Las grandes masas de espectadores, vistas más como un conjunto que como unidades menores, quedaron atrás, y eso queda de manifiesto en eventos deportivos como la Serie Mundial.

En el presente Clásico de Otoño, que hoy podría ver coronarse a los Astros de Houston sobre los Nacionales de Washington, tiene su mayor cantidad de televidentes reunidos ante el monitor en el quinto juego, que ganó Houston 7-1, con un total de 17.63 millones de personas, y el juego cuatro arrojó la menor cantidad con 10.21 millones. Como promedio, tras cinco encuentros, brinda 12.83 millones de espectadores, que se eleva a 13.38 al tomar en cuenta la transmisión en español y la plataforma streaming de la cadena FOX en Estados Unidos, la principal distribuidora de la señal para televisión. Un aumento apenas de 4.29%, lo que sugiere que el consumo alternativo a la televisor tradicional no impacta demasiado.

Si consideramos las Series Mundiales de 2010 a 2018, los primeros cuatro juegos, el mínimo a disputar, arrojaron todos promedios menores a las medias de los primeros cuatro encuentros de las pasadas nueve ediciones. El juego cinco de este año igualó el promedio para todos los duelos cinco del periodo 2010-18: 17.63 millones de televidentes.

Durante los cotejos uno y cuatro, esta Serie Mundial estuvo por debajo de la menos vista, la 2012, pero el quinto frente llevó a que la superara por muy poco en promedio por duelo. Pero esto no es lo más grave.

Desde la década de los 70 (1972-79, ya que los datos obtenidos datan desde 1972), cuando se regularizó la medición del rating en Estados Unidos, a la década actual (2010-19), la media de espectadores por TV ha caído 54%, de 34.99 millones por juego a 15.93. Se debe reconocer que desde los 70 hasta la actualidad ha cambiado mucho la forma de consumir contenidos audiovisuales por parte de las audiencias. Primero se paso de la televisión pública a la privada y a la televisión por cable y satelital. Con tanta oferta televisiva se debía competir por la atención de los consumidores. En esta época no sólo se pretendía alcanzar el dinero del individuo, sino que se competía por su tiempo también.

Para el académico Michael Goldhaber, la atención pasó a ser un recurso escaso, más que el dinero, así que las marcas que quisiera mejorar sus ingresos, debía apelar a esta más que al bolsillo, es decir, debían priorizar el tiempo de las personas porque el dinero no jugaba el rol principal, sino que fluía a través de la atención.

La era de la economía de la atención alcanzó su cenit a finales de los 90 y la década pasada. Ahora, para Gideon Lichfield del MIT Technology Review, ese periodo ya finalizó en las audiencias mediáticas, y el dinero vuelve a la cima. Ya terminó el lapso de toxicidad y contenido de baja calidad e incluso falso. Con el dinero como guía, el valor a largo plazo vuelve a dictar el consumo, sobre la breve gratificación.

Pero, en todo esto, también está la fragmentación del consumo, derivada de la cantidad de oferta de contenidos y de la diversidad de dispositivos para consumirlos. Ya la MLB no sólo compite con las otras principales ligas deportivas, sino que compite con el amplio abanico de entretenimiento como la música, el cine, las series, videojuegos, etcétera, tanto en vivo, como se consume el beisbol y los deportes en general, como bajo demanda (Netflix, por ejemplo).

Sí, el beisbol ya no es el pasatiempo nacional de los Estados Unidos (superado por la NFL). Sí, la televisión ya no vive su época dorada (aunque se mantiene como una de las principales plataformas de consumo audiovisual). Sí, las asistencias a los parques de Grandes Ligas volvieron a caer en 2019; sí, los ratings también van a la baja (pese a que el promedio de edad de los aficionados estadounidenses bajó de 55 a 51 años y países como Japón, con un 2%, y México, 4%, han crecido y bajado la edad de sus fans). Pero los ingresos aumentan para la MLB gracias a los derechos de transmisión y las estaciones locales siguen explotando comercialmente sus juegos en horario prime time con sus anunciantes.

Sin distraerse con lo económico, quizás MLB puede resurgir a través del valor a largo plazo en el consumo una vez superada la economía de la atención y mejorar en asistencia y televidentes. Si es así, las críticas por la duración de los juegos comenzarán a diluirse.