meses de prueba

Después de tres meses serán contratados por Burritos México si cumplen con el cien por ciento de asistencia, son puntuales y productivos. 

“No fue una decisión sencilla, pero dar empleo a una persona liberada es algo que vale la pena. Es la posibilidad de apoyar la reinserción de alguien que quiere cambiar”, expone el dueño de la cadena de restaurantes, que prefiere mantener el anonimato.

El propietario de Burritos México considera que los exreclusos necesitan recibir el apoyo de familiares, amigos y empresarios. “Darles un trabajo es ayudarlos a que se integren al grupo de la población que se gana la vida dignamente y ya no se sientan parte de un sector que delinque”, asegura. 

Gerardo Martínez es abogado y fundador de Reintegra, una asociación civil que apoya a exreclusos en su reinserción social. Dedicó 20 años de su vida a defender legalmente a las personas acusadas por robos menores. “Las cárceles están llenas de pobres, la gente rica no va la cárcel”, opina. 

Martínez considera que las empresas deben ser conscientes que son parte del problema. Sugiere que deben apoyar a los exreclusos con trabajo.