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Economía

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La inflación de la ⁠zona euro vuelve a subir y refuerza argumentos para alza de tasas del BCE

La inflación de la ⁠zona euro volvió a acelerarse el mes pasado por el aumento de los costes de la energía ⁠y los servicios.

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Foto: Shutterstock

Reuters

La inflación de la ⁠zona euro volvió a acelerarse el mes pasado por el aumento de los costes de la energía ⁠y los servicios, lo que reforzó los ya sólidos argumentos a favor de una pequeña subida de los tipos de interés del Banco Central Europeo a finales de este mes, según los datos de Eurostat publicados el martes.

Los precios al ⁠consumidor en los 21 países que comparten ⁠el euro subieron al 3.2% en mayo, desde el 3.0% del mes anterior, muy por encima del objetivo del 2% del BCE, pero en línea con un sondeo de Reuters. El aumento estuvo impulsado por una tasa de inflación del 10.9% en los costes de la energía y un incremento del 3.5% en los precios de los servicios.

Como parte de una evolución que probablemente preocupe a los dirigentes monetarios, la inflación subyacente —que excluye los volátiles precios de la energía y los alimentos— también repuntó, al subir al 2.5% desde el 2.2% de abril,apoyada en los servicios y una pequeña aceleración de la inflación de los bienes industriales.

Aunque las cifras son seguidas de cerca por el BCE, es improbable que modifiquen las expectativas de política monetaria a corto plazo. Los responsables del banco central ya han dejado claro que una inflación más alta justifica un aumento de los costes de endeudamiento.

Los mercados financieros han descontado casi por completo una subida de tipos de 25 puntos básicos el 11 de junio, con una o dos más previstas para el otoño boreal. Los elevados precios de la energía corren el riesgo de filtrarse a la economía en general y desencadenar presiones inflacionarias más persistentes.

Incluso si la guerra terminara pronto, según este argumento, el daño a la infraestructura energética y a las cadenas de suministro corporativas ya está hecho, lo que haría lenta la normalización y mantendría los precios altos bien entrada la segunda mitad del año.

Aun así, se espera que cualquier endurecimiento sea modesto y mucho menos agresivo que la serie récord de subidas de tipos de 2022, ya ⁠que el menor crecimiento subyacente limita la capacidad de las empresas para ⁠trasladar los mayores costes.

Indicadores que van desde ⁠las encuestas PMI hasta los propios datos del BCE apuntan a una creciente presión sobre la economía real, y parecen probables nuevos recortes ⁠a unas previsiones de crecimiento ya débiles a medida que la guerra en Irán se prolonga y pesan los altos precios de la energía.

Europa es importadora neta de energía y su sector industrial —ya golpeado por la pérdida del gas ruso barato tras la invasión rusa de Ucrania y por el aumento de los aranceles estadounidenses— se tambalea. Los hogares cuentan con abundantes ahorros y podrían sostener el gasto, pero la experiencia pasada apunta a que los consumidores tienden a volverse rápidamente cautelosos cuando el flujo de noticias empeora.

A diferencia del repunte inflacionario de 2022, el mercado laboral también está más débil, lo que ⁠refuerza esa cautela, dicen los economistas. Esto indica que los altos precios de la energía podrían generar menos efectos de segunda ronda sobre la inflación que hace cuatro años, aliviando parte de la presión sobre el BCE para actuar de forma agresiva.

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