Al lado de las montañas de dinero que rodean al futbol varonil, las cifras del femenino, semiprofesional en muchos casos, parecen minúsculas. En el 2018, la FIFA registró 16,533 traspasos de hombres, con un monto total de 7,030 millones de dólares, frente a los escasos 696 movimientos y  564,354 dólares registrados entre las mujeres.

“Actualmente se paga por el fútbol masculino; el femenino cuesta dinero. Debería pagarse por él y se pagará por él”, dijo recientemente Fatma Samoura, secretaria general de la FIFA.

La aplastante mayoría de los fichajes en el fútbol femenino se llevan a cabo sin contraprestación financiera. Y en nueve de cada 10 casos las jugadoras deben esperar a que se acabe su contrato para poder cambiar de club, como hizo la inglesa Toni Duggan en el 2017, que abandonó el Manchester City para irse al Barcelona.

¿Por qué existen estas diferencias?

Porque las jugadoras son amateurs en la mayoría de países, y donde el futbol femenino está más desarrollado las ligas de élite están formadas por un número limitado de clubes. Y si hay menos equipos, hay menos partidos. Por ello se generan menos ingresos.

“La profesionalización a venir del futbol femenino debería llevarnos a más equipos, temporadas más largas y contratos más largos, todo ello susceptible de tener un impacto en el mercado de traspasos”, aseguró la FIFA en un documento publicado en septiembre.

Pero para multiplicar las operaciones millonarias los clubes tienen necesidad de aumentar sus ingresos. Actualmente, un club como el Lyon, una referencia en Europa, sólo dispone de un presupuesto que oscila entre 7 y 8 millones de euros.

En Francia, Canal Plus se adelantó a las previsiones y transmite desde el comienzo de esta temporada todos los partidos de la Ligue 1 femenina. Según el diario Le Parisien, la cadena privada de televisión pagará 1.2 millones de euros por temporada durante cinco años, contra 110,000 desembolsados en el 2011 y 200,000 en el 2017.

El grupo Mediapro, en España, paga ahora 3 millones de euros al año por los derechos televisivos, cuando hasta ahora transmitía gratis el fútbol femenino.

Mundial femenino, un subproducto

La difusión de la Copa del Mundo femenina, precisamente, se ha extendido de manera espectacular a través de todo el mundo en las últimas tres décadas.

Mientras sólo los chinos pudieron seguir el primer campeonato mundial, organizado en el gigante asiático en 1991, la edición del 2019 será transmitida en directo en más de 200 países, con más de 1,000 millones de espectadores de audiencia potencial, según la FIFA. Pero el futbol femenino no saca aún provecho de este crecimiento.

En el sistema actual, cadenas como Fox en Estados Unidos y Canadá o TF1 en Francia adquieren un paquete que incluye varios campeonatos internacionales a la vez (Mundial masculino y femenino, Copa de las Confederaciones, etcétera).

De hecho, “la Copa del Mundo femenina se comercializa actualmente como un subproducto del Mundial masculino”, reconoció en febrero Fatma Samoura.