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Las pioneras del 71 reivindican el lugar que les debía la historia
Cuatro integrantes de la selección mexicana subcampeona del Mundial de 1971, que permanecieron invisiblizadas por 50 años, recordaron en El Colegio Nacional los prejuicios, la precariedad y el olvido que marcaron su trayectoria, al tiempo que celebraron el crecimiento del futbol femenil como una conquista de varias generaciones.

Las pioneras del 71 en El Colegio Nacional.
Que la fiebre por el futbol no termine, pero sobre todo que se difunda y se celebre la fiebre por las buenas prácticas y las personas que construyeron la pasión que hoy en día hay por este deporte.
Algo de esta sensación se percibió la tarde de este lunes en El Colegio Nacional, donde se reunieron cuatro integrantes de la Selección Mexicana Femenil que conquistó el subcampeonato mundial en 1971, en un conversatorio realizado como parte del programa público de la exposición “¿De qué color pinta el verde? La selección mexicana, el futbol y sus representaciones en el mundo”.
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Elvira Sánchez, María de Lourdes de la Rosa, Bertha Orduña y Alicia Vargas "La Pelé" evocaron una época en la que jugar futbol significaba mucho más que disputar un partido: implicaba desafiar prejuicios sociales, entrenar con recursos mínimos y abrir un camino que medio siglo después, reconocen, apenas comienza a ser contado.
"Era un deporte que habíamos invadido"
Las anécdotas deportivas quedaron pronto relegadas por los recuerdos de una época en la que las mujeres que pateaban un balón eran vistas con recelo.
"Era un deporte que habíamos invadido las mujeres", resumió Alicia Vargas, quien recordó que muchas comenzaron jugando en la calle, entre coladeras, enfrentando indistintamente a niños, jóvenes o adultos.
Aquellas "cascaritas", explicó Vargas, fueron su primera escuela de futbol. Ahí aprendieron a atacar y defender al mismo tiempo, a improvisar jugadas en espacios reducidos y a desarrollar la técnica que más tarde trasladarían a las canchas organizadas.
Por su parte, María de Lourdes de la Rosa compartió una historia similar. De niña desviaba el camino cuando su madre la enviaba por las tortillas para quedarse jugando con los niños del barrio, mientras las vecinas advertían que el futbol "era para hombres". En casa, sin embargo, encontró el respaldo de su padre, quien la alentó a seguir jugando pese a los señalamientos.
La precariedad también formó parte de aquellos años. Las jornadas comenzaban antes del amanecer con entrenamientos en Chapultepec, continuaban por la tarde con sesiones tácticas y concluían en gimnasios improvisados para ganar fuerza frente a rivales europeas.
"Lo que nos sobraba del pasaje lo juntábamos para comprar bolillos y los pasábamos con agua", recordó De la Rosa. "No estábamos muy bien alimentadas, pero sí con mucho coraje y corazón".

El reconocimiento llegó 55 años después.
Del Azteca lleno al largo silencio
Las futbolistas recordaron que el éxito deportivo contrastó con el escaso respaldo institucional.
Tras obtener el tercer lugar en el Mundial de Italia de 1970 y el subcampeonato un año después en México, llegaron a disputar la final ante más de 100 mil espectadores en el Estadio Azteca, una cifra inédita para el futbol femenil.
Sin embargo, sostuvieron que ese crecimiento comenzó a incomodar a quienes controlaban el futbol profesional masculino.
Elvira Sánchez recordó que, días antes de la final frente a Dinamarca, versiones periodísticas aseguraban que las jugadoras exigían dinero para disputar el encuentro, algo que negaron categóricamente.
"Nunca jugamos por dinero. Éramos amateur y nunca firmamos un contrato", afirmó Sánchez.
Las constantes llamadas telefónicas, la presión mediática y la imposibilidad de entrenar con normalidad marcaron aquella semana previa al partido decisivo.
Aunque varias reconocieron que persisten dudas sobre lo ocurrido entonces, también evitaron hacer afirmaciones concluyentes.
"Hay suspicacias, pero no nos consta", señalaron al referirse a las versiones que durante décadas han apuntado a un presunto boicot contra el equipo.
Más allá de las interpretaciones, coincidieron en que aquella derrota significó el inicio de un largo periodo de invisibilidad para las pioneras del futbol femenil mexicano.
Un legado que apenas comienza a reconocerse
Cinco décadas después, las exseleccionadas observan con satisfacción el crecimiento de la Liga MX Femenil y las condiciones de las nuevas generaciones.
"Ahora tienen entrenadores, preparadores físicos, psicólogos, canchas y apoyos. Nosotras no tuvimos nada de eso", expresó María de Lourdes de la Rosa.
Celebraron que el futbol practicado por mujeres goce hoy de mayor legitimidad social y que nuevas producciones audiovisuales documentales hayan recuperado su historia para públicos que desconocían su existencia.
Pero insistieron en que el mayor triunfo no está únicamente en el reconocimiento deportivo, sino en haber contribuido a ampliar los espacios para las mujeres.
"Las mujeres han abierto caminos", reflexionó Elvira Sánchez. "Eso es atreverse a romper los cánones establecidos. No hay límites; los límites los tenemos aquí", dijo mientras señalaba su cabeza.
Más que recordar una hazaña deportiva, el conversatorio terminó convirtiéndose en un ejercicio de memoria histórica. Las pioneras no hablaron únicamente de goles, sino del precio que implicó conquistar un espacio que durante décadas parecía reservado exclusivamente para los hombres.

Cartel de la exposición “¿De qué color pinta el verde? La selección mexicana, el futbol y sus representaciones en el mundo”.
Acerca de la exposición
- "¿De qué color pinta el verde? La selección mexicana, el futbol y sus representaciones del mundo"
- Coordinada por eJuan Villoro y curada por Enrique Ortiz Lanz
- El Colegio Nacional
- Donceles 104, Centro Histórico
- Hasta el 8 de agosto
Dos documentales recomendados
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