La lógica nunca cambiará las ?emociones ni las percepciones.

Edward de Bono, escritor ?y psicólogo maltés

En menos de tres meses de este 2017, hemos enfrentado señales de volatilidad financiera internacional y nacional, que hacen evidente la enorme complejidad de pronosticar el comportamiento de variables económicas como el tipo de cambio, que en principio deberían responder a factores eminentemente técnicos, pero que, en la realidad, funcionan en gran medida a partir de percepciones de los agentes económicos, que no siempre responden a criterios específicos de racionalidad.

Conviene recordar que el Banco de México tiene la obligación por mandato de ley, de procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda y, para ello, su tarea central es vigilar el crecimiento de los precios y la paridad cambiaria. La principal herramienta que el Banco tiene a su disposición es la política monetaria; pero hay otros factores que inciden en el tipo de cambio.

Hoy en particular enfrentamos una combinación de factores externos y factores internos. Hasta hace algunos meses, la principal presión venía de los factores externos ya señalados; más que una depreciación del peso se trataba de una apreciación del dólar.

Posteriormente un factor interno que presiona fuertemente el tipo de cambio, se refiere a la debilidad de las finanzas públicas. Desde Calderón y particularmente durante este sexenio la deuda pública ha crecido aceleradamente y hoy alcanza un nivel superior a 50% del Producto Interno Bruto. Tan sólo en este sexenio, para finales del 2017, se estima que habrá crecido la deuda pública histórica en 80 por ciento. Ello explica parte de la debilidad del peso.

Desde la elección del año pasado en Estados Unidos el tipo de cambio había enfrentado una fuerte presión, primero con un alza prácticamente al momento de conocerse el resultado de la elección y, después, con continuas presiones resultado de la percepción de un entorno poco favorable para México de las políticas que, en principio, se piensa que implementará el nuevo gobierno norteamericano. Casi se podía correlacionar la presión cambiaria con un tuit del presidente Trump. Esta presión, sin embargo, era la continuación de una que había iniciado desde finales del 2014, como resultado del debilitamiento de los precios del petróleo y del fortalecimiento del dólar a nivel internacional.

No obstante, a partir de mediados de enero, empezó una tendencia de reducción de la apreciación cambiaria, que permitió en términos generales reducir el tipo de cambio de casi 22 pesos por dólar a cerca de 19.50, aunque manteniéndose la fluctuación.

Esta mejoría tiene su explicación en varios factores. En lo técnico, el Banco de México creó un mecanismo de subasta de coberturas cambiarias. Subastó por lo pronto 1,000 millones de dólares coberturas, siendo la demanda del doble.

No obstante, existen otros factores puramente de percepción. Por un lado, el anuncio de la postergación de la salida de Agustín Carstens del banco central generó tranquilidad en algunos mercados. A ello se sumó otro factor también perceptual, como lo fueron las declaraciones del nuevo secretario de Comercio norteamericano que no se percibieron tan agresivas para una eventual renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Habrá en el futuro inmediato otros factores adicionales que presionen el tipo de cambio. Con la tendencia de alza en las tasas de interés, derivada del alza de la tasa de referencia por la Reserva Federal de Estados Unidos, se genera una presión por mayores pagos de servicio de la deuda externa mexicana. Adicionalmente, por la debilidad de las finanzas públicas, se prevé que en mayo se degrade la calificación crediticia soberana de nuestro país por las calificadoras internacionales, lo cual implicaría también un encarecimiento del endeudamiento público mexicano.

La volatilidad seguirá presente y entre aquellos que pretendan pronosticar en el corto plazo el nivel del tipo de cambio seguiremos observando grandes autoelogios cuando le atinen y silencio cuando sus pronósticos fallen.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en Economía Conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter:

@martinezsolares