Para ser franco me sentía como un perdedor …

Es verano del 2012 y el cielo está cubierto de nubes. Aquella tarde en All England, Judy escuchó sin ninguna expresión de desagrado, pena o angustia cuando su hijo Andy agradecía el apoyo de todos mientras se le quebraba la voz. Murray debió encarar para sí mismo la derrota, y ella aguantó todo eso, pero cuando terminó de hablar y la gente le rindió una ovación al caído, decidió taparse el rostro con ambas de manos e intentó esconderse en el hombro de su acompañante; en vivo y en todo el mundo se transmitió cuando el pecho de ella y su cabeza se empezaron a agitar desconsoladamente. Una vez más la sospecha de Andy era cierta: era un perdedor.

Murray, la estrella del Abierto Mexicano de Tenis, que arranca hoy, escribe en su autobiografía que sentía que nunca tomaba la mejor decisión . Y era cierto. El chico de la mirada melancólica jamás había ganado un Grand Slam en aquel momento. Pero no era raro lo que ocurría con Andy; en realidad, es una constante en el deporte británico: con mucha historia y poco reconocimiento. En resumidas cuentas, nunca había el crédito que merecían o esperaban.

La Selección de Futbol de Inglaterra siempre deja ese halo de decepción, desde su título de 1966 no consigue nada aunque ellos son los padres del deporte; el velocista Linford Christie corrió en la era de Carl Lewis y su oro en Barcelona jamás fue tan valorado como la carrera del estadounidense; uno de sus jugadores más talentosos en el soccer, Paul Gascoigne, siempre deprimido y bajo el alcoholismo; aquel equipo brillante de Gordon Banks, Bobby Moore, Bobby Charlton y Geoff Hurst vivió bajo la sombra del Brasil de 1970 y Pelé; Chris Froome y Bradley Wiggins ganadores de las últimas dos ediciones del Tour de Francia se coronaron en la era en que el ciclismo tiene nula credibilidad. Andy vive bajo el yugo de la época de Roger Federer, donde Rafael Nadal ha sido el único que le ha competido seriamente su tiempo.

Andy no era cualquier perdedor, era uno de élite. Para aquel momento, en el 2012 en Wimbledon, ya eran cuatro las finales de Grand Slam donde había que salir primero a dar un discurso, el del segundo lugar. Por eso, antes de aquel verano, en diciembre del 2011 se había reunido más de cuatro veces con Ivan Lendl, a quien le pidió que le hiciera ganador. ¿Por qué él?, al igual que Murray, el checo-estadounidense había sido un gran perdedor antes de ser lo que fue, campeón de ocho Grandes.

Ivan le ayudó a entender y aceptar las derrotas. Afrontar situaciones y convencerse de ir a buscar el partido en lugar de esperar a que se lo regalen , comenta Daniel Vallverdu, parte del equipo de Andy y a quien conoció cuando ambos estaban en la academia de Barcelona, el sitio donde Murray inició formalmente su preparación para el profesionalismo.

No hay mucha gente que sabe qué es lo que se siente perder cuatro finales de Grand Slam y él (Lendl) lo sabía…yo también , relataba meses después el tenista británico, para tratar de explicar el repentino subidón de calidad.

Los que le conocen relatan que nada tiene que ver su imagen de chico melancólico y triste con lo que pasa en su entorno. Dicen que no le callan, es muy bromista, entrañable. Nada que ver con lo que se transmite por televisión. Lo que sí es verdad es que su vida no ha sido fácil. El chico vivió muy pequeño la separación de sus padres y fue uno de los actores presenciales de la masacre de Dunblane (Escocia), donde en 1996 Thomas Hamilton ingresó a su escuela primaria y con dos pistolas nueve milímetros y dos magnum 357 mató a 16 niños y un profesor; aquel día Andy recuerda que se protegió debajo de un escritorio.

Pero volvamos a Murray el perdedor. Desde el 2008, cuando empezó a despuntar en su carrera, se había convertido en un protagonista del circuito, pero siempre la víctima ideal para los mejores.

Cayó en la final del US Open del 2008, en el Abierto de Australia 2010 y 2011 y en Wimbledon en el 2012. Aquel discurso en All England ese verano es una de las imágenes más entrañables de la derrota, el caído lamenta su situación y no sólo eso, la comparte y todos le abrazan.

Pero su historia la había cambiado ya desde antes pese al descalabro ante Federer, ganador aquel año en Wimbledon ; el fichaje de Lendl le daba ánimos para creer, le volvió competitivo desde la mente, su principal defecto.

Si alguien es mejor que tú, vuelves a intentarlo, vas al pizarrón y tratas de darte cuenta por qué lado pasa y luego vas y trabajas para intentar ganar la próxima vez. No hay nada más que puedas hacer , comentó Lendl tras conquistar ese mismo año el US Open, el primer Grande de Murray.

Ese era justo el problema del tenista británico. Se hundía pese a sus cualidades. La prestigiosa revista Tennis Magazine le calificaba como un jugador que tenía uno de los mejores golpes de revés del mundo y una gran facilidad para su servicio, que le permitía conquistar aces con relativa facilidad. Logró meses después el oro en los Juegos Olímpicos. Caída en Wimbledon y gloria en Wimbledon en un mismo año.

Otra de sus batallas más cruentas ha sido también la que encaró con los propios británicos. Previo al Mundial de Futbol de Alemania 2006, en una entrevista con Daily Mail dijo que apoyaría a cualquier equipo que enfrentara a Inglaterra . Seis años más tarde recibió aquella ovación en All England tras caer con Federer, el signo más importante del perdón.

El periodista y especialista Jorge Viale relataba en su espacio en ESPN: Puedes fijarte que cuando gana (Andy), los titulares de los diarios británicos hablan de ‘Brit’, pero cuando pierde es el escocés; y no sólo son los medios, ellos son la representación de lo que dice la gente . Aquello terminó para bien.

Andy ahora es siete del mundo y la carta principal del Abierto Mexicano de Tenis para estrenar su superficie dura. Más de 20 años con polvo de ladrillo y los éxitos de Andy convencieron a los organizadores como una apuesta importante para el torneo. Después de aquella derrota en Wimbledon ante Federer en el 2012, le siguieron las finales de los Juegos Olímpicos (ganó oro), US Open (ganó), Australia (perdió) y una vez más Wimbledon (ganó).

Para ser franco, me sentía como un perdedor … solía decir el británico. Un año después de la final en contra de Federer, aquel día en Wimbledon el sol cubría todo el césped y Judy, la madre de Andy, no fue tan fuerte como hacía 365 días antes, apenas Novak Djokovic devolvía una bola que quedó en la red, el monstruo rugió y ella no pudo más, al igual que aquella ocasión ella se tapó el rostro con ambas manos y buscó el hombro de su acompañante, estaba inconsolable. Era mentira, Andy no es un perdedor...

ivan.perez@eleconomista.mx