El hecho de que en un eslabón tan importante como lo es el transporte y distribución de petrolíferos se continúa discriminando a los particulares es una mala señal que pone en riesgo las potenciales inversiones en logística, calculadas en 14,000 millones de dólares.

Lo anterior debido a que los particulares, al no tener la certeza de poder participar en este eslabón de la cadena de los hidrocarburos, tendrán que revalorar su modelo de negocio y volver a calcular su tasa interna de retorno sin este componente, y así poder definir si éste es aún un negocio, señaló Marcos Pineda, consultor de negocios.

De acuerdo con testimonios recabados por El Economista, a principios de este mes el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) impidió a empresas como Oxxo Gas, Petro 7, Orsan, Combugas, Nexum y Corporativo Burgos cargar combustible con sus pipas en las terminales de almacenamiento y reparto de Pemex en Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí y Coahuila.

Con la reforma energética se expidieron otras leyes como la Ley de Hidrocarburos, y se emitió una serie de resoluciones de la CRE, que fueron acompañadas de recomendaciones de la Cofece, con el objeto de limitar el poder dominante de Pemex en el mercado y así permitir y promover una mayor participación de otros agentes económicos privados, añadió.

En los hechos, el STPRM pone en riesgo lo antes descrito. Con un acto discrecional, Pemex, abusando de su poder dominante, amenaza a los gasolineros en actividades que hoy son desreguladas y abiertas a la iniciativa privada como lo son el transporte, almacenamiento y distribución, mejor conocido como midstream , expresó.

En esta semana que transcurrió no ha habido un solo pronunciamiento de parte de la autoridad, al saber que el STPRM y Pemex están evitando que los petrolíferos lleguen a las estaciones con calidad y a costos competitivos, y tampoco se ha pronunciado respecto al riesgo de que esta decisión discrecional y unilateral por parte de Pemex significa para las futuras inversiones que necesita el midstream en México.

Desde que se presentó la estrategia de flexibilización de los mercados de gasolinas y diesel por parte de la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la Secretaría de Energía, Profeco, la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) y Petróleos Mexicanos (Pemex), en diciembre del 2016, se buscó que los mercados transiten de un modelo de proveedor único a un esquema abierto y competitivo, en el que diversos jugadores lleven combustibles a todo el territorio nacional.

La estrategia anunciada por el gobierno federal busca que las diferentes empresas gasolineras compitan por la preferencia de los consumidores con base en el precio, servicio y calidad del producto.

Reconocieron también que el modelo anterior desincentivó la inversión en transporte y almacenamiento de combustibles, lo cual derivó en que la infraestructura fuera insuficiente y, por tanto, se tiene una menor seguridad en el abasto de combustibles.

La poca inversión en el segmento de comercialización propició que el mercado nacional contara con menos gasolineras de las que debería haber en una economía del tamaño de la mexicana. Por ejemplo, por cada millón de habitantes, tenemos una cuarta parte de las gasolineras que tiene Estados Unidos y la mitad de las que tiene Brasil.

Según la Sener, con el nuevo esquema se pueden atraer inversiones por 2,000 millones de dólares en transporte y almacenamiento, y al menos 12,000 millones de dólares adicionales para construcción de estaciones de servicio.

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