Jared Borgetti, Oswaldo Sánchez, Christian Benítez y Rodrigo ‘Pony’ Ruiz están inmortalizados en estatuas dentro del estadio Corona TSM, casa de Santos Laguna desde 2009. Comparten récords de goles y participaciones con el club, pero ninguno de ellos fue producto de sus fuerzas básicas.

En sus primeros 30 años de historia, el club no se caracterizaba por forjar jugadores. Su éxito se basaba en comprar jugadores a precio modesto y revenderlos, como lo hicieron con ‘Chucho’ Benítez, vendido al América en 10 millones de dólares cuando su valor era de cuatro millones.

El panorama actual es diferente bajo la gestión del entrenador Guillermo Almada, quien ha debutado a 10 jugadores desde que llegó en el Clausura 2019 (tres torneos completos y dos jornadas del Guardianes 2021) y además impulsó la venta de Gerardo Arteaga a Bélgica por cerca de 4.2 millones de dólares.

“Santos tiene una estructura de primera línea. Dentro de las cosas por las que se nos contrató era proyectar a los jugadores jóvenes con nuestra experiencia en anteriores clubes.

Hicimos un estudio de jugadores que hay en formativas y hay muy buen material, se hace un excelente trabajo y estamos dándoles espacio y complementando su formación no solo como futbolistas sino como personas, nos preocupamos muchísimo por eso”, señala el uruguayo en entrevista con El Economista.

Apenas en su primer torneo completo dirigiendo en México, el Apertura 2019, Almada fue líder general con 37 puntos, aunque fue eliminado en cuartos de final.

Desde entonces, ha debutado a 10 canteranos tanto en liga como en copa: Adrián Lozano, Edgar Games, Jonathan Díaz, Diego Medina, Germán Egüade, Jordan Carrillo, Santiago Muñoz, Jesús Ocejo, Jair González y Omar Campos.

Otros canteranos que ya habían debutado encontraron su mejor momento con Almada, como el portero Carlos Acevedo (24 años), quien apenas con un torneo como titular fue designado capitán para el torneo Guardianes 2021.

“Hemos mirado hacia las fuerzas básicas por las necesidades que teníamos con las transferencias de jugadores importantes y hemos prevenido esta situación trabajando con ellos con anticipación. No les hemos regalado nada (a los jóvenes) y estamos muy satisfechos con lo que han demostrado, nos han respaldado con esa confianza que les hemos dado”.

Guillermo Almada llegó a México tras ser campeón de liga en Ecuador con el Barcelona de Guayaquil y previamente trabajó con River Plate de su natal Uruguay, clubes en los que acuñó su sello como formador de jóvenes y en los que asegura que se vive un contexto diferente: “Cuando empecé en River, permanentemente sufríamos una sangría (baja) de jugadores. Cada seis meses, entre cuatro o cinco jóvenes de 18 o 19 años eran comprados. En Uruguay es distinto porque se vive de las transferencias de los jóvenes y transferimos muchísimos a Europa”.

¿Qué le falta a los jóvenes mexicanos para explotar como los sudamericanos y llegar en mayor cantidad a Europa?

“He comprobado que a los chicos de aquí les cuesta madurar rápidamente. En Uruguay, rápidamente se consolidan, su fortaleza mental es más importante quizás por las dificultades que viven en algunas instituciones, pero aquí (en México) tienen todas las comodidades, están muy arropados, muy protegidos y eso quizás les dé un bienestar que no les haga valorar realmente el alcance de las cosas.

“Desde mi punto de vista también es el ser mucho más ambicioso en lo deportivo, tener ambiciones no solo a nivel mexicano sino internacional. México tiene una calidad de jugadores muy importante y muchos no salen porque están en una zona de confort económicamente y los que se van quizás sea por ambiciones deportivas y no económicas. En general, las condiciones del futbolista mexicano son muy apetecibles, tendría que ser más fuerte desde el punto de vista mental”.

Santos Laguna fue el único equipo que vendió a un jugador mexicano a Europa en los mercados de verano y de invierno de la más reciente temporada. En su historia, ha transferido a otros tres canteranos al Viejo Continente: Uriel Antuna al Manchester City, Joao Maleck al Porto y Kenyi Adachi al Ontinyent de la Segunda División B de España.

En el mercado local, han vendido a elementos como Jorge Sánchez al América o Gael Sandoval a las Chivas (actualmente en Mazatlán FC). Además, en la primera convocatoria de selecciones nacionales juveniles del 2021, cinco canteranos fueron convocados a la sub 20 y dos más a la sub 17.

“El club invierte mucho en su formación, hay un momento en el que tienen que recuperar ese dinero para seguir. Dar un espacio en Primera División es para que (el club) pueda capitalizar desde el punto de vista deportivo y económico”, explica Almada, quien delega a su hermano Luis la observación y reportes detallados de las fuerzas básicas.

En el último año, Santos perdió a elementos experimentados como Julio Furch y Jonathan Orozco (cedidos a Atlas y Xolos, respectivamente), a quienes ha suplido con canteranos como Carlos Acevedo y Alberto Ocejo. Es una situación a la que Almada se ha adaptado, sumando las lesiones y la necesidad económica de Santos: “el club invierte mucho en las formativas y hablaría muy mal como entrenador si no les abro la puerta a los jóvenes y me pongo a pedir extranjeros o jugadores de otros clubes”.

El uruguayo asegura que una de las razones por las que fue fichado por Santos es su antecedente de gestión de jóvenes en su país natal y en Ecuador. Cuenta que suele acercarse a platicar con los padres de algunos canteranos en las instalaciones del estadio Corona TSM para corregir y dar recomendaciones basadas en su experiencia.

A sus 54 años, su voz se escucha tranquila, pero enérgica. “Tengo un carácter fuerte”, destaca, aunque no deja de preocuparse por el sentido humano de sus jugadores. Un reflejo de su personalidad es lo que hace en sus escasos momentos libres, cuando gusta de caminar entre los campos de su país natal o cuando escucha su canción favorita: ‘Yesterday’, de los Beatles.

fredi.figueroa@eleconomista.mx