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Cambiar meta de inflación pegaría a credibilidad del Emisor: Villamizar
El codirector del Banco de la República defendió la meta de inflación de 3% pues “la experiencia internacional muestra que es no solo viable, sino estándar en la región” y ejemplificó con países como Chile, Perú, Brasil, y México que mantienen objetivos similares.

Mauricio Villamizar, codirector del Banco de la República de Colombia, es miembro de la Junta del emisor desde febrero de 2021.
La política monetaria en Colombia está en el centro del debate de la agenda económica. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, propuso cambiar la meta de inflación a un nivel de 4% o 5%, en medio de las discusiones sobre el alza en las tasas de interés del Emisor.
Hoy la meta es de 3%, la cual se fijó desde el inicio del esquema de inflación objetivo con la Constitución de 1991.
Mauricio Villamizar, codirector de la junta del Emisor, economista de la Universidad de los Andes, Ph.D. en Economía por la Universidad de Georgetown, en EE.UU., y quien se vinculó al Emisor en 2014 como investigador y, posteriormente, como subgerente de Estudios Económicos, es miembro de la Junta del Banco de la República desde febrero de 2021. El experto considera que modificar la meta erosionaría la credibilidad del Banco Central.
El codirector compartió su visión sobre las afirmaciones que realizó el ministro en la última semana y sobre las expectativas de inflación para el cierre de 2026.
¿Qué opina de la propuesta del ministro de Hacienda de cambiar la meta de inflación?
La experiencia internacional muestra que una meta de inflación de 3% es no solo viable, sino estándar en la región. Países como Chile, Perú, Brasil, Costa Rica, Paraguay y México mantienen objetivos similares y, tras el choque inflacionario de la pandemia, han logrado encaminar nuevamente la inflación hacia esos niveles. De hecho, varias economías avanzadas operan con metas aún más exigentes, cercanas a 2%, como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda, la Unión Europea y Japón.
Es cierto que el valor puntual de 3% pudo haber sido, en su momento, ligeramente distinto. Pero, una vez se ha construido un compromiso institucional alrededor de esa cifra, cambiarla enviaría una señal equivocada: la de ajustar la meta para hacerla más fácil de cumplir. Eso erosionaría la credibilidad que tanto ha costado consolidar. La meta de 3% no es una meta arbitraria ni inadecuada. La teoría y la evidencia sugieren que lo deseable es una inflación baja y estable: suficientemente por encima de cero para permitir ajustes de precios relativos, pero lejos de niveles de dos dígitos.
¿Considera viable hacer cambios en la institucionalidad del Emisor?
El esquema de inflación objetivo no solo ha permitido estabilidad de precios. También ha contribuido al crecimiento económico, a la profundización del sistema financiero y al fortalecimiento de la confianza. El reto es que estos beneficios suelen valorarse únicamente cuando se pierden.
Uno de los principales problemas del debate público es la idea de que se puede cambiar de régimen de manera rápida y sin costos. La realidad es distinta. La consolidación de este esquema fue un proceso largo de aprendizaje institucional, construcción de credibilidad y fortalecimiento técnico.
El Banco pasó toda la década de 1990 preparándose para esta transición, con el objetivo de propiciar el mayor crecimiento posible durante el mayor tiempo posible, reconociendo que dicho crecimiento no es viable sin un prerrequisito básico: la estabilidad de precios. Desde entonces, hemos dedicado cerca de un cuarto de siglo a consolidar y fortalecer este marco. En otras palabras, construir este esquema ha tomado más de tres décadas. Destruirlo, en cambio, puede ocurrir en cuestión de meses.
El Gobierno ha asegurado que el principal beneficiado del aumento de tasas es el sistema financiero. ¿Qué opina de esa afirmación?
La narrativa de que el Banco beneficia al sector financiero cuando aumenta tasas no solo es equivocada, sino que puede desviar una discusión que debería darse en términos técnicos.
Las utilidades bancarias dependen principalmente de tres componentes.
Primero, el costo de provisiones, que tiende a aumentar cuando el crédito se encarece y la morosidad sube. Segundo, las valoraciones de inversiones: cuando suben las tasas de interés, los precios de los bonos existentes, incluidos los TES, caen, afectando negativamente los balances. Y tercero, el margen de intermediación, donde, si bien los bancos pueden cobrar más por los créditos, también enfrentan mayores costos de fondeo, lo que hace que el efecto neto no sea evidente.
En síntesis, no existe una relación directa ni automática entre tasas de interés más altas y mayores utilidades bancarias. Y lo más esencial: las decisiones de política monetaria no buscan favorecer a ningún sector en particular, sino que responden a un objetivo impersonal de estabilidad y sostenibilidad macroeconómica.
¿Qué impacto podría tener la prolongación del conflicto en Medio Oriente en las futuras decisiones de tasa de interés?
En las últimas semanas hemos visto un entorno externo más adverso. Este conjunto de choques recuerda episodios como el observado tras la invasión de Rusia a Ucrania en 2022. Desde ya estamos viendo cómo se generan presiones que los agentes comienzan a incorporar en precios y expectativas del IPC.