Volkswagen, golpeado por el escándalo de los coches trucados, considera ahora que su competencia con Toyota para convertirse en líder mundial de ventas era una "obsesión" sin mayor sentido, afirmó el nuevo presidente del grupo alemán.

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"Esa obsesión de vender unidades y de apuntar siempre a nuevos récords de ventas tiene poco sentido, desde mi punto de vista", declaró Matthias Müller en una entrevista publicada este lunes por el semanario alemán Wirtschaftswoche.

El grupo Volkswagen (VW), dueño de doce marcas de coches y camiones (entre ellas Seat, Skoda, Bughatti, MAN y Scania) se había propuesto durante la presidencia de Martin Winkentorn arrebatar a Toyota la posición de líder mundial de ventas en 2018 a más tardar.

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El plan iba sobre ruedas, puesto que había logrado ese objetivo por primera vez en el pasado verano boreal, pero la revelación de que había trucado los controles de emisiones contaminantes de millones de coches diésel le arruinó la fiesta y provocó el primer retroceso en diez años de las ventas de VW, la principal marca del grupo.

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El escándalo provocó la renuncia de Winkentorn y su reemplazo por Müller, quien ahora asegura que ese objetivo le deja indiferente.

"Yo no consideraré la dimensión [de las ventas] como un fin en sí mismo. Que seamos los primeros, los segundos o los terceros en volumen de ventas, me da igual", declaró.

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Lo importante, dijo, es que Volkswagen siga siendo un peso pesado del sector, pero "con otra definición" que la cantidad de coches vendidos, indicó.

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