Japón necesitará de ingenio, administración y más inversión por parte del gobierno para aguantar el tiempo de espera y recibir la cosecha de la derrama económica que representa la fuerza económica de los Juegos Olímpicos.

Infraestructura, reservaciones de hoteles, vuelos y empleos se quedaron varados este 2020. Los Juegos Olímpicos de Tokio, desde hace dos años eran ya considerados como un motor económico importante, y actualmente se desarrollan en una economía con poco dinamismo.

“Quiero hacer de los Juegos Olímpicos un detonante para barrer 15 años de deflación y declive económico”, dijo el primer ministro Shinzō Abe, después de enterarse de la candidatura ganadora de Japón en el 2013.

Y tan sólo con el aplazamiento de la fecha, algunas estimaciones muestran que Japón, la tercera economía más grande del mundo, perderá hasta 75, 000 millones en ingresos.

“La probabilidad de recesión es muy alta”, comentó Jesper Koll, economista japonés en Wisdom Tree de CBS News.

El impulso del megaevento a la economía de Japón —según el Banco de Japón— toma dos formas: el aumento del gasto en infraestructura antes del evento y el crecimiento del turismo. La inversión en construcción, renovación de estadios, Villa Olímpica, hoteles y desarrollo de transporte, se estima entre 0.1 y 0.2% del Producto Interno Bruto de Japón, de acuerdo con un estudio de impacto económico elaborado por el Banco Central de Japón.

El nuevo Estadio Nacional representa por ejemplo, un esfuerzo de reconstrucción de 1,400 millones de dólares para la ciudad de Tokio y no verá su debut como la gran pieza central de los Juegos Olímpicos del 2020.

Las principales aerolíneas estadounidenses, por otro lado, cortaron sus vuelos a Asia. El aeropuerto internacional de Narita y el de Haneda dan servicio a Tokio y esperaban que hasta 2 millones de turistas aterrizaran sólo por los Juegos Olímpicos.

El famoso Okura Tokyo Hotel, construido a tiempo para los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, gastó aproximadamente 1, 000 millones de dólares en una remodelación total para hospedar turistas, junto con una serie de otros hoteles y Airbnb que ya tenían reservaciones.

Las principales empresas también han invertido un estimado de 1, 250 millones de dólares en el evento en forma de anuncios y patrocinios.

El medio Nikkei Asian Review informó que el comité organizador de Tokio ha estimado que los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio costarán 2,700 millones de dólares, debido a costos laborales y otros adicionales. Tampoco hay garantía de que los 80,000 voluntarios que debían estar en Tokio este verano estarán disponibles el próximo año.

“Obviamente, el ambiente de celebración de los Juegos Olímpicos ya se había desvanecido debido al coronavirus y ahora sólo necesitamos comenzar de nuevo”, comentó a Nikkei Asian Review  un funcionario de uno de los patrocinadores de los Juegos.

El medio japonés Koichi Teratani que comenzaba a imprimir 40,000 copias de una guía bilingüe para hacerle promoción al distrito turístico Kabukichō (un área de bares, restaurantes y clubes) estima que el aplazamiento fue un segundo golpe para las empresas locales que se recuperan de los costos financieros infligidos por la pandemia de coronavirus.

“Las utilizaremos (guías) durante un año más, aunque algunos de los datos van a estar un poco anticuados”, mencionó.

Se espera que el primer aplazamiento en los 124 años de historia moderna de los Juegos Olímpicos sea un dolor de cabeza financiero para las innumerables empresas con una participación financiera en los Juegos.

Encuestas recientes en Japón indican que aproximadamente 70% de los entrevistados se resignaron a un aplazamiento tan pronto como quedó claro que el coronavirus tardaría meses en controlarse. Y califican el estado de ánimo de los japonenses con la frase japonesa shikata ga nai (no se puede evitar), es decir, significa una respuesta a cualquier situación sobre la cual las personas consideran que no tienen influencia.

De acuerdo al Banco de Japón, el gasto extra durante la espera elevará el nivel de deuda de ese país, que actualmente es más de dos veces y media la producción económica anual total de la nación y el más grande entre 188 países.  En octubre pasado, el gobierno aumentó un impuesto al consumo sobre una amplia variedad de bienes y servicios a 10% desde 8% (en parte) para ayudar a pagar la deuda y los costos de asistencia social que respaldan el rápido envejecimiento de la población de Japón.

El COI designó un grupo de trabajo para gestionar la reprogramación de los JO, que tienen como reto una orientación en salud pública en los entornos competitivos y un calendario de eventos abarrotados en el resto de los deportes.

marisol.rojas@eleconomista.mx