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Decir que no también es liderar: cómo evitar el exceso de amabilidad
Recompensar motiva a los colaboradores, pero hacerlo en exceso afecta el rendimiento.

El exceso de amabilidad impide tomar riesgos o dar retroalimentación.
Promover una cultura organizacional basada en la empatía y el apoyo favorece un buen clima laboral; sin embargo, cuando la amabilidad se lleva al extremo, puede convertirse en un obstáculo para la productividad y la innovación.
A partir de un análisis realizado en múltiples organizaciones, se demostró que muchos líderes limitan la eficiencia de sus equipos al ser excesivamente amables, lo que provoca que se eviten conversaciones difíciles o tomen riesgos, de acuerdo con Ron Ashkenas, coautor del Manual del Líder de Harvard Business Review y Gali Cooks, presidenta y directora ejecutiva de Leading Edge.
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Esto provoca que los colaboradores no desarrollen su potencial, los recursos no se aprovechan por proyectos de menor valor e incluso puede provocar frustración por no sentirse motivados o con nuevos retos, explican los especialistas a través del blog de Harvard Business Review.
¿A qué se debe el exceso de amabilidad en el liderazgo?
Comunicar o manejar una situación incómoda dentro de las organizaciones es difícil, ya que en el sentido humano, lo que menos se quiere evitar es herir a los demás.
En este contexto, tras el regreso a las oficinas, la amabilidad se ha reforzado como un rasgo clave del liderazgo, especialmente como respuesta a la fatiga emocional y a los cambios en la dinámica laboral.
También se relaciona con la implementación de la Inteligencia Artificial en el ámbito laboral, por lo que muchos líderes desean apoyarse de la conexión humana, la empatía y la amabilidad para no perder la conexión con sus equipos.
Pero, los especialistas hacen énfasis en que confundir la amabilidad con evitar decisiones difíciles y los conflictos es un error, porque en realidad ser amable implica retroalimentación dura o realizar acciones con el fin de que los demás se desarrollen profesionalmente.
Consejos para equilibrar la amabilidad
Aunque se trate de una buena intención tener una relación laboral positiva y agradable con los colaboradores, los buenos líderes destacan más por combinar este rasgo junto con la responsabilidad, dar retroalimentación y por tomar decisiones estratégicas.
Para mejorar el desempeño del equipo, los líderes deben comunicar con claridad las áreas de oportunidad, ofreciendo comentarios sinceros, pero expresados de manera empática.
Sin embargo, también se presenta un problema en los gerentes más empáticos porque antes de dar retroalimentación, sienten angustia por hacerlo, por lo que suelen “endulzar” demasiado el momento a tal punto que deja de ser claro.
De acuerdo con un estudio de Gallup, alrededor de 1,500 gerentes y personal en la operación se les brindó retroalimentación para mejorar los objetivos, lo que derivó en menor rotación de personal y una mejora en el desempeño a comparación de quienes no recibieron comentarios para mejorar su trabajo.
En tanto, los especialistas puntualizan que descartar proyectos y decir no, es un reto para los líderes con exceso de amabilidad. Por ello, recomiendan que las decisiones se toman bajo una estrategia y no por la emoción.
Ron Ashkenas pone como ejemplo cuando trabajó con el director del área de Investigación y desarrollo en una empresa tecnológica, el cual mantenía muchos proyectos con pocos avances.
Por ello, introdujo tres criterios para evaluar proyectos: ¿Existía una vía científica viable para el futuro? ¿El éxito cubriría una necesidad insatisfecha del cliente? ¿Y se encontraba la empresa a la vanguardia de la competencia, basándose en información sobre patentes y mercado?
Aunque había cierta preocupación por la molestia de los investigadores al descartar proyectos, ocurrió lo contrario y los equipos se sintieron aliviados.
En este contexto, aunque decir que no a un proyecto o iniciativa puede parecer difícil, los líderes tienen que mentalizarse que esto puede tener un beneficio mayor.



