El centro de país fue la única región que registró una disminución anual en el comercio minorista en los primeros siete meses del año en curso, es decir, retrocedió uno de los sectores más importantes de la economía nacional y el principal indicador del consumo privado.

En este escenario desfavorable se encontró el Bajío, motor económico en los últimos años por su dinamismo, al obtener su tasa más baja desde el 2009, año de la crisis económica y financiera.

No obstante, la política regional de la administración que encabeza Andrés Manuel López Obrador muestra resultados positivos en consumo privado en la frontera norte (primer lugar en crecimiento del comercio al por menor), con el programa de estímulos fiscales que entró en vigor el primer día del 2019, el cual consiste, en términos generales, en homologar los precios de combustibles con Estados Unidos, el aumento al doble del salario mínimo (176.72 pesos), así como la disminución a las tasas del Impuesto al Valor Agregado a 8% y del Impuesto sobre la Renta a 20 por ciento.

El alza del salario mínimo provoca ostentar más ingresos y, por ende, mayor consumo en los establecimientos comerciales (aún falta medir el impacto de esta medida en los niveles inflacionarios); en la frontera norte la gasolina es más barata que en el resto de México, otro factor que incentiva el consumo.

Así, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en el periodo enero-julio del 2019, los ingresos por suministro de bienes y servicios del comercio minorista aumentaron 1.8% anual en todo el territorio nacional, el mayor nivel en los últimos tres años (comportamiento derivado de la frontera norte).

La baja de 0.7% en la región centro, la primera desde el 2009, derivó de descensos en Morelos (4.4%), Estado de México, Puebla (cada uno con 2.9%), Hidalgo (1.3%) y Ciudad de México (0.3%); sólo Tlaxcala exhibió un incremento (8.3 por ciento).

La capital y el Estado de México son las entidades que más aportan al Producto Interno Bruto (PIB) nacional del comercio minorista, con una contribución de 25.9% del total.

Héctor Magaña Rodríguez, director del Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN) del Tecnológico de Monterrey, dijo que a excepción de la frontera norte, el resto de regiones compartió un común denominador: la desaceleración de la economía nacional, cuyas expectativas de crecimiento resultan poco favorables.

“Esto provoca que las personas modifiquen sus hábitos de consumo, destinando sus recursos hacia los bienes y servicios que consideran indispensables. De esta forma, al existir una menor demanda en los productos, los ingresos derivados del comercio al por menor tienden a mostrar un comportamiento más pasivo”, indicó.

“Este escenario se intensifica en entidades cuya vocación económica se encuentra estrechamente vinculada con la actividad comercial, como es el caso de la Ciudad de México y el Estado de México”, señaló.

Para Eufemia Basilio Morales, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la capital del país y el Estado de México, al ser entidades que concentran la mayor parte de la actividad económica, así como el flujo de recursos, se ven más afectadas, estando más propensas a los impactos que ocasionan la caída del poder adquisitivo por el incremento de precios.

“También hay que considerar que estas entidades se ven afectadas por variaciones en el tipo de cambio, ya que el consumo a veces se da por productos de importación, lo que hace que ante variaciones de éste disminuya la venta al mayoreo y menudeo”, aseguró.

Motor apagado

La otra región del país que muestra signos de debilidad es el Bajío, zona que no figura en los grandes proyectos del gobierno federal; de hecho, ni en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 20196-2024 ni en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) 2020 fue considerada. A esto se suma una reducción del gasto federalizado que se prevé para el próximo ejercicio fiscal.

El comercio minorista creció 0.3% anual en el Bajío durante los primeros siete meses del año, la variación más baja desde el 2009, para un mismo lapso de comparación. ¿El motivo? Descensos de 0.04% en Aguascalientes y 1.2% en San Luis Potosí, así como aumentos —insuficientes— de 0.8% en Guanajuato y 1.5% en Querétaro.

El director del CIEN aseveró que en el Bajío se combinaron diferentes factores, “uno de ellos es la desaceleración que enfrenta el sector industrial, que afecta directamente a prácticamente todas las entidades que conforman dicha región.

“Esta mala racha de la industria se traduce en una menor generación de empleos o incluso en recorte de personal en algunas empresas, lo cual implica que las personas muestren una menor disposición a gastar, afectando con ello al desempeño del comercio minorista”, añadió.

La investigadora de la UNAM agregó que la debilidad en el Bajío responde a que el comercio minorista presentó un crecimiento importante en los últimos años, mediante estrategias aplicadas por parte del gobierno para incidir en el consumo, por lo que la base de comparación es elevada.

“A lo anterior se suma la desaceleración en conjunto de la región, retroceso en salarios reales y empleo, así como la reciente disminución de los apoyos gubernamentales”, expresó.

Es importante destacar que ante este escenario de incertidumbre se creó la Alianza Centro-Bajío-Occidente, que lideran los estados de Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco, Querétaro y San Luis Potosí, con la finalidad de crear una plataforma de promoción económica, atracción de capitales, así como el desarrollo de proyectos regionales en sectores como el agropecuario, industrial, infraestructura, logística, desarrollo social, entre otros rubros.

A este bloque se le sumaría la Alianza Pacífico, en la que ya comenzaron los trabajos las entidades de Michoacán, Guerrero y Colima, con el propósito de potenciar su desarrollo económico y convertirse en la región con la mejor plataforma logística de toda la República Mexicana.

La actividad económica de la Alianza Bajío-Centro-Occidente, que representa 17.4% del PIB nacional, creció 4.2% como promedio anual en los últimos seis años, mientras a nivel país la tasa fue de 2.4%; destaca que los cinco estados de esta región presentaron variaciones superiores a 3.5 por ciento.

Beneficios fiscales

En los primeros siete meses del año, la frontera norte fue la más dinámica en el comercio al por menor, con una variación anual de 4.4%, producto de la implementación de la zona libre en esta región.

Por entidad, destaca el incremento de 11.8% en Baja California (primer lugar nacional y único estado de la franja fronterizo donde todos sus municipios cuentan con los beneficios fiscales del programa federal) y la reducción de 1.1% en Chihuahua.

Magaña Rodríguez refirió que “la única región del país donde se observa un comportamiento favorable del comercio minorista es la frontera norte. Tradicionalmente, en esta zona las personas y establecimientos que se dedican a dicha actividad suelen trasladarse a Estados Unidos para adquirir diversas mercancías”.

“Sin embargo, los beneficios adquiridos por la estrategia de la zona libre y la reciente depreciación del tipo de cambio obligaron a los individuos a realizar las compras de bienes y servicios dentro del territorio nacional, mostrando con ello un desempeño favorable”, comentó.

Eufemia Basilio puntualizó que el dinamismo fronterizo se dio particularmente por la implementación de la zona libre, “acelera el consumo al tener que pagar menor cantidad de impuestos por la adquisición de bienes, lo cual a su vez ha incidido de forma positiva en la economía de estos estados. Los gobernadores de esta región deben saber canalizar las políticas hacia la absorción de estos recursos para que no sea un efecto de corto plazo”.

En relación al sur-sureste, la principal prioridad de la administración federal, los ingresos del comercio al por menor ascendieron 1.5% anual en el lapso de análisis, menor a la tasa de un año previo (1.6%); los resultados de los programas sociales y las grandes obras (Tren Maya y Corredor Transístmico) se verán en el mediano y largo plazo.

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