La junta de la automotriz europea Opel se reúne el miércoles bajo la presión de su firma matriz, la estadounidense General Motors, para poner fin a años de pérdidas pronunciadas, en momentos en que miles de trabajadores en Alemania y Gran Bretaña temen el cierre de sus plantas.

La junta de 20 personas, que incluye por primera vez al jefe de United Auto Workers, Bob King, se inició en las oficinas centrales de Opel en Ruesselsheim alrededor de las 0900 GMT.

No estaba claro si la dirección presentará un plan de negocios de mediano plazo, que incluiría cierres de plantas, o si se focalizará en temas sensibles como el nombramiento de un nuevo jefe de ventas.

"Todas las señales apuntan, no obstante, a una escalada", dijo una fuente cercana al directorio, que dijo que los cierres de fábricas serían un tema muy difícil de eludir.

El presidente ejecutivo de GM, Dan Akerson, y el presidente de Opel, Steve Girsky, están presionando al presidente ejecutivo de Opel, Karl-Friedrich Stracke, a que reduzca el umbral de rentabilidad de la compañía moviendo la producción desde países con sueldos elevados en Europa occidental hacia mercados emergentes.

Aunque Opel ha dicho que no se cerrarán plantas antes de finales del 2014, en general se espera que la planta de Bochum, que opera hace 50 años, en el oeste de Alemania, sea marcada para cierre, junto con una fábrica en Ellesmere Port, la única planta automotriz que le queda a la compañía en Reino Unido.

"No vamos a empezar a temblar de miedo sólo porque todos están diciendo que Bochum se cerrará", dijo una fuente cercana a los líderes sindicales de la planta. La fuente no estaba autorizada a hablar con medios.

"De todos modos, GM no anunciará hoy el cierre de ninguna planta, porque estarían locos si mostraran su carta del triunfo. En el momento que digan cuáles plantas están seguras, ya no pueden enfrentarse unos contra otros con la esperanza de conseguir concesiones".

La debilidad económica ha afectado las ventas de autos en Europa, obligando a los fabricantes a confrontar elevados costos fijos y una sobrecapacidad que pende sobre el sector. Según Akerson, la sobrecapacidad equivale a hasta 10 plantas.

En los últimos años, la propia plata Amberes de Opel, la planta tristemente poco económica de Fiat en Sicilia y la fábrica Trollhattan de la insolvente automotriz Saab fueron cerradas. A finales de año, Mitsubishi va a terminar la producción de autos en su planta en Holanda.

Pero Europa aún mantiene unas 240 plantas en 27 países y la resistencia política a los cierres ha sido férrea. En Estados Unidos, las tres grandes automotrices de Detroit -GM, Ford y Chrysler (ahora asociado con Fiat)- cerraron 13 plantas entre el 2008 y el 2012.

Expertos del sector esperan una ola de cierres en todo el continente en otras asoladas compañías, como PSA Peugeot Citroen , Renault y Fiat.

RDS