“El agua siempre busca su camino. Siempre busca seguir”, dice Nuria Diosdado (Guadalajara, Jalisco; 22 de agosto de 1990), al terminar su entrenamiento de nado sincronizado al ritmo de ‘Maniac’, canción de pop-rock de los 80. Esa misma melodía la acompañó en Tokio 2020, donde tuvo su tercera participación olímpica y su segunda final consecutiva (tras Río 2016); sin embargo, esta vez lo hizo con una serenidad inédita.

“El principal aprendizaje que me dejó la pandemia, con el que me doy cuenta que soy otra totalmente, es que ahora me dejo llevar, fluir y veo cómo las cosas se acomodan sin estresarme de más. Antes era muy estresada con mis metas escritas en un pizarrón y me aferraba a ellas. El hecho de que llegara una pandemia y me borrara todas me hizo entender que tenía que disfrutar más, vivir el hoy”, cuenta Nuria a El Economista.

Antes del covid, ella tenía un objetivo principal en Tokio 2020: superar el 11º lugar de Río 2016, que ha sido su mejor participación olímpica. No pudo conseguirlo, ya que terminó en 12, aunque se convirtió en la primera mexicana con dos finales consecutivas desde Sídney 2000 (Erika y Lilian Leal lo lograron también en 1996). Ante el aplazamiento, la incertidumbre y el distanciamiento, Nuria replanteó su presencia en Japón.

¿Qué historia quieres contar con tu música y tu rutina en Tokio?

“Sobre todo en estos Olímpicos busco disfrutar, que se note ese goce, que desde el momento en que la cámara logre enfocar nuestras caras (junto a su compañera, Joana Jiménez) se vea energía y pasión. Una de nuestras rutinas trae una historia de equilibrio entre el bien y el mal, es un mensaje que no vamos a explicar con letreros, simplemente lo hemos querido hacer así para sentir ese equilibrio que tenemos que buscar en este año que ha sido de tantos cambios. La estabilidad emocional en uno mismo es lo que nos ha hecho salir adelante”.

Nuria Diosdado entró a la natación a los cinco años. Recuerda que estaba enferma, le iban a poner una inyección y su papá le dijo: “esta vacuna es para que a Nuria le guste nadar”. Y así fue. En los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2010 logró seis oros (que le fueron arrebatados por dopaje) y en los Panamericanos 2015 y 2019 dos platas en total, además de meter a México en el Top 15 mundial en la especialidad de dueto.

Con tres décadas de vida, hace un repaso de los 25 años que lleva como nadadora, 15 de ellos como seleccionada nacional, pese a que en sus inicios recibió diversos comentarios de que no era buena y que mejor debía retirarse.

“Ahora me siento con más experiencia, emocionalmente mucho más equilibrada, tengo la fortuna de decir que cada año me siento mejor pero sí, hace 10 años los entrenamientos no pesaban tanto. Aunque soy joven dentro de mi deporte, empiezas desde muy chica y las cargas ahora pesan más, pero la parte mental la tengo mucho más fuerte”.

Conforme se ha hecho más madura, ha explicado su filosofía para trascender: “con la actitud puedes superar a la aptitud” o “es válido renunciar si lo intentaste y te diste cuenta que no era para ti”. Con esas frases, deja clara su manera de trabajar.

Para no dejarse caer por la presión, Nuria se desconecta de la natación al ver una película, cocinar o salir a caminar. Pero su principal distractor, asegura, han sido sus estudios: es Licenciada en Administración de Negocios y Maestra en Mercadotecnia por la Universidad Anáhuac, y durante la pandemia inició una segunda maestría en Consultoría e Imagen Pública por el Colegio de Imagen Pública.

“Estudiar es básico porque el deporte se acaba pronto, pero la cabeza, las aptitudes y lo académico siempre tienen que prevalecer. Yo lo tuve muy claro desde siempre y además fue uno de los requisitos que mis papás me dijeron: sí, te vas a la Ciudad de México, pero no vas a dejar de estudiar. Me ayuda mucho el tener esta vida paralela para no crear un círculo tóxico con el deporte. Antes el deporte y la escuela no se combinaban, pero ahora sí, ya hay mucha oferta académica que está hecha para nosotros”.

Aprovechando su experiencia deportiva y sus conocimientos académicos, Nuria Diosdado planea crear un proyecto para enseñar a las próximas generaciones de atletas a gestionar su imagen y conseguir mejores patrocinios. Señala que en México hacen falta personas u organizaciones que se encarguen de ser ese engrane entre deportistas, marcas e instituciones tanto públicas como privadas.

“Me visualizo aquí en México apoyando al deporte. No me veo en ninguna institución gubernamental, sino haciendo cosas en lo privado, como atleta he visto que no hay una liga entre el empresario, las instituciones y las marcas, que no voltean a ver a los atletas porque no hay alguien que nos muestre o nos diga todas las cosas que podemos hacer. Me encantaría crear un proyecto así para ser un escalón entre el atleta y todas estas cuestiones. Si bien aún no sé cuándo me retiraré, es algo que veo cerca”.

Otra razón por la que la nadadora quisiera dedicarse a esto es porque ella misma ha vivido dificultades para obtener patrocinios. En la actualidad lleva cinco años de relación con Adidas, tres con Mercedes Benz, ocho con la organización ‘Hablemos de Azúcar’ y en este ciclo olímpico también fue respaldada por Primavera.

“No es fácil como deportista de este país que pongan el ojo en ti, tienes que cumplir muchos requisitos, como el hecho de que no te ven si no estás presente en redes sociales. Esa parte me gustaría trabajarla, porque hay muchos deportistas que tienen estas carencias de no saber hablar, cómo usar una fotografía, y puede ser que sean buenos pero las marcas no los conocen. Me gustaría asesorarlos para que puedan crear esa imagen, su propia marca para saberse vender”.

Nuria Diosdado se autorretrata como una persona muy emocional. Las únicas cosas que borran su contagiosa sonrisa son las mentiras y el ver sufrir a sus seres queridos. Es por ello que en sus rutinas elige música que le permita contar una historia: “La música para mí es básica, yo vivo con ella, es sentimiento, reflejar lo que sientes, una etapa de tu vida. Las canciones que elijo siempre tienen una historia, escojo lo que me transmite algo más o me remonta a algún momento”.

Ese es el impacto que logró generar junto a Joana Jiménez para lograr el pase a la final de Tokio 2020: “Eso queríamos, que se prendiera la alberca olímpica, que si no iba a haber público, justo el poco público que hay bailara con nosotras”, dijo tras obtener 25.9000 en ejecución, 34.6667 en impresión artística y 26.0000 en dificultad, con cero penalizaciones, durante la final. No obstante, su sumatoria final de 173.1857 se quedó lejos de Ucrania (bronce/189.4620), China (plata/192.4499) y Rusia (oro/195.9079).

Nuria está consciente que México no es una potencia en este deporte como Rusia, que ha ganado 10 de 18 oros posibles desde 1984 hasta 2016. Pero tal como en sus inicios, cuando le decían que no era buena, la mexicana ha aprendido a asimilar su realidad y trabajarla para transformarla.

Con sus audífonos escuchando a Queen, Coldplay o The Killers, levanta la frente, sonríe y sigue en pie de lucha. Así es como ella se fusiona con el agua, con quien comparte una filosofía: “siempre buscar el camino, siempre buscar seguir”.

fredi.figueroa@eleconomista.mx