Melbourne.- Conseguir el objetivo de toda una vida puede contentar a algunos jugadores pero también dañar su ambición. Sin embargo, nada podría estar más lejos del caso del tenista Andy Murray.

La victoria del escocés en el Abierto de Estados Unidos en septiembre llegó tras su triunfo en los Juegos Olímpicos el mes anterior, y fue la realización de un sueño.

Pero con la nueva calma que trae el éxito, el tenista de 25 años está más decidido que nunca a sumar más títulos del Grand Slam a su historial, empezando por el Abierto de Australia, que comienza el lunes en Melbourne.

"El Abierto de Estados Unidos y las Olimpiadas me motivaron mucho", dijo Murray a periodistas. "No fue una situación de 'Oh, ya está todo hecho'".

"Ha costado mucho tiempo llegar allí y ganar esta clase de torneos. Ahora conozco la sensación de ganarlos y merece la pena todo el trabajo que inviertes", aseguró.

Los históricos logros del 2012 hicieron que Murray vea las cosas desde otro ángulo.

"En el pasado había muchas preguntas. No era lo bastante fuerte físicamente. No era lo bastante fuerte mentalmente. No escuchaba a mis entrenadores", dijo.

"Fuera lo que fuera, nada de eso me preocupa ya. Sólo busco maneras de seguir mejorando", afirmó.

La próxima tarea comienza el lunes, cuando Murray aspira a convertirse en el primer hombre de la era de los torneos abiertos en continuar su primera victoria en el Grand Slam ganando el siguiente torneo grande.

Abierto de Australia

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Es una tarea difícil: Pete Sampras, que ganó 14 en total, tardó 11 pruebas del Grand Slam en ganar su segundo título; mientras que Novak Djokovic, el hombre a quien derrotó Murray en Nueva York, esperó otros 12 para ganar el segundo.

Murray retomó las cosas donde las dejó en 2012 ganando su primer torneo del año en Brisbane, y llegará a Melbourne como segundo favorito al título por detrás de Djokovic.

En los últimos 12 meses, Murray se ha transformado en un héroe nacional.

Cuando perdió ante Roger Federer la final de Wimbledon el verano pasado, su cuarta derrota en finales del Grand Slam, todo eran críticas.

Sus detractores afirmaron que había perdido su oportunidad, que al llegar a los 25 años su capacidad empezaba a menguar.

Pero cuando luchó por contener las lágrimas en un emotivo discurso de finalista en Wimbledon, el efecto fue poner al público de su parte, quizá más que si hubiera ganado.

Y cuando llegaron los Juegos, en esa misma sede apenas unas semanas después, ofreció un inspirado tenis con el que derrotó a Djokovic en semifinales y a Federer en la lucha por la medalla de oro.

Después mantuvo el nivel y la concentración en Nueva York, venciendo a Djokovic y convirtiéndose en el primer hombre británico en ganar un título individual del Grand Slam en 76 años.

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