La crisis sanitaria por Covid-19 impulsó de manera importante las “ventas por catálogo”. En México miles de personas perdieron sus empleos o vieron sus remuneraciones disminuidas, lo que impulsó la búsqueda de otras fuentes de ingresos. Al mismo tiempo, la necesidad de evitar contacto incrementó el mercado del comercio digital y mecanismos de compra-venta bajo estos esquemas.

Atendiendo a las desigualdades previas del mercado laboral nacional, las mujeres fueron uno de los grupos más golpeados por la pandemia en muchos aspectos. Una de las problemáticas de género que se profundizaron fue la distribución desproporcional de las tareas no remuneradas del hogar como limpieza, mantenimiento o cuidados a niños o adultos mayores.

Especialmente con el confinamiento, las clases en línea y la incidencia de enfermedades las mujeres se vieron obligadas a recortar sus horarios laborales, buscar ocupaciones de medio tiempo o dejar definitivamente sus empleos remunerados para organizar el trabajo del hogar. Y esta fue una oportunidad que han aprovechado las firmas de ventas por catálogo, como Avon, CyZone, Natura, Mary Kay o HND.

Miles de personas han optado por unirse como colaboradores o consultores a estas compañías que ofrecen una gama de productos que van desde el cuidado y belleza hasta enseres para el hogar. “Cuando me quedé sin trabajo por la pandemia, tenía que buscar algo porque los gastos del hogar siguen y una amiga me ofreció vender por catálogo, ahora que ya todo es digital fue más fácil, no es lo mismo que tener un sueldo fijo cada mes pero sí haces algo de dinero y lo bueno es que también podía estar con mis hijas al pendiente de la escuela”, dijo Martha Ramírez, consultora de una compañía de ventas por catálogo en entrevista con El Economista.

La característica fundamental de este negocio es que no existe una relación laboral; las consultoras fungen como representantes y sus ingresos dependen del valor de las ventas que realicen y en algunos casos del número de colaboradoras que logren captar. En México estos mecanismos de “venta directa” tienen un alcance importante en la población.

Se estima que durante el 2020, las ventas por catálogo alcanzaron 89,376 millones de pesos, que representaron apenas una caída de 1.7%, que si se compara con otros rubros del comercio, fue una contracción moderada. De acuerdo con cifras de la Asociación Mexicana de Venta Directa (AMVD) el sector estrella de las ventas por catálogo es el de belleza, que aportó el 46% del total de las ventas de estas compañías.

La digitalización de los catálogos, el incremento en bancarización y el desarrollo de las plataformas de transporte privado también han sido fundamentales en el dinamismo de este sector. Los procesos de visualización de los productos, pago y entrega ya no necesitan contacto como solían hacerlo hace algunos años.

“Yo por ejemplo, les mando por WhatsApp los catálogos, yo vendo de varias marcas, y ahí mismo ellas me dicen que quieren, en qué talla o color, y ya cuando tengo suficientes encargos meto el pedido. La mayoría me paga por transferencia o depósitos, y ya cuando me llegan las cosas yo las mando a mis clientas por un Uber o un Rappi”, comentó.

Aunque parecía que las ventas minoristas que se generan a través de estos canales estaban descendiendo en los años previos, la pandemia abrió la oportunidad a la recuperación del sector y las readaptaciones han consolidado no sólo el incremento en el valor de ventas, también en el número de consultores, que en su mayoría son mujeres.

De acuerdo con el Estudio de Mercado de la Venta Directa 2020, realizado por la Asociación Mexicana de Ventas Directas, el 75% de las personas que se dedican al comercio por catálogo son mujeres y 7 de cada 10 son amas de casa. Lo que refleja cómo estas actividades representan la única oportunidad de ingresos para las mujeres que no tienen un empleo remunerado.

En total son 4 millones 320,000 de personas que están colaborando en estos negocios como consultores; siguiendo las cifras de la AMVA. Y no sólo está creciendo el número de personas en estos esquemas, también la competencia entre los ofertantes.

Sólo la AMVA tiene cerca de 200 compañías de este sector afiliadas; pero se estima que hay muchas más. Y justo en 2019 la brasileña HND entró a México para incorporar su menú de productos al mercado de consumo privado nacional.

Aunque este tipo de transacciones comerciales no se encuentran catalogadas como comercio electrónico, debido a que éste considera sólo las ventas en las que todo el proceso acontece a través de medios digitales, el sector continúa siendo uno de los más importantes para el comercio total en zonas urbanas.

En línea contraria a la tendencia del comercio general, que fue golpeado de manera importante por la pandemia, las ventas exclusivas por internet, catálogos y televisión continúan creciendo a doble dígito. Sólo en lo que va del 2021 (enero-agosto) han logrado un crecimiento promedio de 37% en comparación anual, de acuerdo con cifras desestacionalizadas de la Encuesta Mensual de Empresas Comerciales (EMEC) del Inegi.

Adicionalmente, las compañías esperan un incremento importante de consultoras y consultores al término del 2021. La brasileña HND, por ejemplo, sumó 27,500 representantes de ventas el año pasado a mitad de la pandemia y esperan que ese número alcance 30,500 a fines de este año.

El negocio de las ventas por catálogo que parecía cada vez menos popular entre las personas fue una de las principales fuentes de ingresos de muchas personas, especialmente mujeres, durante la crisis laboral por la Covid-19 y según las proyecciones espera una recuperación importante gracias a la digitalización y el desarrollo de nuevas herramientas para el comercio “sin contacto”.

ana.garcia@eleconomista.mx