La sobrecarga de las labores domésticas y los cuidados en las mujeres mexicanas profundiza otras desigualdades en los ámbitos laboral y socioeconómico. Dedicar más tiempo a las actividades domésticas (remuneradas o no remuneradas) aleja a las mujeres de sus derechos laborales, por un lado, por la falta de acceso a prestaciones sociales y por el otro porque sus ingresos son vulnerables a otros factores.

En México las mujeres que sólo se dedican al hogar destinan en promedio casi 58 horas a la semana a las labores domésticas y el cuidado de hijos o adultos mayores, mientras que los hombres dedicados al hogar sólo destinan 38 horas a estas actividades, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

La representación de las mujeres en el trabajo doméstico total del país es mucho mayor que la de los hombres. Del total de mujeres mayores de 12 años, el 19% dedica su tiempo exclusivamente a cuidados y trabajo en casa, mientras que para los hombres sólo el 4.2% lo dedica a estas actividades.

El trabajo doméstico no remunerado provoca que todas las mujeres cuya única ocupación son estas actividades no tenga la posibilidad de acceder a ingresos, prestaciones, seguridad social y sistemas para el ahorro.

Mujeres que trabajan, también hacen más labores en casa

Por otro lado, aun cuando las mujeres sí tienen un empleo remunerado, las labores domésticas siguen recayendo en ellas. De acuerdo con las estimaciones del Inegi, entre el trabajo, la familia y las tareas en casa las mujeres ocupan 77 horas cada semana; mientras que para los hombres la jornada es de 68 horas por semana.

Las mujeres ocupadas y al mismo tiempo encargadas de la casa y de otros integrantes del hogar representan el 15% del total de la población femenina mayor de 12 años; la cifra para los hombres baja al 10 por ciento.

Casi ninguna mujer se dedica exclusivamente a su empleo

El rubro que muestra específicamente la brecha entre la condición de las ocupaciones entre hombres y mujeres es el que contempla a la población que sólo se dedica a actividades remuneradas en el mercado. En México sólo 2 de cada 100 mujeres son exclusivamente trabajadoras, en contraste con 26 de cada 100 hombres.

Esta proporción evidencia la vulnerabilidad de la población femenina en términos laborales debido a que la proporción de hombres que tienen acceso a ingresos laborales y pueden deslindarse de actividades del hogar es 24% más alta que la de las mujeres.

Ingresos de las mujeres no dependen de ellas

Mientras que el mayor concentrado de ingresos de los hombres proviene de su trabajo, gran parte de los ingresos de las mujeres son transferencias, remesas o apoyos públicos, es decir, dinero que no depende de ellas.

Las ocupaciones en las que se desempeñan las mujeres en México y la sobrecarga que tienen de labores domésticas y cuidados las colocan en una posición de desigualdad frente a sus pares hombres en el ámbito laboral y en su situación socioeconómica.

Por cada 100 pesos que los hombres reciben por jubilaciones, pensiones o indemnizaciones las mujeres reciben sólo 90 pesos; por cada 100 pesos que los hombres reciben por concepto de becas gubernamentales las mujeres reciben apenas 88 pesos.

Mientras que por cada 100 pesos que los hombres reciben por donativos en dinero de instituciones o personas, las mujeres reciben 157 pesos; de cada 100 pesos que los hombres reciben por remesas las mujeres reciben 148 pesos.

El trabajo doméstico es una de las ocupaciones más vulnerables en términos de derechos laborales y está desproporcionalmente recargado en las mujeres, ya sea de manera remunerada o no remunerada. Esta repartición inequitativa multiplica los efectos de las desigualdades de género en el país principalmente porque: las mujeres trabajan más, ganan menos, sus ingresos son más vulnerables y tienen menor acceso a las prestaciones sociales.