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Estrés hídrico exige modernizar infraestructura y cambiar gestión del agua en México
México enfrenta una creciente presión sobre sus recursos hídricos debido a una combinación de factores estructurales que limitan el acceso continuo al agua para millones de personas.

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México enfrenta una creciente presión sobre sus recursos hídricos debido a una combinación de factores estructurales que limitan el acceso continuo al agua para millones de personas. De acuerdo con Guillermo Punzo, gerente de Sustentabilidad de Grupo Rotoplas y vocero de bebbia, el país requiere un cambio de paradigma que combine inversión en infraestructura, innovación tecnológica y una gestión más eficiente del recurso para garantizar la seguridad hídrica en el largo plazo.
El especialista explicó que el estrés hídrico responde, en primer lugar, a una distribución desigual entre la disponibilidad de agua y la demanda. Mientras la mayor parte de la población y de la actividad económica se concentra en el centro y norte del país, las regiones cuentan con menores niveles de precipitación y largos periodos de sequía, lo que genera una presión constante sobre las cuencas.
A este fenómeno se suma una infraestructura hidráulica con importantes rezagos. Redes de distribución con fugas, plantas de tratamiento insuficientes y un modelo de gestión que depende de transportar agua desde fuentes cada vez más lejanas elevan los costos y reducen la eficiencia del sistema.
Punzo señaló que el problema se ha agravado en las zonas urbanas por el crecimiento acelerado de la demanda sobre acuíferos ya sobreexplotados y por la falta de mantenimiento de la infraestructura. En las comunidades rurales, en cambio, la principal amenaza proviene de la variabilidad climática, con sequías más prolongadas que afectan tanto el abastecimiento doméstico como las actividades productivas.
Uno de los mayores desafíos es la pérdida de agua en las redes de distribución. El vocero destacó que cerca del 40% del agua destinada al consumo doméstico se desperdicia antes de llegar a los hogares debido a fugas, lo que representa una pérdida significativa de un recurso que ya implicó costos de captación, potabilización y bombeo. A ello se suman las fugas al interior de las viviendas, por lo que llamó a fortalecer una cultura de eficiencia hídrica desde el consumo cotidiano.
El cambio climático y la sobreexplotación de acuíferos también aceleran la crisis. Las lluvias son cada vez más irregulares, con periodos de sequía prolongados seguidos de precipitaciones intensas que la infraestructura existente no logra aprovechar. Paralelamente, numerosos acuíferos extraen más agua de la que logran recargar, comprometiendo la disponibilidad futura.
Frente a este escenario, Punzo destacó el crecimiento de soluciones descentralizadas que complementan la infraestructura pública. Entre ellas sobresalen los sistemas de captación de agua de lluvia, el almacenamiento mediante tinacos y cisternas, así como los equipos de purificación y tratamiento en el punto de uso, que permiten asegurar el acceso al agua y promover su reutilización.
El especialista consideró que los hogares mexicanos ya muestran una importante capacidad de adaptación mediante la incorporación de estas tecnologías y la adopción de hábitos como reparar fugas, reutilizar aguas grises, limpiar periódicamente cisternas y monitorear el consumo.
Finalmente, sostuvo que las políticas públicas deben incentivar la captación pluvial y el reúso del agua en los desarrollos habitacionales, ampliar el tratamiento de aguas residuales, impulsar la tecnificación del sector agrícola y fortalecer los programas que garanticen el acceso equitativo al agua. Afirmó que alcanzar la seguridad hídrica requerirá la participación conjunta de autoridades, empresas y ciudadanía para hacer un uso más responsable del recurso.